Cuando se ha planteado la posible autonomía para el
Sahara Occidental dentro del reino de Marruecos, alguno, quizá guiado de
la estupidez, de la ignorancia o del miedo, dijo que el Sahara en
Marruecos podía ser algo así como Cataluña en España. ¿Es posible la
descentralización de un Estado sin verdaderas estructuras democráticas?
El Rey de Marruecos, desde su concepción teocrática y autocrática del
poder, ya proclamó lo de «Marruecos único, patria única y gestión
única».
La debilidad de nuestro gobierno en el pasado conflicto
del Campamento de Gadyan Izik, del que por primera vez tuvimos noticia
en la presa el 15 de octubre de 2010, no es aceptable, como no es
aceptable que un ministro acepte en el Parlamento la soberanía marroquí
sobre el Sahara, aunque el citado ministro subsanara su metedura de pata
argumentando que había sido un lapsus.
Amnistía Internacional ha investigado en Marruecos y en
el Sahara lo ocurrido y confirma que no ha encontrado evidencias de un
uso excesivo de la fuerza en la aplicación de la ley, aunque manifiesta
su preocupación por las palizas, malos tratos y otros abusos cometidos
contra detenidos saharauis y afirma que el 8 de noviembre las fuerzas de
seguridad de Marruecos fueron las que irrumpieron en el Campamento de
Gadyan Izik de forma violenta y obligaron a huir a las familias
saharauis.
Human Rights Watch ha denunciado represión,
encarcelamientos y abusos de las fuerzas de seguridad. La existencia
del Campamento de Gadyan Izik, que llegó a reunir a 20.000 personas,
tiene su origen en la creciente represión de las autoridades marroquíes a
quienes propugnan la autodeterminación del Sahara Occidental y a los
activistas de los derechos humanos. Los acampados planteaban
reivindicaciones sociales, acabar con la discriminación que sufren los
oriundos del territorio y poder fin a la expoliación de los recursos
naturales del Sahara. El campamento de Gadyan Izik, además de deteriorar
las relaciones de confianza entre España y Marruecos; expresó el
profundo descontento de la población oriunda del territorio; puso de
manifiesto la existencia de una población saharaui en el interior del
territorio hasta ahora 'invisible', marginada de cualquier movimiento de
cooperación y abandonada por la que fue potencia colonial; ahondó en la
ruptura entre la sociedad saharaui y la sociedad marroquí y generó la
sensación de que puede aparecer la violencia como instrumento de
resistencia de los saharauis.
El problema del Sahara volvió a los medios de
comunicación el 7 de enero, cuando 28 saharauis llegaron en patera a
Fuerteventura. Los 22 adultos solicitaron asilo político a través de la
Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) porque, según
manifestaron, muchos de ellos habían participado en la organización del
campamento de El Aaiún, que se escondieron después en la capital del
Sahara Occidental y que temían por sus vidas si regresaban.
No era la primera patera con saharauis que llegaba a
Canarias y no será la última. El propio gobierno de Marruecos alienta
estas salidas para quitarse algún problema de encima.
El gobierno de España, a través de la Oficina de Asilo y
Refugio (OAR) tenía que decidir a la petición. El Ministerio del
Interior español admitió a trámite cinco de las 22 solicitudes
presentadas. De los no admitidos a trámite, 16 recurrieron a la
Audiencia Nacional y el 28 de enero, la Audiencia Nacional autorizaba su
expulsión al no encontrar «indicios que revelen que las autoridades
marroquíes persigan de manera sistemática y generalizada a los saharauis
por causas de origen étnico».
Conocida esa decisión, la Comisión Española de Ayuda al
Refugiado recurrió el rechazo al Tribunal Europeo de los Derechos
Humanos que, sin prejuzgar el fondo de la demanda, ha recomendado que
«sería deseable no expulsar a los solicitantes mientras dura el proceso
en el Tribunal». El Ministerio del Interior español manifestó que
respetaría la petición del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos de
Estrasburgo, que vela por el cumplimiento de la Convención Europea de
Derechos Humanos.
Simultáneamente en el tiempo se producía una buena
noticia. El 23 de enero la ministra española de Exteriores Trinidad
Jiménez viajaba a Estados Unidos, llevando en su agenda el interés por
desbloquear el conflicto saharaui, consciente de que la diplomacia
española debe intervenir de forma más activa para solucionar el
problema. Ella sabe que la posición intransigente de Marruecos puede
impulsar a que el Polisario busque alianzas con el islamismo más
radical, algo que hasta ahora no ha ocurrido y aunque sabe que una
solución al conflicto no es posible a corto plazo, está convencida de
que esa solución debe ser posible desde el acuerdo de las partes
directamente implicadas.
La titular española de Exteriores trabaja para que se
produzca una reunión de Ministros de Exteriores del Grupo de Amigos del
Sahara formado por España y cuatro miembros del Consejo de Seguridad de
la ONU: Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y Rusia. Gran Bretaña y
Rusia tienen una actitud receptiva y Francia se mantiene intransigente
como aliada de las posiciones de Marruecos.
El Sahara Occidental sigue sin tener una solución justa y estable.
Fuente: eldiariomontañes.es
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