Buhobeini Yahia: “Si no llega ayuda internacional, no tenemos alternativa en los campamentos de refugiados saharauis”
Al preguntar por la imagen que se tiene de un campamento de refugiados, lo más probable es que se piense en una inmensa concentración de tiendas de campaña con los símbolos de la Cruz Roja, ACNUR o de la Media Luna Roja. Suciedad, desorden, descontrol… Un lugar donde las necesidades de la población hacinada se hacen más que evidentes a simple vista. Seguramente, a esa imagen se añadan solas las escenas mostradas por la televisión sobre el vandalismo o, quizá, las siempre recurrentes de mujeres y niños llenos de moscas esperando su ración de alimento. Y hastío, mucho hastío. Les diré algo: Sólo si viajan a los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, en el desierto argelino, creerán que esa imagen no es real, porque hay una excepción, única desde todos los puntos de vista. Y no sólo se sorprenderán con lo que verán, sino que lo más probable es que ya no puedan evitar que se cree un vínculo de unión con el pueblo saharaui y con su causa. La pasividad de la Comunidad Internacional frente la evidente precariedad que acucia la situación de la población saharaui en este árido desierto es inconcebible. Ha llegado el momento de actuar en consecuencia y que España y el mundo empiecen a poner las primeras piedras para construir el camino de una contundente reacción, que tienda de nuevo la mano a quienes más la necesitan, apoyando así el ingente esfuerzo que también realiza la plataforma de amigos y amigas del Pueblo Saharaui en favor de la población refugiada.
El pasado 21 de enero, el Frente Polisario _gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática, elegido popularmente_ acometió la decisión de repatriar a todos los cooperantes no indispensables de los campamentos por motivos de seguridad, a tenor de las amenazas lanzadas por los grupos radicales yihadistas de secuestrar extranjeros, en respuesta a la acción bélica que se está llevando a cabo en Mali. Tremenda la crisis humanitaria que está generando esta guerra tapada y oculta en todo el Sahel y, como si de un efecto colateral más se tratara, salpica de lleno a la población refugiada saharaui, que ha visto cómo, en poco más de un mes, su deterioro y precariedad se han multiplicado exponencialmente.
De la mano de la conversación distendida y larga con el Presidente de la Media Luna Roja Saharaui, Buhobeini Yahia, pretendemos adentrar a los lectores en estos campamentos de refugiados, visitarlos profundizando en todos y cada uno de los aspectos que denotan el olvido internacional y que, paralelamente, les convierten en únicos exponentes mundiales de lo que son las buenas prácticas y la solidaridad completa, con una organización ejemplar jamás vista en una población refugiada.
Rasd News.- ¿Cuáles son las características que más destacarías de los campamentos de refugiados saharauis?
Buhobeini Yahia.- Lo principal es que estos miles y miles de refugiados están aquí por una razón política. Es una lucha para la independencia nacional del Sáhara Occidental, así que son refugiados de carácter político. Aquí no hay trabajo, ni oportunidades de desarrollo económico… aquí no hay nada. Esta es una lucha de resistencia por la libertad. En la historia económica mundial se conocen muchos casos de migraciones de sur a norte, pero ninguna del mar al desierto. Jamás ocurrió algo así antes del caso del Sáhara Occidental. Somos conocidos por ser los refugiados más organizados del mundo. Funcionamos como cualquier país, en el que hay elecciones, autoridades y normas, porque esto es un Estado en el exilio que respeta a los Derechos Humanos, donde podemos presumir de ser el único país árabe y musulmán en el que la mujer tiene una importancia vital. Estos campamentos se construyeron gracias al esfuerzo propio de la población, sin ayuda humanitaria alguna. Ahora mismo somos la cooperación más barata del mundo, por cuanto hay un contribución importante y significativa de los propios refugiados _que administran, gestionan y organizan la ayuda_, porque no nos gusta ser tratados como meros receptores de ayuda humanitaria. Aquí estamos implicados en la optimización absoluta de recursos. La verdad, destacaría que somos un fenómeno extraordinario en el ámbito de los refugiados que el mundo ignora.
R.N.- ¿Hasta qué punto depende la población refugiada saharaui de la ayuda internacional?
B.Y.- Dependemos totalmente de la ayuda humanitaria. Además, es un problema añadido que para los países donantes resulte imposible plantearse proyectos de desarrollo en un campamento de refugiados, para generar ingresos aquí. Si no llega la ayuda internacional a los campamentos, ¿qué alternativa tenemos? Aquí sólo hay arena, arena y arena. Esta es la segunda operación con población refugiada más antigua de la historia bajo la responsabilidad del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), después de Palestina, y la única que se desarrolla, desde hace 38 años, en un desierto donde hay miles de niños, mujeres, jóvenes y ancianos que se encuentran con temperaturas extremas (hasta 50ºC en verano), sirocos y otras inclemencias de la naturaleza. Seguimos viviendo en jaimas _tiendas de tela_ y, algunos, en habitaciones de abobe muy frágiles, que no resisten lluvias y cuyos tejados hay que sujetar con enormes piedras para evitar que se los lleve el viento”.
R.N.- Comentas que los países donantes no pueden plantearse la realización de proyectos de desarrollo. ¿Por qué no?
B.Y.- Al principio, porque desde 1975 a 1991 fue una etapa de guerra, por lo que se adoptó con la población refugiada saharaui el mecanismo establecido para una situación de emergencia. Después, entre 1991 y 1999, tras el Alto el Fuego, se inició el proceso de paz y todas las miradas estaban centradas en la celebración del Referéndum de Autodeterminación. Lo iba a organizar, así que ¿para qué perder el tiempo en invertir en proyectos de desarrollo si íbamos a regresar al Sáhara Occidental? Estaba previsto que en 1999 estuviera terminado el proceso, una vez hecho el censo y con todas las condiciones favorables, a falta sólo de la voluntad política de Marruecos, que nunca llegó. Esta espera se prolongó hasta 2005, sin que hubiera cambio alguno en la política de acción en materia de cooperación al desarrollo. A partir de 2005 y hasta ahora… estamos en una fase de olvido absoluto. La solución no es para mañana, así que ya no es lógico que se sigan aplicando las mismas normas de emergencia. De entre los tres modelos que existen de ayuda a población refugiada, debemos buscar una y adaptarla al caso saharaui, que es excepcional a todas luces.
R.N.- ¿Y cuáles son esos tres modelos de normativa aplicable a poblaciones refugiadas?
B.Y.- La primera, la que se está aplicando en nuestros campamentos desde 1975, la de situaciones de emergencia. Luego, hay dos normas establecidas más, éstas exclusivas para casos de larga duración, que contemplan, como primera opción, un proceso de integración en el país que hospeda a los refugiados, que no es nuestro caso, porque no queremos integrarnos en Argelia, aunque estamos profundamente agradecidos a nuestros hermanos argelinos por todo cuanto han hecho y hacen por apoyarnos. La segunda opción que se plantea en casos de larga duración es la reintegración en el país de origen, que ni siquiera se la plantea la comunidad internacional porque no ven una solución inmediata. Por eso digo que hay que buscar entre las 3 una forma de adaptarlas al caso saharaui.
R.N.- ¿Cuáles son las medidas que establece el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) para cubrir las necesidades básicas de la población refugiada, en el marco de la ayuda humanitaria en situaciones de emergencia, que se están aplicando desde hace casi 38 años a los campamentos de refugiados saharauis?
B.Y.- Como dices, en nuestro caso responden de acuerdo a las normas internacionales vigentes para satisfacer las mínimas necesidades de grupos de personas en situaciones de emergencia. Estas, establecidas sobre los parámetros de necesidades específicas para que una persona pueda sobrevivir, son: Oxígeno, que aquí no hay problema, esto es un desierto abierto, donde no hay polución ni contaminante alguno; Agua, se establece un mínimo de entre 15 y 20 litros diarios por persona para su consumo. La media en España es de 130 litros diarios por persona, mientras que aquí tenemos una media de 9- 10 litros diarios por cada saharaui. No ha sido posible llegar al objetivo mínimo en 37 años, de hecho, estamos muy lejos de responder a la necesidad mínima. Alimentación, 2.100 kilocalorías diarias por persona. Esta cifra es el máximo para nosotros y no es fácil que la alcancemos. Techo. Aquí son jaimas, viviendas de tela. A cada familia _independientemente del número de miembros que tenga_ se le entregan 60 metros de tela para construir una cada 8 años, cuando la norma establece que sea cada 5 años. Es demasiado tiempo para tratarse de un desierto con temperaturas extremas… Y, para que te hagas una idea, hasta hace 3 años no había letrinas en las escuelas. En situaciones de emergencia, hay que garantizar una para un máximo de 30 alumnos. Nosotros, ahora, tenemos entre 70-100 alumnos por cada letrina, lo cual genera importantes problemas en los centros escolares.
“La comunidad internacional no respeta la normativa humanitaria”
R.N.- Pero vamos a ver, a lo largo de todos estos años, ¿no ha hecho ACNUR estudios o investigaciones respecto a la cobertura que otorga la ayuda humanitaria que envía? ¿No se ha ido incrementando en función del aumento de la población? ¿Es que nadie se da cuenta de que no es suficiente y que esta situación es una tragedia humanitaria extendida en el tiempo de forma absolutamente inaudita?
B.H.- No, obviamente no representamos una prioridad para el mundo. Hace tres años hubo una primera visita del Jefe del Comité Africano para los Refugiados. La RASD es miembro de la Unión Africana, por lo que en este continente se conoce muy bien el conflicto del Sáhara Occidental y todos los países africanos han reconocido a la RASD como Estado independiente, así que apoyan nuestra causa y son conocedores de todo cuanto ella implica. El Jefe del Comité, cuando nos visitó, se sorprendió porque, pese a que conocía perfectamente el conflicto político, desconocía el drama humano de los campamentos de refugiados. Mira que es un hombre que está acostumbrado a conocer problemas de personas desplazadas en África por motivos políticos o bélicos, si bien lo cierto es que hasta ahora no ha habido más campamentos de refugiados en este continente. Él nos comentó que en África se puede sobrevivir perfectamente gracias a la selva, que puede proveer de todo lo necesario para la supervivencia básica de un ser humano (agua, materia para construcción de viviendas, comida,…) Viendo cómo habíamos sido capaces de sobrevivir durante tantos años en el desierto, nos pidió disculpas por ignorar de esta tragedia humanitaria y se convenció de que la ayuda humanitaria que nos llega no cubre las necesidades mínimas de una población refugiada de más de 175.000 personas, que lleva así desde hace más de 37 años. Las medidas aplicadas podrían servir, si acaso, para dar una respuesta puntual a una situación a corto plazo, pero no para ésta, que es un caso único. Aquí la comunidad internacional no respeta la normativa humanitaria internacional. Además, por razones culturales, los saharauis tampoco hablamos de problemas materiales. No nos gusta demostrar nuestras debilidades. Nosotros somos dignos, demostramos a los visitantes que para ellos no falta de nada, así que les brindamos todo lo que tenemos. Así, resulta un poco difícil que se pueda conocer realmente el grado de necesidad que tenemos, porque no lo demostramos.
R.N.- ¿Qué problemas de salud está generando tanta necesidad y la precariedad de las condiciones de vida entre la población saharaui refugiada?
B.Y.- La carencia de alimentos, tanto en cantidad como en variedad, perjudica seriamente la salud. La mejor demostración es el dato de malnutrición infantil crónica, que asciende al 30% de los niños menores de 8 años. Es una barbaridad. Hay otros muchos problemas y muy serios en este campo, como pueden ser el índice de celiacos, que alcanza al 6% de la población saharaui refugiada, y que es el más alto del mundo. Según un informe de PMA-ACNUR de noviembre de 2011, se califican como enfermedades crónicas entre la sociedad la hipertensión y la diabetes, al tiempo que se computan índices muy elevados de anemia entre las mujeres… El 67% de las lactantes, el 56% de las embarazadas y el 45% de las mujeres en edad de tener hijos tienen anemia severa.
R.N.- ¿Qué ocurre, Buhobeini, por qué no se visibiliza esta situación tan extrema y preocupante?
B.Y.- Porque esto es una cuestión política. Esta es una crisis olvidada. Sale cada día en las noticias información de otras zonas en conflicto, pero no se habla del Sáhara Occidente, sólo de forma esporádica y muy ocasional, y casi siempre se habla de los niños saharauis que viajan a España en el programa Vacaciones en Paz. El muro militar de la vergüenza es peligroso, pero es mucho peor el muro del silencio que se ha levantado a nuestro alrededor y que impide que se preste mayor atención a los refugiados saharauis. Esto es una contradicción absoluta, porque la información no se dirige a dar visibilidad a situaciones ejemplarizantes, sino que prioriza la violencia, el terrorismo… Requiere mucho esfuerzo que se preste atención a los refugiados saharauis. Yo, personalmente, cada vez estoy más convencido de que hoy todo es marketing… Igual es que tenemos que buscar estrellas que promocionen la situación, quizá eso funciona más… ¿Acaso tenemos que recurrir a esto para visibilizar nuestra situación a estas alturas? La verdad es que los países donantes están dirigidos por los medios de comunicación y muchos de éstos, manejados por la propaganda marroquí y por los intereses económicos que defienden sus gobiernos.
R.N.- ¿Cómo influye la propaganda marroquí en la evolución de la ayuda humanitaria?
B.Y.- Para Marruecos mantener su campaña de propaganda y desprestigio es más fácil que para nosotros rebatirla, ya que ellos, para fortalecer su postura, sólo tienen que dejar caer los estereotipos extendidos en las creencias occidentales que desconocen esta realidad… y les creen. Ellos apelan a falsos convencimientos y a la imagen negativa que ya están instalados en las sociedades occidentales para sostener su campaña, así el esfuerzo que les supone mantener la mala imagen de los campamentos de refugiados es muy pequeño. Esto es un conflicto político sobre la soberanía del Sáhara Occidental. La acción de Marruecos contra el pueblo saharaui no se limita a sus acciones de ocupación, represión, saqueo y violación de derechos humanos, sino que también enfocan y concentran sus esfuerzos en una campaña internacional de desprestigio dirigida a lograr reducir la ayuda humanitaria a los refugiados. Y, lo peor, es que hasta ahora, lo consiguen.
R.N.- ¿Qué se le puede exigir en este sentido a ACNUR?
B.Y.- Las ONGs humanitarias están haciendo su esfuerzo por canalizar ayuda para acá, pero ACNUR tiene el mandato de proteger y asistir a los refugiados, así como el de potenciar el fin a la situación de cualquier población refugiada. ACNUR tiene el mandato expreso de empujar a los políticos a encontrar soluciones a este tipo de situaciones que suponen ingentes tragedias humanitarias. Es una vergüenza, 37 años sin hacer nada en este sentido… No tiene lógica. Hay que exigirles que cumplan su función y ejerzan presión a los gobiernos que tienen la responsabilidad de buscar, encontrar y dar inmediata solución a este conflicto olvidado que arrastra a miles de personas a la deriva.
R.N.- Volvamos al inicio… Analicemos que, pese a tener todo en contra, los campamentos de refugiados saharauis son, hoy por hoy, un ejemplo único de resistencia pacífica, de supervivencia organizada y un caso sin parangón desde muchos puntos de vista. Primero, Buhobeini, ¿cómo ha sido posible que la población saharaui refugiada haya podido aguantar casi 38 años en estas condiciones en pleno desierto?
B.Y.- El secreto redica en las mujeres saharauis y en su gestión de la ayuda humanitaria a través de una buena coordinación entre todos los actores implicados, con apertura y transparencia. Aquí todo se gestiona conjuntamente con las ONGs, que pueden actuar directamente, sin mediación alguna, para comprobar si la ayuda llega o no a su destino final. Si hubiera un fallo, un desvío, un robo, se detectaría de inmediato y en 37 años no ha ocurrido ni una sola vez aquí. Para conseguir que todo funcione bien, hay que implicar a los beneficiarios y nuestras mujeres se han implicado directamente desde el minuto 1 en que salimos huyendo de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental. Para las Naciones Unidas, es un récord la participación de las mujeres en los campamentos de refugiados saharauis, no sólo por su papel en la organización interna de los campos, sino que ellas son quienes han instrumentado los repartos y la gestión a nivel de la comunidad y en las familias, pues ahí actúan como madres, coordinando maravillosamente las raciones de alimentos como cabezas de familia. Nuestra sociedad es matriarcal, los hombres no tienen que recibir ayuda, sólo las mujeres, que son las receptoras finales en nuestro sistema organizativo. Gracias a este sistema propio, las ONGs que están aquí no han detectado irregularidades y jamás se ha producido ni un problema. Es tan inmenso el nivel de confianza en nuestra paz social y en la solidaridad entre nosotros que ni siquiera utilizamos pesas. En general, y pese a que tenemos familias extensas, ellas han implantado el mecanismo de compartir todo entre los saharauis, que a nadie le falte de nada. Reparto equitativo y solidario, auto-gestionado por ellas sin que exista posibilidad alguna de desconfianza.
“Somos un pueblo pequeño que tiene que hacerse un sitio en el mundo”
R.N.- La clave de la eficiencia radica en las mujeres. ¿Y la clave para mantener esa capacidad de resistencia durante un tiempo tan prolongado sin desfallecer?
B.Y.- Este nivel de amistad, solidaridad y armonía entre los y las saharauis es ejemplar. En un mundo en el que se prioriza la confrontación de civilizaciones, de religiones y culturas, el Pueblo Saharaui tiende un puente que vale la pena que sea ejemplarizante. El factor cultural es importante, la apertura, la modernidad es algo profundo entre nosotros y gracias a este carácter _y al político, que es determinante_, ha sido posible la resistencia con una visión de futuro basada en la construcción de un Estado que no es uno cualquiera, porque no podemos soñar que vamos a tener una economía como una gran potencia, sino que sabemos que somos un pueblo pequeño que tiene que buscar su sitio en este mundo. Árabe, musulmán, democrático, con gran importancia en la igualdad de género… No podemos permitir que el mundo mantenga cerrados los ojos y que siga creyendo lo que no es. Que se sepa que la RASD tiene un gobierno en el exilio, en los campamentos de refugiados, que ha firmado sus tratados con el país que nos acoge, Argelia, y con los países vecinos, que defiende por encima de todo que la única solución es volver a nuestra tierra libre y esa es nuestra prioridad. Por eso resistimos, por eso luchamos y por eso vivimos.
© Elisa Pavón
Fuente: RASD News
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