A menudo, escribir resulta extremadamente tedioso, sobre todo cuando el que escribe es consciente de que está luchando contra molinos de viento en un asunto complicado que las piernas regatean como si fuera una bola de nieve y sus ciudadanos viven en una permanente situación de esparcimiento como si fuera una voluntad divina. Sólo la tierra disputada habla todos los idiomas del mundo porque es, simplemente, un trozo de chocolate que hace correr la saliva de todos los actores y contrincantes concernientes en el asunto.
Cuando escribí, hace pocos meses “Carta a la otra orilla”, era consciente de la tragedia sufrida por este pueblo cuya sangre dividen tribus y naciones. Marruecos lo quiere como tierra sin pueblo, y Argelia lo quiere como piedra en el zapato de Marruecos. Los Estados Unidos lo toman como carta ganadora en la Guerra Fría entre los dos vecinos y la utiliza como medio de presión contra los dos. En cuanto a la antigua potencia colonial, España, que cedió la administración del territorio a Marruecos, su cerebro está con Marruecos y su corazón con los saharauis a causa de ese sentimiento de culpabilidad por haber entregado a un pueblo a través de un acuerdo tripartito sin haberlo consultado. Francia, por su parte, se alinea con las soluciones propuestas por Marruecos porque sus intereses son compartidos. Así es el juego al final del cual la víctima es el pueblo saharaui al que nadie quiere consultar sobre el final de este juego para poner fin a esta tragedia humana que lleva demasiado, porque 37 años de esparcimiento sólo es comparable al caso palestino …
Escribí ese mensaje con toda la espontaneidad del beduino. Vestí a algunos con prendas apretadas, y otras más amplias para otros y, entonces, me dí cuenta de que la verdad tiene unas llamas que queman a los enemigos y remueve las dudas sobre la pertenencia …
Esa vestidura nunca me la puse aunque esté a la medida. Sólo la patria que busco entre los pliegues de la arena me viste de demonios porque vivo su tragedia humana consciente de que la política tiene miles de caras y medios y que el tiempo por el que algunos apuestan para poner fin al conflicto es el mismo tiempo que profundiza el estado de esparcimiento y hace que niños inocentes vivan sin patria, incluso si ésta es sòlo un dibujo en la arena …
El Sàhara sobre el que escribimos y del que soñamos tiene detalles doloros que me acallaron durante meses. No es debido a una animosidad contra la escritura, porque ésta para mí es fuente de vida y constituye una salida indispensable … Solo la absurdidad hizo que me callara porque la absurdidad destruye incluso las ganas de escribir y la absurdidad en la gestión del asunto del Sahara ya no es un error pasajero sino una manera de pensar y un arte en el que Marruecos destacó desde el inicio del conflicto hasta que nos convertimos todos en parte integrante de esta absurdidad …
Por eso, cuando Marruecos retiró su confianza del mediador Ross, escribí un artículo para analizar el trasfondo de esta decisión. Cuando el Secretario General de la ONU y Estados Unidos impusieron el retorno de Ross, no encontré materia para escribir. No es por falta de relevancia del asunto sino porque estaba seguro de que volvería con condiciones como lo fué el caso de Aminatu Haidar. No hace falta ser adivino para saberlo porque la política del gobierno marroquí en la gestión de este contencioso y sus reacciones no necesitan siquiera una lectora de cartas de tarot principiante de las que se encuentran en la Plaza de Jemaa El Fna …
Al igual que Aminetu Haidar, Ross tenía que volver porque el conflicto tiene su dimensión en el Derecho Internacional. Esta dimensión es la que Marruecos y su prensa oficial e independiente no quieren reconocer porque es imposible resolver un conflicto que Marruecos considera artificial y al mismo tiempo negocia con otra parte sobre diversas soluciones …
Cuando Marruecos retiró la confianza a Ross, sus partidos y su prensa recibieron con beneplácito la decisión a la que calificaron de soberana. La declaración del Ministro de Asuntos Exteriores y portavoz del gobierno es la mayor prueba sobre la posición marroquí, y cuando Ross volvió todos guardaron silencio y se tragaron sus lenguas. Ya no se habló más de decisiones soberanas. Un nuevo termino se añadió al diccionario marroquí del conflicto, el de “parcialidad”. Ross es parcial. Kennedy también es parcial y todas las organizaciones internacionales de derechos humanos que visitaron el territorio son parciales, a pesar de que la cuestión no tiene necesidad ni de Ross ni de nadie, porque la realidad misma del territorio habla por sí misma. Hay una clara violación de los derechos humanos y unos presos políticos a raíz de los acontecimientos de Gdeim Izik languidecen en la prisión de Salé y una situación securitaria con fuerte presencia en todas las calles y callejones del Sáhara. Como quien quiere cubrir el sol con un tamiz. Marruecos, en lugar de crear la polémica sobre los informes de las organizaciones de derechos humanos y la falta de neutralidad de Ross y de los demás, primero debe preguntarse a sí mismo, con toda sinceridad por qué, a lo largo de todos estos años de administración del territorio, no pudo ganar la simpatía de los saharauis y convencerlos de sus propuestas a las califica de democráticas y modernistas. Esta es la pregunta-crisis.
El mediador onusiense, Ross, conoce perfectamente cada detalle del conflicto y siente más que nadie la dimensión humana del caso saharaui y estoy casi seguro de que habla árabe y conoce la cultura hasaní más que algunos responsables marroquíes y más que los líderes de los partidos a los que dió audiencia y al que cantaron la misma canción. A ninguno se le ocurrió darle la impresión de que había un partido que lleva una visión diferente de la del Makhzen, un proyecto que contenga creatividad y una lectura de los acontecimientos.
Ross se dio cuenta de eso tanto en Rabat como en El Aaiun, la capital del territorio disputado, cuando Marruecos le presentó las mismas caras presentadas a Kennedy y a otros. El mismo plato en el que comen todas las delegaciones extranjeras : jefes de tribus por los que nadie votó y notables sacados de la vestidura de Marruecos, de sus cajas fuertes y de sus ofrendas. Como si los años no pasaran, la rotación de las élites se mantiene rígida y la historia se repite de una manera avergonzante. Exactamente igual que sucediò cuando el proceso de identificación de los candidatos al voto en el referendum. Cuando Marruecos inundó el territorio con sus ciudadanos traídos de todos los confines de Marruecos con nombres extraños para la cultura y el patrimonio saharauis que nunca oyeron nombres como Itto, Iyo o Hadda …
Le tengo mucho respeto a los nombres y a las culturas, pero en esta historia hay cierta absurdidad. Por eso, cuando los jefes de tribus de Marruecos se encontraron con los del Polisario, todos saharauis, intercambiaron codazos y guiños e hicieron los sordos hasta que uno de ellos oyó el nombre de “Fanida” (en hasaniya, significa pastilla, nota de la redacción). Entonces, sonrió y dijo a los otros: “Esta la tragamos o la masticamos”. Esta expresión tiene más de un significado y sigue siendo válida debido a que siguen ocurriendo cosas que uno no sabe cómo afrontarlas …
Ross volvió con su programa y sus condiciones y en este retorno hay más de una señal para quien quiera comprender las dimensiones del conflicto de una manera clara y sin ambigüedad. Mandó varias señales y escuchó a fuertes partes que llevan un proyecto completo y documentado con fotografías y cifras. Escuchó a jefes de tribus y a una sociedad civil fabricada por Marruecos. Una sociedad civil que se ha vuelto más numerosa que la población saharaui y que se convirtió en parte del problema, porque en el Sáhara hay personas que contituyen un Estado dentro del Estado desde Guelmim hasta Dajla … Marruecos quiso que así sea y debe asumir no sólo la responsabilidad de negociar con un Frente que no está dentro de su vestidura, que esta protegido por el derecho internacional y que representa a todo un pueblo, sino también la responsabilidad de negociar con una nueva generación del interior del territorio disputado que no tiene ninguna simpatía por Marruecos y que constituye la piedra angular en la cuestión de los derechos humanos. Esta última sera decisiva en el futuro del conflicto saharaui porque todos los informes que Marruecos intentó evitar retirando la confianza a Ross se le cayeron encima sin piedad y al final, Ross volvió con sus condiciones, circuló en los barrios del Aaiun y vió lo que no se puede ocultar.
Mañana se publica el informe y la acusación, esta vez, Marruecos la tendrá preparada : “falta de neutralidad con reincidencia”. El estado marroquí debera cerrar las puertas del Sahara y construir una muralla como las de la antigua Marrakech, que se cierra y se abre. Exactamente como hizo con el muro de defensa. Este último fue construido para protegerla de la infiltración de los combatiente saharauis y la muralla sera para protegerla de la infiltración de los observadores internacionales. Con la publicación del próximo informe, la pastilla se habrá fundido. En ese momento, Marruecos deberá buscar nuevas excusas para presentarlas a los saharauis, primero, y a la comunidad internacional, en segundo lugar.
Anderrahim Bouaïda, professeur à l’Université de Marrakech
Fuente: La Tribuna del Sahara
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