Antes de nada dejaremos claras
las páginas que nos importan.
Las de libros abiertos de vidas cercanas,
paredes que por siempre callan
Prólogo, Izal
Por Benda Lehbib Lebsir / Fotografías: Isalmu Lbar / 1saharaui / Mucho se escribe sobre el secreto del vacaciones en paz: dónde contactar, cómo y de qué forma acoger a un niño saharaui. Mucho se habla sobre las familias que se han visto cara a cara con este proyecto, sus sentimientos, sensaciones, experiencias y que en la mayoría de los casos han decidido no soltar.
Acoger no es tan complicado como parece, no se asusten, para nada. En ocasiones, tengo la sensación de que la gente no acaba de entender bien ciertos conceptos. Que lo niños saharauis no carecen de cariño, ni de amor, todo lo contrario. De eso, van sobrados. Acoger no es sinónimo de riqueza, ni de puesta en escena, a ver quién tiene más que quien, quién da más… que quien. Acoger es mucho más que eso. Es enseñar, compartir, vivir pero sobre todo ser.
Es ser una familia normal, con intención de aprender, pero sobre todo; enseñar. Es compartir las cosas más simple (y no hablo de lo material que eso: es jugar otra liga) anécdotas, historias, noches de verano, tardes de piscina. Es despertar y ver que hay alguien más en casa, que hay una pequeña personita que anda descalza, que come con la mano, duerme en el suelo porque ¡Ojo!, eso es otro mundo que descubren con ustedes. Es ir a la piscina y tener convalidado el titulo de socorrista sin darte cuenta, porque el niño o la niña no saben nadar, y tengas que estar pendiente.
Veréis, tampoco se trata de eso. Para mi acoger es:
-Acoplar a los niños saharauis a vuestras vidas: rutinas, normas, costumbres, tradiciones, etc.
-Es sentir que es uno más en casa; si hace algo mal, se les riñe como si fuesen vuestros propios hijos/as.
-Es entender su causa, porqué vienen los niños saharauis. Cuál es su realidad, porqué viven como viven… y qué podemos hacer desde aquí por ellos.