Antes de irme, decidí escribiros, pero desistí de mi decisión porque sé lo muy ocupados que estáis , como en otras partes del mundo, en festejar mi despedida. La verdad es que no sé qué demonio se habrá adueñado de mi mente como para decidirme a escribiros. No sé si es el demonio que todos conocemos y maldecimos o el demonio que conocí en vuestra cultura y cuya belleza, encarnada en vuestras mujeres, tanto me gustó (1).
Antes de empezar, confieso que la decisión de escribir es difícil y tropezará con una multitud de astutas lecturas políticas, sobre todo porque me dirijo a un pueblo experimentado en el ámbito político, pero ahora escribo en tercera persona para tener las manos libres de toda atadura.
Lo más difícil para mí es que me dirijo a un pueblo dividido en dos pueblos, un pueblo que, en ambas orillas, vive un exilio crónico y cuyo destino se encuentra entre opciones por las que nunca optó. Pero espero encontrar comprensión en vuestra generosidad, que sentí cuando os visité por primera vez. En realidad, me ha provocado vuestro azaroso tratamiento del factor tiempo al que yo represento y, al conocer vuestros hábitos y tradiciones, me he preguntado: ¿cómo puede un pueblo, que tiene tan provocadora paciencia, desencadenar dos revoluciones?
Antes de que llegar hasta vosotros, fui advertido de que sois un pueblo excéntrico, oportunista, desagradecido, hipócrita y sin ninguna fe, lunáticos en vuestro comportamiento, que condenáis el tribalismo en privado y en público, pero lo abrazáis en tiempos de escasez. Acudí a vosotros asustado y me voy convencido de que vivís en un estado de diáspora crónica que no os permite ver el porvenir.
Me dijeron que sois un pueblo que ha liderado una primavera árabe en la región y descubrí que sólo, en voz baja, habláis de ella y me pregunté cómo es posible que un pueblo que ha iniciado una revolución que ha derrocado a poderosos regímenes autoritarios, no haya derrocado nada hasta ahora?.
Los que encabezaron esta primavera, languidecen, solos, en la cárcel como una banda criminal, a pesar de que los considerabais como héroes que negociaban en vuestro nombre. Ahora, ellos viven su otoño extendido en el tiempo y, vosotros, también, vivís el mismo otoño, visto desde el exterior. Sólo la corrupción vive en una primavera constante en vuestra región, sin temor a rendir cuentas al Estado que la alienta como método para gobernaros, y sin temor, tampoco, de rendir cuenta ante vosotros porque, aunque la condenáis, la habéis llevado hasta todas las instancias electas. De esta manera, os habéis convertido en un pueblo que se cita como ejemplo, en la ciencia política, como muestra del índice del aumento de los porcentajes en los resultados electorales y en la aprobación de la Constitución. En un momento pensé que no trabajáis y que son las urnas las que os mueven, pero me di cuenta de que la astucia política se esconde en esos porcentajes electorales y que, incluso, en vuestro territorio, en el que reivindicáis la autodeterminación, sois una minoría.
Los que encabezaron esta primavera, languidecen, solos, en la cárcel como una banda criminal, a pesar de que los considerabais como héroes que negociaban en vuestro nombre. Ahora, ellos viven su otoño extendido en el tiempo y, vosotros, también, vivís el mismo otoño, visto desde el exterior. Sólo la corrupción vive en una primavera constante en vuestra región, sin temor a rendir cuentas al Estado que la alienta como método para gobernaros, y sin temor, tampoco, de rendir cuenta ante vosotros porque, aunque la condenáis, la habéis llevado hasta todas las instancias electas. De esta manera, os habéis convertido en un pueblo que se cita como ejemplo, en la ciencia política, como muestra del índice del aumento de los porcentajes en los resultados electorales y en la aprobación de la Constitución. En un momento pensé que no trabajáis y que son las urnas las que os mueven, pero me di cuenta de que la astucia política se esconde en esos porcentajes electorales y que, incluso, en vuestro territorio, en el que reivindicáis la autodeterminación, sois una minoría.
Desde el primer momento, me percaté de vuestro amor por la política y sus diversos colores, que algunos visten merecidamente y, también, me di cuenta de que el Estado marroquí soltó las riendas a algunos de vosotros hasta que se hicieron más ricos de lo necesario e inundó vuestro territorio de parcelas (2) y cartillas subvencionadas (3) para perseverar en vuestro sometimiento, porque el trabajo dignifica pero, el Estado, os quiere sin dignidad alguna, como si quisiera vengarse del pueblo del difunto El Uali que se rebeló contra la humillación. Una vieja deuda que el Estado consiguió cobrar con vuestra bendición. Por eso, a algunos de vosotros los ha convertido en informantes, jefes de tribu y Mokadamin (4). Vuestros licenciados han sido adscritos al Ministerio del Interior en las provincias y prefecturas para mayor control. Aquellos que no se someten a su régimen, resultan privados de su generosidad, esa generosidad que convirtió a algunos de vosotros en hombres ricos que controlan el destino de esta tierra y de sus habitantes. Sólo los humildes de vuestra tierra pagan el precio y viven de las migajas de un Sahara que uno de los Consejos de Marruecos ha reconocido, recientemente, como una de las regiones más desarrolladas y que sus habitantes reciben subsidios anuales estimados en 4600 DH, o sea el equivalente a un total de 4,6 mil millones de DH.
Las cifras son alarmantes y dolorosas y su visible contenido sugiere que sois un pueblo rico que disfruta de todos los privilegios y exenciones de impuestos y que el Estado marroquí ha sido generoso con vosotros. Que el Estado arrancaba el bocado de la boca de sus ciudadanos para que viváis en la opulencia. Esto es la cumbre del sacrificio o, al menos, eso decían las cifras cuando me disponía a dejaros. Cifras avanzadas por el Consejo Económico que, con esta ocasión, os ha preparado un ambicioso plan de desarrollo. El Estado os mantiene, siempre, en la vanguardia: desarrollo, empleo, modelo de regionalización. Este es el regalo del Año Nuevo ofrecido por el Estado marroquí que el 2013 os traído. Parece ser que he sido un año de desgracias para vosotros. No he traído más que problemas: sucesivas visitas de delegaciones de diversas organizaciones internacionales y del mediador onusino que no aportaron nada. Perdonadme el que no haya comercializado con vuestra Causa a nivel internacional ya que, nada más llegar, me dí cuenta de que todo el mundo os comercializa: el Estado, los partidos, las asociaciones. Todos se enriquecen en vuestro nombre, en todos los foros internacionales hasta convertiros en una marca registrada. Incluso vuestras camellas no se libran de la manipulación política, ya que el líder de un partido político marroquí de izquierda, reconoció haberos ofrecido camellas, a cambio de vuestros votos. Recaudó resultados arrolladores en las elecciones, al igual que su predecesor al que habéis vestido con una “darraa” y recogió, a su vez, vuestros votos. Me dolió profundamente ver que vuestros camellos, símbolo de la magnanimidad y la generosidad, tampoco se libran de esta perversión política en la que algunos de vosotros se han especializado de una manera repugnante.
He enloquecido al leer las mareantes cifras y presupuestos y rebobiné mi memoria para recorrer vuestras calles en El Aaiún, Smara, Dajla, Bojador y otras zonas, sin ver reflejo alguno de esas cifras en vuestra vida.
En el año 2010, habéis salido hacia el Campamento de Gdeim Izik, reclamando todas esas cosas que, ahora, menciona el Consejo Real. Y hete aquí, que os contesta con las voluminosas cantidades desperdiciadas en vuestro Sahara. Pero, de seguro, no podrá aludir a las partes que se han beneficiado a vuestra costa. He rebuscado para ver algo parecido al Plan del Puerto Mediterráneo de Tánger, el Plan Abu Ragrag, el Plan del Marruecos Verde…o una cornisa como la de Martil o Cabo Negro…o una universidad como la que se construye actualmente en Bengrir o un Hospital de especialistas o un Teatro como el de Mohamed V o un Cine como Micarama………. Pero no he encontrado más que el cemento que se extiende al este y al oeste en la ciudad de El Aaiún; o lo que podría ser el germen de una Universidad de Teología Islámica, en Smara; o un Festival de Cine, en Dajla, donde no existe ni una sola sala de cine.
El verdadero desarrollo se paraliza en los límites de la ciudad de Agadir donde existen las buenas carreteras, las universidades, los Institutos especializados. Pero vosotros. Vosotros sois parte de una tierra que no interesa a Marruecos. Por eso, no me extraña vuestra exclusión del propio Plan de Desarrollo elaborado por el Consejo Real en vuestro nombre y, tampoco, vuestra exclusión de los programas de televisión de vuestra región en la que hablan personas ajenas a vosotros.
En realidad ignoro porqué esta exclusión. Quizás, el Estado marroquí, quiere ahorraros la ansiedad por pensar en esas cifras, consciente, de que no os gusta el trabajo, tal y como dice al afirmar que sois un pueblo dependiente que se ha acostumbrado a la generosidad del Majzén. Por ello, el Estado marroquí sufre de locura cuando no os ve agolpados ante las puertas de las prefecturas y las administraciones suplicando la baraka y la generosidad de las autoridades, porque así garantiza vuestra permanencia bajo su mandato el mayor tiempo posible, apostando siempre por el factor tiempo y por vuestra extinción, y especialmente, porque sois una minoría que no representáis más que un 3% de su población, según sus últimas estadísticas.
El Plan que ahora os ha sido presentado, es una parte del juego del tiempo por el que Marruecos ha apostado para la solución del conflicto del Sahara. Y, también, es parte de esa política de “dales con qué entretenerse”. Así, cuando la situación se vuelve estática hay que moverla para entretener a la gente vendiendo espejismos. Y, sino, cómo interpretar este simple gesto con las cifras declaradas. Porque tales cifras indican que sois ricos y ello es una edulcoración de la realidad y una tomadura de pelo. Si fuerais ricos porqué, entonces, salisteis en 2010 reclamando trabajo, vivienda y una distribución equitativa de los recursos naturales?
El Informe del Consejo Real y la declaración del Ministro de Asuntos Sociales de Marruecos, transmiten una imagen florida de una situación que no tiene nada de florida excepto en la imaginación de quienes se sientan en Rabat, porque las subvenciones que os han sido concedidas durante todos estos años, siempre, han encontrado un camino seguro hacia los bolsillos de los notables, los chiuj, los electos, las lealtades y fidelidades del régimen y los especuladores que comerciaban con esas subvenciones muy al norte de vuestro territorio, ante la vista de las autoridades del Estado marroquí, en una clara operación de intercambio de favores e intereses, aprovechándose de la debilidad misma de los argumentos legales en favor de la presencia del Estado en esas regiones y la ausencia de democracia. Por eso, es natural que se extienda la corrupción y se dañen los intereses del común de los saharauis.
El último Informe del Consejo Económico de Marruecos que, como es costumbre, gozará de vuestra bendición, porque sois un pueblo bendito, representa, dicho Informe, un reconocimiento explícito del fracaso del Estado marroquí en la gestión del asunto saharaui durante más de 38 años y es un instrumento de condena para todos aquellos que han ayudado en el expolio de los recursos saharauis.
Lo lógico, antes de elaborar el nuevo Plan, habría sido pedir cuentas a los responsables por el destino de los ingentes recursos que recoge el Informe del Consejo Real. De lo contrario habrá que concluir que el Plan es una parte de la corrupción política y una nueva carta en la estrategia de ganar tiempo y una manera de vender el territorio a la Comunidad Internacional como un área de bienestar social, como estratagema para eludir el verdadero problema representado en vuestro derecho a la autodeterminación tal y como queréis y no como os dictan siempre los otros… Os dejo, deseándoos que el 2013 sea un año de justicia y dignidad.
Os deseo un feliz año.
D. Abdul Rahim Buaaida (Profesor en la Facultad de Derecho de Marrakech)
(1) En Hasanía, de una mujer muy bella se dice que lleva el demonio o el diablo.
(2) Parcelas de terreno que el Estado marroquí ofrece gratuitamente como compensación.
(3) Cartilla, nombre heredado de la época colonial. Subvención que el Estado marroquí dá a los que no tienen ninguna fuente de ingreso.
(4) Mokadam, título inmediatamente inferior al de Chej (jefe de tribu). En Marruecos, cada Mokadam se encarga de vigilar un número determinado de calles.
Fuente: La Tribuna del Sahara
Imprimir artículo
Si te ha gustado este artículo puedes compartirlo desde tu blog, página Web o foro.

Suscribete a los comentarios de este artículo

0 comentarios :
¿Que opinas de este articulo? Tus comentarios siempre serán bien recibidos, ¡¡ Gracias !!