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EL SÁHARA DE LOS OLVIDADOS اِل ساارا دي لوس اُلبيدادوس




"Háblale a quien comprenda tus palabras"
"Kalam men yafham leklam"

Salami, el "sin hogar"

En el campo de refugiados no queda ni un alma. Todos se han ido a la fiesta de Smara. Tan sólo Salami pulula entre las casas de adobe con esa mirada de niño a quien queda todo un mundo por descubrir. Salami no entiende de muros ni de altos el fuego ni de referéndums. Lo único que sabe es que su mamá se quedó en El Aaiún y que su papá se trasladó a Argelia y que ahora vaga sin rumbo en busca de algo qué hacer.
Como la suya, hay muchas familias rotas en el campo de refugiados saharauis de Smara, al oeste de Tinduf (Argelia); parentelas divididas entre los que salieron huyendo tras la Marcha Verde de 1975 y los que se quedaron en el territorio controlado por Marruecos.
Las nociones de historia de Salami son vagas, pero se resumen en una frase que lleva grabada a flor de piel: "Los marroquíes han cogido el Sáhara y han pegado a los saharauis". A sus 12 años, ya le han enseñado quién es el enemigo y, por eso, prefiere vivir aquí, donde un bolígrafo bic es un artículo de lujo, que en El Aaiún, desde donde su padre se vio obligado a huir en el 2004 para escapar de la represión marroquí.
-El número 5, ¿cómo se llama el número 5?, interroga Salami con sus expresivos ojos negros.
-Puyol, le contesta el cámara.
Mientras intenta acordarse de la alineación del Barça, Salami se convierte en un guía improvisado por el campamento: enseña el pozo donde tienen que ir a coger el agua, los establos de cabras a las afueras del poblado y la escuela donde aprende el castellano que practica todos los veranos en España. Éstas serán las últimas vacaciones donde podrá disfrutar de la piscina que tanto desea, ya que, según relata, sólo les permiten hacerlo cinco años seguidos.
De fondo se oyen los gritos de la población que celebra el 35 aniversario de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y la creación de la ‘wilaya’ (provincia) de Smara. Desde la lejanía, la fiesta suena hueca, vacía, como si las 35 velas de la tarta de cumpleaños simbolizasen el fracaso del pueblo saharaui para retornar a su añorada patria en el Sáhara Occidental.
Realmente, cuesta creer que todavía les queden ganas de celebrar algo. En todos estos años, apenas se ha avanzado para resolver la situación de los más de 100.000 saharauis sin patria que habitan en los campamentos en la región desértica de Tinduf. Las conversaciones de Nueva York entre el Frente Polisario y Marruecos siguen bloqueadas, la ONU es incapaz de organizar el referéndum de autodeterminación y el Gobierno marroquí reprime con dureza cualquier atisbo de movilización en los llamados territorios ‘ocupados’.
Con el viento de cambio azotando con fuerza los países árabes, los saharauis parecen resignados a convertirse en refugiados permanentes. Algunos reivindican que fueron ellos los primeros en comenzar con las revueltas al levantar el campamento de protesta de ‘Gdeim Izik’, que luego fue desmantelado a la fuerza por el Ejército marroquí.
Otros hablan de un retorno a las armas, como la amenaza de una madre a un niño con un castigo que nunca va a cumplir. "Aquí el 90% quiere que vuelva la guerra contra Marruecos. Yo soy guerrillero y nosotros somos soldados valientes", explica Embarek Mahyub, de 58 años, que ya combatió en el pasado.
Con paso firme, Salami y su hermano pequeño, Yahia, nos conducen hasta la tienda de ultramarinos de su padre. Mulay pasa la mañana vendiendo alguna bolsa de galletas y varios paquetes de tabaco. Logró montar su comercio gracias a un programa de microcréditos y ahora sólo busca vivir tranquilo con su segunda mujer y sus tres hijos. "Aquí necesitamos muchas cosas para vivir. Queremos retornar a los territorios ocupados, pero para liberarlos la única solución es la guerra, pero el Polisario no quiere", relata Mulay que acaba de ser padre de Ali, su tercer vástago.
Cuando ahorre el suficiente dinero, Mulay emigrará rumbo a España o a Francia. Abandonará la causa saharaui porque no quiere que sus hijos acaben atrapados en un eterno callejón sin salida. Los años van pesando como una losa y son muchos los saharauis que han perdido la esperanza. La resistencia pacífica ha dado paso a una resignación, que llevan pegada a las desgastadas suelas de sus zapatos.

Fuente:  El mundo.es

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