| Las fechas del viaje del SaharaMarathon 2011 ya han sido definidas: desde el 26/2/2011 hasta el 5/3/2011 |
Nueva York es el maratón más emblemático del mundo, Boston el más antiguo y Berlín el más rápido. Todos ellos acaparan los focos internacionales cada vez que convierten su ciudad en una riada de corredores sedientos de kilómetros. Pero al otro lado del Estrecho de Gibraltar, donde el deporte era una utopía occidental hasta hace no tantos años, se celebra el maratón que más miradas debería recibir de cuantos existen en el planeta por su carácter solidario: el Sahara Marathon, que este año se disputará el 28 de febrero.
Desde hace 35 años más de 200.000 refugiados saharauis malviven a la intemperie en el desierto del Sahara. Marginados por la comunidad política internacional, cada día libran una particular batalla contra la pobreza, la miseria y el abandono al que se ven sometidos por parte del resto de la humanidad, muy ocupada en otros menesteres. Tindouf, la provincia más occidental de Argelia, acoge en sus campamentos al grueso de este pueblo que solo pide lo que siempre fue suyo: una tierra legítima donde poder vivir y desarrollarse. Pero ni el derecho internacional ni las eternas e incumplidas promesas de la ONU han solucionado esta injusta e indignante situación que tiene visos de perpetuarse en el tiempo.
Problema de nadie y de todos, Tindouf se convierte cada mes de febrero en escenario de una prueba atlética que, demostrando estar por encima de la indiferencia, pretende hacer lo que no hacen los líderes políticos: reivindicar la libertad del pueblo saharaui. Así, cientos de corredores llegados de todas partes del mundo muestran a zancadas su solidaridad con una causa que no puede ser ajena a un deporte como el nuestro. Si sentirse libre es el primero de los motivos por los que millones de personas corren en todo el mundo, nuestra propia filosofía de vida nos obliga a acudir a la llamada de socorro de un pueblo que también desea la libertad, pero no para correr, sino para vivir.
Por ello hace once años un grupo de comprometidos atletas dio a luz a este maratón que, por necesidad y merecimiento, se ha perpetuado en el calendario. Organizada por voluntarios de diferentes naciones y amparado por la Asociación El Ouali de Bolonia y la Asociación Proyecto Sahara de Madrid, casi mil atletas se dieron cita el año pasado sobre las finas arenas del desierto argelino. Al Sahara Marathon hay asociadas decenas de iniciativas solidarias, como las destinadas a construir instalaciones deportivas o fabricar material médico y escolar para hospitales y escuelas. Desde luego, como diría Joaquín Sabina, nos sobran los motivos para bajar a correr al Sáhara.
El maratón transcurre en su totalidad sobre terreno desértico y pedregoso, y está señalizado con pilones de cemento blanco y balizas provisionales. La organización pone a disposición del corredor avituallamientos cada tres kilómetros, tanto sólidos como líquidos, y celebra la noche anterior a la carrera la tradicional Pasta Party. A lo largo del recorrido se visitan los campamentos de El Aaiun -donde recientemente el gobierno marroquí impidió la entrada a los periodistas españoles-, Aused y Smara. Pese a la complicada situación del escenario, la seguridad está garantizada para todos los atletas y acompañantes, que se refugiarán en el Campamento de Smara como invitados de las autoridades de la República Árabe Saharaui Democrática. Basta con decir que en diez años vida, el Sahara Marathon no ha sufrido ningún incidente reseñable.
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