Por Salamu Hadi Lahsen, para SáharaLibre.es
“La realidad de hoy en día es que el retorno a las armas cada vez se acerca más, y probablemente sea ya irreversible.”
¿Hasta cuándo?
Ésta
es la pregunta que se hacen todos los saharauis y los no saharauis que
se preocupan por la situación de este pueblo, vendido por España,
violado por Marruecos y olvidados por la ONU.
Son
ya 35 años los que lleva el Pueblo Saharaui dividido por el muro más
largo del mundo. Un muro construido por Marruecos con la ayuda de sus
aliados (Francia, EEUU, Israel, Arabia Saudí…). Este muro de más de
2700 kilómetros de largo y con 161.000 soldados marroquíes, que lo
protegen, para que siga tapando las violaciones que comete Marruecos
contra la población civil saharaui, por el mero hecho de ser saharauis
y defender unas ideas opuestas a las que impone la Monarquía Absoluta
Marroquí. Pero este muro, conocido como el Muro de la Vergüenza,
también esconde detrás el expolio de los recursos naturales del Sáhara
Occidental, de los cuales en vez de beneficiarse la población saharaui,
se beneficia la Corona Marroquí, gracias a los convenios que lleva a
cabo con diversas empresas extranjeras, la mayoría de las cuales
españolas, como son: la empresa malagueña Isofotón, la canaria
Granintra, o la gallega Conservas Rianxeira, entre otras muchas.
Pero esta dramática situación va más allá, ya que actualmente hay más de 500 saharauis desaparecidos y decenas en cárceles marroquíes, sin los derechos más elementales. Esta situación de constantes violaciones no habría sido posible sin el apoyo que concede la República Francesa a Marruecos, y lo ha demostrado recientemente en el Consejo de Seguridad, donde el Polisario ha pedido a la ONU que incluya entre sus competencias la vigilancia de los derechos humanos en el Sáhara Occidental, puesto que la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental), es la única misión de la ONU que no se ocupa de los derechos humanos. Pero esta petición ha sido vetada por Francia, como señal de apoyo a las violaciones que quiere seguir cometiendo Marruecos contra la población civil saharaui.
Estas violaciones no son recientes; llevan cometiéndose desde que España vendió su provincia número 53, la entonces llamada El Sáhara Español, el 14 de noviembre de 1975, mediante los Acuerdos Tripartitos firmados en Madrid, en los cuales se decidió que la mitad norte del territorio saharaui se lo quedaba Marruecos, mientras que Mauritania haría lo mismo con la mitad sur, a cambio de que la potencia colonizadora, es decir, España, reciba unas recompensas económicas, sin el consentimiento ni la representación de la población autóctona.
En
definitiva, los saharauis no están dispuestos a seguir en esta
situación, dado que la vía pacífica no les ha apoyado, y ven que el
conflicto se está convirtiendo en algo eterno, cosa que no están dispuestos
a aceptar. Por todo ello, la mayoría ve el retorno a las armas como la
única solución, y la única manera de que el mundo se dé cuenta de que
el Proceso de Descolonización todavía no ha finalizado.
Pero realmente el retorno a la guerra ¿dará la libertad al Pueblo Saharaui?
Generalmente
las guerras no suelen dar la libertad, sino quitar la vida a los más
indefensos. Pero teniendo en cuenta que las portadas de los grandes
periódicos no se escriben con tinta sino con sangre humana, a lo mejor
sería una forma de que el mundo sepa que el pueblo saharaui está
dividido en dos partes: una refugiada en el desierto de los desiertos,
y otra bajo la ocupación militar marroquí. Además, no se puede negar
que, mediante la guerra, el Pueblo Saharaui ha conseguido recuperar una
quinta parte de su territorio.
En
todo caso, los jóvenes saharauis no están dispuestos a acabar engañados
por la Comunidad Internacional al igual que sus padres, quienes han
creído que optando por la vía pacífica se llegaría a una solución. Los
jóvenes saharauis quieren un cambio, sea cual sea el coste de éste. Les
resulta inaceptable el tener que vivir refugiados en una tierra que no
es la suya y tener que emigrar hasta para poder estudiar secundaria,
pero más inaceptable les resulta el saber que si la situación sigue
así, sus hijos y hermanos pequeños también tendrán que hacer lo mismo,
mientras que Marruecos ingresa más de cuatro mil millones de dólares al
año saqueando los recursos naturales del Sáhara Occidental, sin que
ningún país paralice los acuerdos económicos con esta monarquía alauita.
La realidad de hoy en día es que el retorno a las armas cada vez se acerca más, y probablemente sea ya irreversible. Las
consecuencias de esa guerra, sin lugar a dudas, serán nefastas para los
dos bandos, cosa que contradice la propaganda marroquí, empeñada en que
Marruecos puede acabar con los soldados
saharauis en tres días. Esa propaganda está muy equivocada, al menos
eso dicen los resultados objetivos de la sangrienta guerra,
que duró desde 1975 hasta 1991, y acabó con 3500 soldados marroquíes
presos, que no fueron liberados hasta 2005, además de un número no
menor de bajas, y sin olvidar que la mayor parte del material militar
empleado por el Ejército de Liberación Saharaui ha sido capturado a
Marruecos. Todo ello teniendo en cuenta que los saharauis sólo tenían
un aliado en el que creían desde el primer día, que se llama razón,
y no disponían de armas, a no ser las escopetas que utilizaban para
cazar, que sin lugar a dudas poco tenían que ver con el armamento tan
moderno del que disponía Marruecos, gracias a los suministros que le
hacía la aviación francesa y la norteamericana, y posteriormente
España, que lo sigue haciendo hasta hoy en día
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