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EL SÁHARA DE LOS OLVIDADOS اِل ساارا دي لوس اُلبيدادوس




"Háblale a quien comprenda tus palabras"
"Kalam men yafham leklam"

Decepcionante Primavera Árabe


Transcurrido ya cierto tiempo desde los primeros disturbios en el Sáhara Occidental en octubre de 2010, seguidos casi inmediatamente en Túnez y extendidos luego a lo largo de 2011 en varios países de la costa Sur del Mediterráneo y de Oriente Próximo, ya no es ninguna originalidad decir que la llamada Primavera Árabe tuvo, tiene y tendrá un significado enteramente distinto del que se quiso transmitir con tan poética denominación.
Una vez más, el lenguaje metafórico puesto al servicio de la propaganda ha contribuido a un proceso de desinformación colosal, al menos en los países occidentales democráticos. La ambigüedad del término “democracia”, utilizado por los grupos levantiscos contra los regímenes despóticos que pretendían derribar, se convirtió en una especie de salvoconducto para tratar de justificar toda suerte de desmanes y no pocas situaciones de caos, aprovechadas casi siempre por grupos islamistas lindantes con organizaciones terroristas como Al Qaeda, cuando no obedientes a sus designios.

Pero a medida que se desarrollaban los acontecimientos, los Gobiernos que sustituían a los regímenes derrocados resultó que no tenían apenas nada que ver con lo que en Occidente se entiende por democráticos. Ejemplos como Túnez, Argelia, Libia o Egipto, y no digamos Oriente Próximo, corroboran inapelablemente esta apreciación.
Probablemente las exigencias de democracia de los sublevados eran sinceras, pero no como nosotros entendemos lo que es y significa la democracia, sino sólo en la medida en que los movimientos rebeldes, teledirigidos o no, identificaban la democracia con el fin del despotismo que padecían. ¿Para sustituirlo por la ausencia de todo despotismo? Ciertamente, no: para sustituirlo por el buen despotismo, el que ellos en nombre del pueblo protagonizarían y, de hecho, ya están empezando a hacerlo.
En el mundo islámico, desgraciadamente, la vida humana se vende y se compra a precios muy baratos. Nociones básicas como los derechos humanos significan cosa muy diferente de la que hasta ahora se entendía entre nosotros (y hacemos esta precisión porque –valga el obiter dictum– nosotros, los occidentales, estamos sometiendo a una revisión suicida este concepto, y lo hacemos depender no de la realidad del hombre, sino del sentimentalismo ideológico. Habremos de ocuparnos en otras ocasiones de este proceso que nos aflige y nos amenaza). Esta llamada Primavera Árabe tiene, en realidad, muy poco de primaveral: demasiada sangre derramada, demasiado relevo de unos déspotas por otros.
No debería sorprendernos la deriva que han tomado los acontecimientos. La antropología del mundo musulmán no es la de los países de tradición cristiana. Muchos elementos constitutivos de nuestra cultura son considerados lisa y llanamente herejías en el islam, castigadas con la muerte para los réprobos. La confusión entre política y religión tiene plena vigencia en esa área del mundo, y si a eso añadimos que en el islam no existe instancia alguna que defina su propia ortodoxia, el resultado es que apenas quedan apoyos para fundar algo que se parezca a lo que en Occidente se entiende por democracia. Y sólo podremos analizar correctamente lo que allí ocurre si tenemos todo esto en cuenta. 


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