Mohamed el Mami Amar Salem, vicepresidente del Colectivo de Derechos Humanos Saharauis, pronunció el jueves una conferencia en el Club Diario sobre la situación que se vive en los territorios ocupados desde 1975 por Marruecos, en la que trazó un panorama desolador por el recurso de las fuerzas ocupantes a «la tortura y la violación de derechos del pueblo saharaui» y su negativa a atender «todas las propuestas» que se han hecho para desbloquear la negociación en torno al futuro de la excolonia española.
El Mami insistió en el carácter «pacífico» de la resistencia saharauis y
lamentó que la comunidad internacional solo se decida a actuar cuando
hay un conflicto armado, «como en Afganistán, donde besan las manos de
los talibanes». Por ello llegó a asegurar que los países occidentales
«presionan para que los saharauis hagan algo violento».
Loles Planells, representante de la Associació d´Amics del Poble
Saharaui en Ibiza, fue la encargada de presentar al conferenciante, del
que recordó su carácter de víctima de la tortura en su tierra y el
exilio forzoso de tres años al que le sometieron las autoridades
marroquíes por su negativa a reconocer «la marroquinidad del Sáhara».
También recordó que El Mami ha recibido el premio de la Liga Española
de los Derechos Humanos por su defensa pacífica de los derechos de su
pueblo.
Sobre el Sáhara, Planells rememoró la «dureza» de la intervención de
las fuerzas ocupantes en el desalojo del campamento de Gdeim Izik, en
noviembre del año pasado, a 12 kilómetros de la capital del Sáhara
ocupado, El Aaiún: «Nos sorprendió la contundencia, que rayaba la
ilegalidad», comentó antes de criticar «la oscuridad» que siguió a
aquellas primeras noticias, fruto del apagón informativo decretado por
el régimen de Mohamed VI.
El Mami recordó que el conflicto de la excolonia se inicia cuando
España la «abandona a su suerte» tras el acuerdo tripartito de Madrid.
Según aseveró, la antigua potencia colonial cedió el Sáhara a Marruecos
y Mauritania a cambio de poder pescar en sus caladeros durante dos
décadas y de una participación del 52% en la extracción de fosfatos de
sus minas: «Tenemos copia de esos acuerdos», insistió. Por ello, el
activista considera que España es «responsable» de la suerte de los
saharauis, quienes, insistió, «tienen DNI».
El defensor de los derechos humanos dijo que los desmanes de sus nuevos
ocupantes comenzaron desde el momento en que parte de los saharauis se
adentraron en el desierto: «Les bombardearon con napalm y fósforo
blanco». Los que se quedaron en sus casas practican la «resistencia
pacífica», que se reactivó en mayo de 2005. Entonces se inició «una
intifada» en el Sáhara Occidental por la dura disolución de una
manifestación pacífica por parte de las fuerzas de intervención rápida
alauita, «equipados con material de fabricación española», insistió.
Dentro de esta campaña, relató El Mami, se puso en marcha el campamento
de Gdeim Izik. «Eran 40 jaimas el primer día y 9.000 cuando fueron
desalojados». Según afirmó, los policías y militares realizaron «una
masacre» en la que emplearon gases y munición real.
Aseguró que hay cuatro víctimas mortales identificadas y decenas de
desaparecidos, a los que el activista da por muertos. Recuerda que
muchos heridos se curaron en casa «con hierbas y grasa de animales» por
miedo a su arresto en los hospitales. De hecho, a día de hoy aún hay
185 detenidos, entre ellos mujeres, niños y ancianos, aunque sobre todo
jóvenes, y una lista de más de 600 saharauis en «búsqueda y captura».
El Mami afirmó que el régimen azuza a los colonos marroquíes contra los
saharauis y emplea cárceles secretas para torturar a los que se
resisten. Sostuvo que la dictadura alauita es responsable de al menos
650 desapariciones y practica la limpieza étnica. «Últimamente» trata
de atraer a los jóvenes saharauis a las ciudades marroquíes «con
ofertas de trabajo» y encierra a los que se oponen a la ocupación para
«someterlos a tortura».
Siete días herido en tierra de nadie
El activista Mohamed El Mami Amar Salem explicó en su conferencia en el
Club Diario su propia experiencia a manos de las fuerzas de seguridad
marroquíes: «Fui torturado en cinco ocasiones», relató, «la última en
enero de 2006». Entonces fue arrestado durante una manifestación en
Dajla, la antigua Villa Cisneros, pero en lugar de llevarle a comisaría,
un grupo de 14 policías le golpeó hasta perder el conocimiento.
«Tres semanas más tarde, aún tenía las piernas hinchadas y me dolían»,
explica, pero decidió viajar a Mauritania. En el puesto fronterizo
marroquí le tenían fichado y le quitaron la documentación: «Querían que
reconociera la marroquinidad del Sáhara, me negué y me pegaron en las
piernas con las culatas de sus armas». Después le echaron a la tierra
de nadie, una franja de cinco kilómetros sembrados de minas antipersona
en la frontera con Mauritania. Llegó al primer control de este país
pero, al carecer de pasaporte, no le dejaron entrar, por lo que
vivaqueó durante días entre la chatarra de los restos de «una furgoneta
explosionada». «Los guardas me conseguieron un teléfono satélite sin
saldo y envié un mensaje a Aminatu Haidar», recuerda. La activista logró
que la situación de El Mami tuviera repercusión y así las autoridades
marroquíes permitieron que un familiar le llevara el pasaporte para que
entrara en Mauritania, donde estuvo tres meses ingresado recuperándose
de sus heridas. Logró volver a Dajla tres años más tarde, aunque antes
explicó la situación de su pueblo por varios países. «Incluso
Marruecos reconoce que ha asesinado a 350 saharauis», una cifra que
equivale «a un millón de americanos», asegura, porque el suyo es «un
pueblo muy pequeño». Casi tanto como olvidado.
Fuente: Diario de Ibiza
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