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| La Güera, ciudad fantasma |
Prácticamente,
todas las naciones tienen sus pueblos fantasmas, bien porque están
abandonados bien por las historias que de ellos se relatan. Entre los
primeros sólo en España podemos contar cerca de tres mil; entre los
segundos, depende el número de la imaginación popular. Ciertamente, en
el mundo son legión. También, el Sahara tiene sus pueblos fantasmas por
abandono a causa de las invasiones mauritana y marroquí. Contemplar las
fotos de La Güera, produce exactamente la misma sensación de desasosiego
que hacer lo propio con las correspondientes a tantas ciudades que
muestran sus edificaciones derruidas. Distinta consideración merecerían
los seis poblados o colonias de pescadores marroquíes en el Sahara
ocupado que, por temporadas, podrían adquirir tal denominación. Además,
probablemente, se cuenten historias entre los saharauis, en una cultura
tan dada a los relatos, de pueblos que han vivido acontecimientos que
los hacen especiales.
Las
guerras; las emigraciones por el declive económico (ciudades mineras) o
por la imposibilidad de desarrollo de zonas alejadas de los centros de
vitalidad comercial e industrial; cataclismos naturales: terremotos,
erupciones volcánicas, maremotos, etc., son los motivos principales de
los abandonos de los pueblos que denominamos fantasmas sin olvidar el
accidente de la planta nuclear de Chernobyl que convirtió Pripyat, en la
región de Kiev (Ucrania), en otra ciudad fantasma. La desolación reina
en calles y casas que, antaño, eran recorridas y habitadas.
Sin
embargo, el objeto de este artículo no es describir la situación de los
pueblos que han sido abandonados ni la de recordar a los que pudieran
entrar en el elenco de especiales por sus historias fantasmagóricas,
sino mencionar aquellos otros que, hasta el presente, nunca han estado
habitados. Y estos sí que son pocos en el mundo pero mereciendo una
denuncia, por razones obvias, los existentes en el Sahara porque
entiendo que su construcción pueda ser la de preparar el recibimiento de
una tercera marcha verde. La primera es harto conocida, la segunda la
realizada a partir de septiembre de 1991 en la que una marea humana
invade el Sahara Occidental con el fin de manipular el censo electoral
convirtiendo en mayoría a los marroquíes sobre lo saharauis, en una
proporción de cinco a uno, mientras doscientas mil de estos últimos
sobreviven, con dificultades, en el exilio. La tercera se está
produciendo de forma continuada pero que, con un salto cuantitativo, en
cualquier momento, haría casi imposible una futura repatriación de
cientos de miles de personas a sus tierras de procedencia en el Norte de
Marruecos.
En
las cercanías de El Aargub, frente a las costas de Dajla o Villa
Cisneros, se encuentran numerosas edificaciones, verdaderos pueblos
deshabitados. Espacios para futuras colonias que, creo, van
desarrollándose, también, en Auserd, Bir Nzaran y Bir Ganduz. El
territorio que dejaron libre los saharauis huyendo del exterminio está
siendo, concienzudamente, repoblado por marroquíes. Las revueltas en
muchas naciones árabes, cuyo inicio se produjo en el campamento de Gdeim
Izik, manifiestan la importancia de que exista una comunidad numerosa
de saharauis en el Sahara invadido que nos hace pensar si unos cuantos
miles de ellos no deberían retornar a su tierra para luchar por su
libertad desde el interior preparando el regreso de los que permanezcan
en Tinduf.
Por
supuesto, que toda esta política colonizadora del sultanato alauita se
conoce en la ONU, pero su vividora burocracia no se inmuta. No lo hace
por los derechos humanos, conculcados por las autoridades marroquíes,
permitiendo unas casi eternas vacaciones a los miembros de la Minurso,
menos lo va a hacer por la consumación de la colonización del Sahara
Occidental por los súbditos del sultanato alauita. A la ONU, en su
actitud ante esta penosa realidad que vive el pueblo saharaui, le viene
bien aquella frase que reza “ni una mala palabra ni una buena acción”.
Por Luis de Carlos Calderón
Por Luis de Carlos Calderón
Fuente: SáharaLibre.es
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