¡SAHARAUI, SAHARAUIA, EIDA FEIDAK LILHURRIA! (tu mano junto a la mia hasta la libertad) ¡Rompamos el bloqueo informativo. Derribemos el Muro de Silencio! ¡LABADIL, LABADIL, AN TAGHRIR ALMASSIR! (No hay otra opcion que la autodeterminación)

EL SÁHARA DE LOS OLVIDADOS اِل ساارا دي لوس اُلبيدادوس




"Háblale a quien comprenda tus palabras"
"Kalam men yafham leklam"

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Pasajes del libro “Tiris, rutas literarias”: Aporte a la bibliografía nacional saharaui


Por Bahia M.H Awah / Foto: BMA / Y..¿Dónde queda Sahara?

(…) La bibliografía colonial registró muchas historias de viajes sobre el Sahara Occidental, que escribieron y protagonizaron destacados expedicionarios españoles y franceses. Tuvieron lugar en distintos periodos del dominio colonial y con anterioridad a éste; ninguno fue de índole estrictamente literaria, que investigara en exclusividad el verso saharaui, su historia y sus personajes. Ya hice mención a una conversación que tuve con Mohamed Uld Rahel[1] en la que me contaba que a principios del siglo XX se habló de un sabio que llegó a Tiris procedente del este, posiblemente un sabio de Sudán o Egipto, atraído por la historia de esta tierra y sus poetas. Pero es un mero dato que no aparece en ninguna bibliografía que no sea la de transmisión oral. Dicho esto, ‘Tiris, rutas literarias’ es un comienzo y un final, que me conduce al proverbio saharaui que reza “al viajero no se le pregunta cuánto tiempo ha tardado, sino qué es lo que ha traído [de beneficioso] de su viaje”.


Cuando los investigadores Juan Carlos Gimeno, Juan Ignacio Robles y Vivian Solana me propusieron el viaje a Tiris, me dije: “este es el momento, ahora o nunca”. Pensé en el vacío literario que arrastran las nuevas generaciones en relación a la literatura saharaui y sus ilustres guías, poetas y eruditos y recordé que había asesorado en sus tesis a varios estudiantes saharauis en el extranjero, que necesitaban de la información que he vertido en esta obra.




El ATS, “El médico del éxodo” Mohamed Embarec Facal-la


Por Bahia MH Awah / Foto cedida por Hasana Emhamed / Y..¿Dónde queda Sahara?

Corría el año 1976, principios de la guerra en el Sahara Occidental. España acaba de abandonar el territorio y Marruecos y la Mauritania de Mojtar Uld Dadah anexionaban militarmente al país.

Yo era menor de edad y me encontraba formando parte de los primeros flujos del éxodo huyendo hacía un lugar seguro, como me habían indicado mi madre y mi hermana. Un día después me recogió una unidad de combatientes del Frente Polisario, y me confiaron a una familia que me acogió en Gleibat Legleya; me trasladó con ella pasando por el pueblo  de Gleibat El Fula, desde donde nos dirigimos a la localidad mártir de Um Draiga. En el tercer bombardeo de la aviación marroquí a esta localidad estábamos cerca del monte Ziza, y todos los miembros de la familia nos apresuramos a escondernos de los aviones debajo de unas frondosas acacias, momento en que me hirió el ojo derecho las afiladas espinas de una talha[1] donde buscaba protección. En aquellas circunstancias adversas no había ningún remedio para mi herida. Estuvo sin cura varias semanas durante la dificultosa huida hacia la ciudad argelina de Tinduf[2].

En una parada en las fronteras de Argelia, en un lugar conocido como Adam Soixante-quinze[3], recibí la primera atención de un sanitario. Me dijo “mañana cuando llegues a Rabuni, que te vea el médico Mohamed Embarec. ”No sabía quién era el “médico”, me lo imaginaba como un especialista argelino que atendía a los primeros heridos y enfermos de los refugiados.

Ese día me presenté frente a unas tiendas de campaña de poliéster color azul, con el logo de Croissant-Rouge algérien. Allí estaba un hombre que frisaba los sesenta años, de barba medio canosa, bien poblada y con una sonrisa constante que no perdía a pesar de la pipa de tabaco saharaui que mordía entre sus dientes.




Exilio II, [a los desamparados refugiados]


Texto: Bahia Mahmud Awah / Ilustración: Fadel Jalifa

Exilio II, [a los desamparados refugiados]

Van huyendo de la guerra
y en su evasión a la muerte
les guían a la entrada de una calle ciega.

A veces son confinados en las cloacas
de un viejo bergantín,
a veces caen en manos de inmundos
mercenarios del capital.

A veces en cayucos son rebotados a la mar
para deshacerse de sus mermados cuerpos.

Niños,
mujeres,
ancianos derrotados 
por el más triste dolor.

El hambre y el exilio que les aleja de la muerte
es la única recompensa en la vida.




El silencio de las nubes o el fragor de la libertad. De Zahra Hasanui


Es «una suerte» que el pueblo saharaui, tan maltratado en demasiados aspectos, recibiera el don de la palabra en español. Del mismo modo que esa lengua común nos permite escuchar las voces del otro lado del Atlántico, contactar con sus culturas antiguas y esa realidad maravillosa que los hace contar de un modo tan rico y diferente y enriquece nuestra visión (a veces provinciana o al menos demasiado occidental) del mundo, podemos conocer esta otra realidad olvidada sin necesidad de intermediarios. Así, entre El silencio de las nubes y a través de la palabra de Zahra El Hasmaoui Ahmed (El Aaiún, 1964), sabemos del exilio (del «enigma del exilio», «de los muchos exilios», del deseo de «espantar el exilio»; una palabra que, obviamente, se repite), de la extrañeza, de la amarga conmoción de sentirse por siempre nómadas o simplemente inexistentes. De mantener una «sed longeva» que quizás, en algunos aspectos, solo la poesía pueda paliar.

Con la delicadeza de las flores y la sal como continuos referentes, junto a los colores del recuerdo y sonoras palabras hasaníes que nombran en un prístino acto creativo la especial naturaleza de su tierra (qué hermosos los versos que cierran el poema «Los pozos de la vida»: «El desierto, / donde la fagonia hospitalaria / abre su flor al peregrino vespertino, / donde la arena se convierte en humo / y la montaña en tambor»), nos deslizamos por este libro con una extraña sensación mezcla de ternura y desengaño.

El silencio de las nubes no es en absoluto un grito de libertad mudo, sino directo, que nos habla con esperanza, a veces afirmando («No pudo morder / la mentira / la geografía inmensa / de tus alas blancas»), otras acusando («De vez en cuando, culpables somos todos»), pero siempre regalando versos tocados por la luz como estos: «En la plaza / resuena la alegría, / la mano de una niña / deja caer la / entrada de un cine de dunas / para asirse a la barandilla / de la inocencia y las gacelas». Nos cuenta de tradiciones y objetos queridos, como el «tagrauen» y el «hayrit guiyim»; de un muro que «serpentea siseante / su cicatriz por la tierra». Se pregunta quién es, quién fue, qué les queda, qué vendrá. Corrobora las palabras del prólogo de Antonia Pons Valldosera («No todos los rebeldes son poetas pero sí que todos los poetas han de ser, forzosamente, rebeldes») cuando confirma «nada puede domar / las voces que rozan el alma».




Muerte a la intemperie


Texto: Ali Salem Iselmu / Ilustración: Fadel Jalifa / Y..¿Dónde queda Sahara?

Cuando salió de su casa aquella noche de verano sabía que no iba a volver. En una pequeña caja llevaba sus objetos de mayor valor y los guardaba para que nadie pudiera verlos. Antes de dejar su tierra, miró el horizonte para captar la luz de la luna con sus ojos. Las piedras afiladas de la llanura, eran extrañas estatuas que iba observando. El coche que conducía, buscaba de forma desesperada un pequeño poblado en el que vio por primera vez un eclipse solar.

A medida que se alejaba, una extraña nostalgia lo dominaba. El paisaje cambiaba. Los árboles empezaban a escasear y las temperaturas subían unos cuantos grados. La brisa del mar que penetraba en su ciudad, estaba lejos. Aquellas flores con pétalos amarillos que solía regalar a sus amigos, las había dejado en su jardín, expuestas al paso inevitable del tiempo.

Delante de sus ojos, vio la tierra cubierta de una extraña capa de color oscuro que le recordaba los caminos que recorría de pequeño.

Cuando llegó a la meseta seca y salda. Sus ojos se cerraron. Todo el miedo que sentía cuando dormía de noche cerca de las tumbas de sus antepasados, era un recuerdo lejano. Estaba ahora frente a una tierra agrietada de color rojizo. En su interior se veían restos de caracoles fosilizados.

La ciudad de paredes blancas, y de casas anchas, no estaba ya a su alcance. Cuando llegó a aquel pozo rodeado de palmeras, se dio cuenta que el poblado del eclipse solar estaba lejos. La travesía de un camino que aparece y desaparece, lo había llevado a otro lugar.

Bajó del coche y vio entonces a su mujer, sus  hijos y su mejor amigo, habían subido en los asientos de atrás, sin que él se diera cuenta. Cogió las mantas y las tendió cerca del tronco de una palmera. Sentó a sus hijos y a su mujer. Se fue con su amigo a buscar leña para combatir el frío de aquella noche gélida.




Las huellas de una palabra. Réquiem a Bujari Ahmed


Texto: Ali Salem Iselmu / Ilustración: Fadel Jalifa / Y..¿Dónde queda Sahara? 

Réquiem a Bujari Ahmed
Envuelto en su bandera
enterraron al héroe de la palabra
lejos de su ciudad
lejos de su jaima.

La tierra más inhóspita
guarda su sonrisa
guarda sus lágrimas,
sus anhelos
sus sueños.

Él lo dijo,
morirán generaciones,
vendrán otras
para cerrar la herida abierta
para curar el alma.

El vasto cementerio crece,
en la memoria de los que no volverán
a beber de la profundidad
de un pozo,
a tocar las dunas vírgenes
que abrazan el agua del océano.

Todos abandonaran
ésta soledad,
se irán algún día,
pero las palabras
quedarán en la mirada del héroe,
en las rendijas de la historia.




El dulce encuentro sin cita previa, [a una generación]


Texto: Mohamidi Fakala (periodista y escritor saharaui, que escribe desde los campamentos de refugiados saharauis en el sur de Argelia) / Ilustración: Cuadro de Fadel Jalifa, pintor saharaui / Y..¿Dónde queda Sahara?

A veces las coincidencias encierran un profundo sentir, sobre todo, cuando se trata de algo o de alguien que representa toda una vivencia que aún sigue latente en el corazón de la melodía del recuerdo. Por cierto, toda esta motivación se relaciona con personas, lugares y circunstancias dispares.

En todo caso, es reconocible destacar esa falta de desfallecimiento en la persecución de un sueño, convertido en una concatenación de hechos heredados por tantos otros. Un sueño, lejos de ser perezoso o abandonado a causa de las inclemencias del tiempo, la separación, o el destierro. Toda una relación vivida con apuro para no perder las ligaduras, acuñadas por una eterna amistad y materializadas por el resorte del poder del afecto.

Fue uno de esos encuentros, sin cita previa, que dejaban los planes sujetos a un devenir momentáneo; embebido en el arranque de la precisión del momento. Nada se detenía en la memoria, pero de ella brotaba un flujo imparable, más bien igualable al desplazamiento intranquilo del barco de Balearia, que iba cruzando el Mediterráneo, removiendo sus hélices las olas del norte. En ese diáfano sentido, el influjo tenue se vislumbraba aferrado para sus adentros; aliviándose para apoderarse de sí mismo, como la mismísima noche que poco a poco, se desconocía cómo, se había ido diluyendo entre los albores del día, con la llegada a otro puerto diferente. Un embrujo seductor y sedante, causado quizás por el encuentro, las sinceras conversaciones que giraban en torno a muchas temáticas, coherencia e incoherencia de nuestro tiempo.

Fue más bien una semblanza de un retrato de viejos amigos, a los que la casualidad les tendió su propia jaima de nuevo, pero esta vez sobre el intranquilo oleaje de un desierto de mar, después de tanto tiempo sin poder encontrarse en tierra firme, tanto aquí como allá. No importaba tanto el escenario, lo esencial fue que se mantuvieron encerrados en un estrecho camarote, descarnando el pasado, alrededor de la aromatizada evasión de un excelente té, marcado por la discreción de la tranquilidad de la madrugada.

En aquel arrebato nostálgico no faltaron los nombres de amigos de ahora y de entonces; vivos o muertos; unidos todos por un sublime ideal. Probablemente todo esto no es más que un reflejo inconsciente que las últimas pinceladas de la noche, en aquel largo viaje, quiso testimoniar a su manera.




Bujari Uld Ahmed Uld Barikal-la: se ha ido un líder intelectual continuador de la doctrina anticolonial africana


Fuente: Y..¿Dónde queda Sahara? / Foto: Bahia MH Awah / Texto: Bahia Mahmud Awah: [Se nos ha ido el intelectual y líder de la doctrina anticolonial africana, Bujari Ahmed]

Anoche soñé con él, –me visto que voy adonde la familia–, así, sonriente, se despedía de nosotros dejando vacía su estera…

De muy temprana edad el tristemente desaparecido líder saharaui Bujari Ahmed fue seguidor de La Escuela anticolonial africana de Nelson Mandela, Kwame Nkrumah, Patrice Lumumba, Oliver Tombo, Agostinho Nheto, Hauari Boumediene, Julius Nyerere, Amílcar Cabral, entre otros.

En 1972 Bujari cursaba el tercer año de Derecho en una universidad de la metrópoli y mantenía su colaboración con la revista Irifi del instituto General Alonso de la ciudad de El Aaiun; aún no había nacido el Frente Polisario en aquellos años. Bujari entonces filtraba de manera solapada en la revista su sentir nacionalista anticolonial.

“Solamente la juventud que va a las escuelas, a los institutos o a las universidades, puede tener conciencia de su misión. Se necesita una juventud que tenga las manos desatadas, pues no se puede trabajar en una obra de arte con una camisa de fuerza”. (Irifi-1972)

En aquellos momentos el dominio colonial español se encontraba en su máximo apogeo doctrinal. Ayer noche mientras intentaba digerir la triste noticia de su marcha, estuve recordando momentos de años atrás, cuando intercambiaba con él correos que él me respondía desde Nueva York. Investigaba datos sobre su generación, la de “El 73 Saharaui”, un tema que más tarde recogí en mi libro “El sueño de volver”. En ese momento me acordé de cómo otros dirigentes de su misma generación sentían la tristeza cada vez que alguno de ellos se consumía en aras de los firmes principios de lucha que abrazó inequívocamente su generación. Como el caso de Hamada Uld Mohamed Luali, caído en la batalla de Edluu, en Guelta Zemur, el 29 de diciembre de 1980; un día que fue calificado por el entonces ministro de defensa y actual presidente  de la República Saharaui, Brahim Ghali, como يوم اسود و ملعون “un día negro y maldito”.

Las redes estaban desorbitadas ante la confirmación o el desmentido de la noticia de su fallecimiento; los internautas saharauis y del movimiento solidario no querían creer en la desconsolada noticia de la 
Desde hace muchos años y a raíz de conocerle en persona me atraía por su intelecto. Recordé un archivo que abrí para recoger sus certeras frases en español.muerte del hombre que cautivaba a todos con su discurso, su mirada, sus pausas y sus sentenciosas frases en la lengua de Cervantes y en hasania, con las que dejaba sin argumentos a sus contrincantes. Mientras buscaba una confirmación definitiva, apareció un cable de la agencia nacional saharaui que confirmaba la terrible noticia. “Un gran y prestigioso diplomático que dedicó su vida al servicio de la causa nacional”. Y recordaba sus infinitas cualidades como dirigente. “Era conocido por su habilidad diplomática y su conocimiento de la cuestión saharaui y el lugar que ocupa  en las relaciones internacionales, especialmente a nivel de la ONU”.




Voces del viento


Texto de Mohamed Salem, Ebnu / Foto: AeA / Fuente: Y..¿Dónde queda Sahara?

Una manada de enormes elefantes pastando petrificada en el tiempo, dinosaurios, anatomías deformes, hombres y mujeres, familias de pastores fosilizadas manteniendo un milenario abrazo desafiando al sol y al viento, bustos exuberantes, corazones desechos, todas las figuras que la imaginación, la fantasía y la poesía puedan concebir. Monumentales rocas de plata, majestuosas y altivas que se juntaron creando el paisaje más amado y a la vez el más temido por todos aquellos que en algún momento de sus vidas pasaron por ahí.

Los generosos, Layuad, así fueron bautizados como un deseo, como una intención evidente de que el nombre fuera a apaciguar cualquier furia o enemistad de los vecinos del frig más conocido de Tiris.

Layuad eran los espíritus que habitaban esas hermosas montañas.

Dicen que en las noches se escuchaban sus voces, sus cantos, sus tambores, sus palmas, los sonidos de sus animales y que incluso se habían observado sus hogueras. Se dice que cada vez que alguien intentaba sacar agua del pozo escavado entre las montañas salían bandadas de aves extrañas y lo obligaban a alejarse.

Por las noches nadie se atrevía a cruzar entre las montañas y menos acampar entre ellas, los camellos cuando se acercaban a Layuad se mostraban nerviosos como si de repente tuvieran prisa y apuraban sus largos pasos para alejarse. Los nómadas, los beduinos, las caravanas, todo el mundo quería pasar por los generosos, quería admirar la magia y la belleza del lugar pero nadie quería que la noche lo sorprendiese cerca.




El tidinit y la africanidad saharaui


Texto y foto: Bahia Mahmud Awah / Y..¿Dónde queda Sahara

El componente cultural es uno de los elementos antropológicos que resulta diferenciador para el Sahara con respecto a otros países del norte africano, como Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. Hago hincapié en la lengua hasania y su literatura, la vestimenta africana la darraá [1], la melhfa [2], la música houl o El houl [3] y sus instrumentos, el tidinit [4], el ardin [5] el tabal [6] y la neifara [7].

Sin embargo, la presencia de estos rasgos en algunas geografías transfronterizas se ha convertido en un puente de unión entre África del Norte y África subsahariana. Estos rasgos culturales específicos de la cultura saharaui y mauritana son un nexo donde convergen varias culturas, la árabe, la africana y la hispana, esta última con la introducción de la guitarra española en la música saharaui en el siglo XX.

El clásico griot mauritano, Sidahmed Uld Ahmed Zeidan, nacido en la región de Tembedgha en El Haud Eshargui de Mauritania en 1945 y conocido como uno de los grandes clásicos de la música tradicional hasaní, explica que el tidinit tiene su origen en el laúd árabe original y fue creado por el músico iraquí Ishagh Almufsali. Más tarde este instrumento pudo llegar a la música del África negra a través de un discípulo de Ishagh llamado Zariat.

El tidinit está considerado entre los grandes clásicos de la música mauritana como “símbolo de la historia” para las culturas hasaníes, es decir Mauritania y el Sahara Occidental, porque era su voz de arenga patriótica ante las gestas y epopeyas que cantaban los igauen [8] y los juglares para ensalzar a los bravos guerreros anticoloniales y en épocas de batallas intertribales.

El tidinit tiene cinco cuerdas, denominadas تشبطن tishibten. Según cuenta Uld Ahmed Zeidan en sus orígenes tenía cuatro cuerdas y el propio Ishagh Almufsali fue el que añadió una quinta cuerda de color rojo elaborada de seda, a la que llamó  وتر الدم wáter Edam, “cuerda de sangre”. Esto sucedió durante la época de los  العبسين Abasies, finales del mandato del califato de Harun Arashid años 786–809.




Murió el poeta…


Por Bahia M.H Awah / Texto de Mohamed Salem Abdelfatah, EBNU / Foto de archivo /  Y..¿Dónde queda Sahara?

Murió el poeta, lejos del hogar, como diría el poeta del poeta que murió desterrado, lejos de la patria, lejos de un patio de Sevilla y de un huerto claro donde madura el limonero.

Hace unos pocos meses en los Campamentos de Refugiados Saharauis, lejos de su querida tierra, lejos de Saguia el Hamra, perdió la vida el gran poeta saharaui Beyebuh. El camello blanco que lo aguardaba para su último viaje emprendió la marcha hacia la eternidad.

La última vez que le vi estaba durmiendo, fui a despedirme porque al día siguiente me iba de viaje, saludé y entré. El poeta estaba tendido de costado y llevaba una darraa blanca. A su lado había dos mujeres que vestían de negro, me senté e intercambié unas palabras con las mujeres. Una de ellas quiso despertarlo pero le sugerí que no lo hiciera, por nada iba a interrumpir el descanso del poeta y más en el estado en que se encontraba. Por aquellos días la salud del poeta se había deteriorado y me pareció que un rato de descanso era más importante que cualquier duda que yo tenía sobre algunos términos de su poesía, a pesar de que en un encuentro anterior acordamos que pasaría a ver si era posible que me explicara algunas cosas, sumado a que mi egoísmo añorara disfrutar de su grata y siempre enriquecedora compañía.

Me levanté, me despedí de las mujeres y les pedí, que por favor me despidieran del poeta y que le transmitieran mis deseos de una pronta recuperación.

Y cuál es tu nombre, hijo, preguntó una de las señoras.

Soy hijo de Beyebuh. Díganle  que vino a verlo Uld Beyebuh.

No te falta razón, todos somos hijos de Beyebuh, dijo la otra mujer.

Beyebuh ha sido y lo seguirá siendo, el padre de todos los saharauis, desde que decidió dedicar su poesía exclusivamente a la revolución del 20 de mayo y la lucha del pueblo saharaui por su libertad.




Bobih


Por Bahia M.H Awah / Texto de Conchi Moya (Periodista y escritora madrileña colaboradora invitada) / Ilustración de Fadel Jalifa / Y..¿Dónde queda Sahara? 

– ¡Que venga Bobih! ¡Quiero que venga Bobih! ¡Quiero escuchar su voz!

– Este bebé no va a nacer hasta que mi nieta escuche cantar a Bobih… – se lamentó la comadrona.

Mariam chillaba con desesperación en la jaima donde estaba dando a luz. Era su cuarto hijo pero nunca había pasado por un alumbramiento tan accidentado. Un parto era algo muy serio, y por mucho que hubiera imaginado antes de ser madre el dolor que conllevaba, jamás se había acercado, ni de lejos, al desgarro que suponía traer a un hijo al mundo. Pero siempre había contado con la mejor comadrona, su abuela. Y su buen estado de salud y la finura de su cuerpo habían resultado decisivos para que sus tres experiencias anteriores no hubieran resultado insoportables.

Tampoco había pasado por sobresaltos en sus otros embarazos. A la emoción que sintió durante el primero, le siguió el miedo a un dolor ya conocido que experimentó en el segundo y finalmente la placidez que le dio la veteranía del tercer embarazo. Pero se había sentido rara desde que supo que se encontraba en cinta por cuarta vez. Una sensación extraña, no sabría explicarla, que no le había abandonado durante los nueve meses. Ella, que era en extremo juiciosa y tranquila, había vivido en una constante agitación. Se sentía vulnerable, caprichosa e irascible. Tenía constantes antojos; le apetecían las comidas menos convenientes, los perfumes más empalagosos y vestir melhfa de la mejor calidad. A su Hamdi, que bebía los vientos por ella y la quería hasta la adoración, le costaba un gran esfuerzo disimular la impaciencia que le producían sus extraños deseos. Sólo se sentía satisfecho gracias a la desconocida concupiscencia que devoraba a la recatada Mariam. Aquel giro en sus hasta entonces correctas relaciones era una novedad bienvenida por él.

Pero aquella petición iba más allá de lo aceptable. La exigencia de que Bobih, la voz más admirada en Auserd, acudiera a la jaima donde tenía lugar el alumbramiento, era algo nunca visto.




De la quimera a la realidad en la atención en Salud Mental a las personas refugiadas en los campamentos saharauis


Por Bahia M.H Awah / Texto: Marta Guarch-Rubio* / Ilustración: Campamentos de refugiados del Sahara Occidental en el sur de Argelia, Fadel Jalifa Embarec Fal / Fuente: Y...¿Donde queda el Sahara?

Nuevamente sumida en la inmensidad de la nada, en un lugar que desafía al tiempo y al olvido, rescatando recuerdos de una guerra ya pasada y amparando deseos lejanos de llegar.

Nuevamente en los campamentos de refugio saharauis de Tinduf, en Argelia. Sobre el terreno de la mano de Dumaha Alyene (Directora del Departamento de Salud Mental en los campamentos saharauis) y con Antonio Manzanero (Director del proyecto de investigación sobre “Evaluación de necesidades psicosociales en refugiados y solicitantes de asilo” en la Universidad Complutense) desde Madrid. Los tres compartiendo un punto de partida, la salud mental en contextos de refugio.

El actual aumento de movimientos migratorios y desplazamientos forzados ha dado lugar a una crisis humanitaria mundial sin precedentes. El desgaste psicológico que sufren estas personas a lo largo de todo el proceso migratorio está plagado de riesgos, presiones, miedos, duelos y proyecciones truncadas. Inicialmente, una vida de pérdidas. En el mejor de los casos, les esperará un porvenir en centros o campos de refugio, y si la suerte no acompaña, la muerte o una posible deportación que derrumbará todas las motivaciones por las que iniciaron el viaje. Volviendo así a un Estado que les obligó a salir por no ser garante de su seguridad.

La incertidumbre es sinónimo de exilio, la espera de frustración y la ansiedad y depresión se convierten en su máxima expresión con patologías psicosomáticas.

Consecuentemente, la vida prolongada en campos de refugio es un riesgo para la estabilidad emocional de las personas que allí viven. Es un fuerte determinante que marcará su estado de salud mental en lo sucesivo, incluso años después de vivir bajo condiciones de exilio.




El último erudito del cielo


Por Bahia M.H Awah / Texto: Ali Salem Iselmu, escritor, poeta y periodista saharaui / Ilustración: Fadel Jalifa, pintor saharaui de fecunda obra / Fuente: Y..¿Dónde queda Sahara?

Cuando lo vi estaba temblando de frío, tenía la cara cansada después de una larga noche en la que se quedó sólo sujetando las cuerdas de la jaima, en aquella tormenta de arena.

Él conocía de memoria cada estación. Sabía que las estrellas cuando caían inclinadas al sur, anunciaban los vientos del Este que solo traían una arena oscura y espesa en la que nadie podía orientarse.

Cuando él perdía toda esperanza en aquel cielo, que había salvado a sus antepasados, entonces acudía a las palmeras de los oasis y empezaba a rezar con las manos abiertas, buscando milagro en el Este, sin olvidar nunca los vientos húmedos del Sur. Aquellos que traían el olor del agua y hacían correr a los animales, cuando intuían que una nube salvadora se precipitaba de aquel cielo lleno de colores enigmáticos.

En aquella confusión de nubes y tormentas, él miraba con la mano izquierda apoyada sobre su frente, haciéndole una pequeña sombra. Dirigía sus ojos al sur-este, oteaba el horizonte una y otra vez. Sabía que no podía equivocarse.

De su mirada dependía la vida de aquellos hombres que habían aprendido a observar e interpretar el cielo, pero él tenía la última palabra, el primer paso de aquella estirpe de hombres y mujeres.

Un error le suponía la vida o la muerte. Empezaba a caminar descalzo sobre la fina arena. Cuando se sentía perdido e inseguro. Cogía con su mano derecha un cuenco y bebía, hasta llenar su boca. Miraba al Este y expulsaba de sus labios un chorro de agua[1], para detener el viento de arena.




Sueños del exilio

Lienzo del pintor saharaui Fadel Jalifa

Por Bahia M.H Awah / Ilustración: Lienzo del pintor saharaui Fadel Jalifa / Fuente: Y… ¿Dónde queda el Sáhara? / Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista reflexiona en verso desde los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

Sueños del exilio
De esta reflexión en verso que surge desde el largo exilio que padece el alma del desterrado, caso del poeta Mohamidi y de los saharauis, quiero detenerme a pensar en lo escrito por Edward Said: “El exilio no es, después de todo, una cuestión de elección: uno nace en él y le sucede a uno. Pero dado que el exiliado se niega a mantenerse al margen de sus heridas, hay que aprender cosas. Él o ella deben cultivar una subjetividad escrupulosa (ni indulgente ni malhumorada)”.

Sueños blancos durmientes
en los párpados de la noche, temerarios,
delirantes, esgrimiendo las notas de un bohemio.

Despertar de trincheras a solas,
clamando los estribillos de granizos.

¡Ilusionistas héroes entristecidos!,
fuera de las horas de fulgores
con destello de candiles.

El dolor comulga en los tiempos,
aún sin miedo.

El borde del limbo se presta
con murmullos de sujetos desconocidos.

Océano muerto en el influjo
de lejanas olas desérticas con muros.

Un tambor de regocijo
colapsa el temblor de una tímida sonrisa.

Los balcones siguen llevando tu nombre,
y las grietas esconden una melodía
de violín enloquecido.

Corazón mudo ligado a la soberbia,
caldea inquieto el universo.




Leyuad, poema de Javier Andrada


Por Bahia MH Awah / Texto poema de Javier Andrada Alsina / Acuarela del pintor saharaui Fadel Jalifa / Fuente: Y..¿Dónde queda Sahara?

Artista transversal. Sus fotografías han sido publicadas en muy diversas revistas y editoriales: International Wildlife, Natural History, Geo, Airone, Grassdüinen, Tier, Natura, Periplo, Woman, Viajar, Microfisuras, Papers d´art, Quaders, Collins Editions, Omega...

“Leyuad montes míticos en la leyenda literaria saharaui. Cantados en mil y un verso en la memoria oral de la poesía hasania y español saharauis. Su nombre tiene significados: los generosos, los ilustres, los caballeros, los buenos anfitriones… también tiene sus leyendas diabólicas que forman parte de la narrativa oral saharaui. Me quedo con Leyuad”.
Bahia MH Awah.

“Mi deseo de conocer ese enclave mítico para los poetas saharauis”. Javier Andrada

Leyuad,
deseo que tus pastos nutran
la leche que me alimenta,
tus vientos ensanchen mi pecho,
tus arenas limpien mi cuerpo,
tus aguas sacien mi sed,
tu luz ilumine mi corazón.

Leyuad,
quiero que mi corazón forme
parte de tus galabba.

¡Ay¡ Leyuad,
y aún no te conozco.




El Sahara Occidental a debate en la London School Economics and Politic Sciencie, con el documental “Hijos de las nubes” y el escritor Bahia Awah


Texto: Bahia MH Awah / Fotos: L.H.M / Fuente: Y..¿Dónde queda Sahara? 

Decía el académico y antropólogo español Juan Carlos Gimeno, “donde hay un saharaui está el proceso de lucha del pueblo saharaui”. Y también en el mismo contexto de militancia intelectual, decía en verso el poeta e histórico polisario Biga Uld Baali al inicio del proceso de liberación nacional del Sahara Occidental.

التاريخ اتمش ينصاع          بيه اجيال اكتب بسباعو
و المناضل من لقتناع                  اكد احدد سراعو
Nuestra historia ha hecho
en su andar leyendas.
La nueva generación
ya sabe escribir más allá
de sus dedos.
Y el militante desde su convicción
sabrá acotar con determinación
expectativas e incertidumbres.

El pasado jueves 30 de noviembre, dentro del Spanish in Motion, un proyecto académico de la London School Economics and Politic Sciencie y en colaboración con el Instituto Cervantes en Londres y el Cañada Blanch Centre, fui invitado en calidad de escritor, realizador, antropólogo y poeta en el exilio para debatir con cientos de estudiantes y profesores sobre la película “Hijos de las nubes, la última colonia” realizada y dirigida por Álvaro Longoria y el actor Javier Bardem. La película fue premio Goya al mejor documental en 2013 y ganadora del X Festival internacional de Cine del Sahara, Fisahara en 2012.

“Hijos de las nubes, la última colonia” se proyectó en el Wolfson Theatre de la LSE abarrotado de estudiantes. La London School of Economics and Political Science, sede de este encuentro con la historia del pueblo saharaui, es una facultad de Londres, clasificada como una de las mejores universidades del mundo en ciencias sociales. Tras la proyección nadie pudo quedar indiferente ante el hilo que han escogido los realizadores de la película para contar la historia del proceso de liberación del Sahara Occidental y su trato a nivel de la comunidad internacional, asentada en su más funesta realpolitik, donde priman intereses de los estados frente al derecho de los pueblos y la legalidad internacional. “La realpolitik es pan de cada día en política internacional. Marruecos es el mayor enemigo potencial de España, reclama Ceuta, Melilla y Canarias (…) La “amistad” hispano marroquí es un entente cordiale que puede explotar en cualquier momento…”, en palabras de Álvaro Longoria.

La profesora Lourdes Hernández Martín había dado inicio al acto con una presentación sobre el propósito de estudio del documental como materia para los estudiantes.




El viaje en la distancia

Foto Biblioteca de Chej Malainin, Smara: Archivo/Mili en el Sahara

Por Bahia M.H Awah / Texto: Mohamidi Fakala, periodista y escritor saharaui que escribe desde los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia

Por muy larga que sea la distancia siempre ha tenido el valor de una impronta de estaciones dispares que han hecho del viaje una sola trascurrencia, y los pasos jamás se percibieron cansados en la inmensa senda que llevaba a buen arribo. Las llanuras por muy altas que sean terminaban en las crestadas de las dunas, con golpes de los vientos. Y los ríos, morían de sed sin que abandonaron los  cauces, mas también no cambiaban de nombre a fin de dejar las evidencias bien claras. En esa geografía de hechos y accidentes. Nunca faltaron aquellos cuerpos juncos de los hombres del desierto, afanados desde muy temprano en un vaivén por los caminos más lejanos a fin de no alterar los prodigios que la naturaleza les brindaba. En esa concordia con el tiempo, y por mucho que las piedras y las arenas se aunaban en contra, nunca fueron un obstáculo ante todo intento. Las proezas y las enseñanzas sin embargo eran el móvil de una razón, y un apretón de manos igualable a los ladridos de la vida misma. De esa simpleza, que no tenía nada de anacrónica, nació el esplendor del desierto en el corazón de muchos hombres y mujeres, que se agruparon consistentemente entorno a una fe inquebrantable, y una pacificidad aguerrida, que de la misma hicieron un módulo de identidad existencial a pesar de los desafíos.

Una consecuencia humana de pobladores que lograron con el tiempo adentrarse en los lugares menos sondeados del Imperio desierto. Es otra señalización de las rutas inexplorables, pero también como entendimiento de una pasión inevitable. En ese sentido, Los símbolos jeroglíficos, relanzaron las conquistas, abrieron por igual otros caminos. Para que más tarde, en los albores del siglo III a.c. apareciese el abecedario consonántico de los líbicos, que revolucionó en parte el entendimiento, a través de unas líneas que se leían de derecha a izquierda. De esta manera la escritura tifinag dejaba plasmadas las huellas en toda la región desértica. Los orígenes de esta civilización aún se constataban con sus sepulturas bajo un acopio de piedras. Sin embargo, desaparecieron con el tiempo sin juicio ni ruido, pero no antes de haber esculpido sobre relieve de piedras los nombres de los ríos, montes, páramos y pozo de las regiones de Tiris y de Zemur.

Motivados quizás por otros afanes, llegaron posteriormente los primeros ejércitos árabes con su lengua materna. De hecho, se consumaba la conquista del norte de África en el siglo VII por los hombres venidos de la península arábiga. En efecto, la escritura, el conocimiento y las letras se habían expandido por todas las direcciones, como los grandes ejércitos. Y a raíz de toda esa  evolución, se consagraba con el transcurso de los tiempos pactos en aras de conquistas territoriales. Y en 1885 se concretaba de hecho la colonización española a los territorios del Sahara Occidental.




El juego del viento


Texto de Mohamidi Fakal-la, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.



Por Bahia M.H Awah / Fuente: Y..¿Dónde queda Sahara?


En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui) cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

El siroco renace de lo susceptible de los vientos, de los alisios, del color pardo gris del cielo, del mutismo de la tormenta; (las aspiraciones del pueblo) es pues el reflejo simultáneo de la tierra que va perdiendo distancia y altura en contraposición con el horizonte opaco e invisible, (la ONU). Por excelencia el siroco es la otra neblina con ráfagas de calor y de arena, es la válvula de escape del desierto que fluye envuelta de ensueños maravillosos a causa de las bajas presiones del mare nostrum, (Nuestra Revolución).

El siroco impone su propia potestad sobre el terreno en el momento en que entra en desavenencias con el ábrego [3], anuncio para los ganaderos del Sahara en su cielo prodigioso de esperanza, (África y los saharauis).

Con el deseo de mojar los tobillos de afán y resistencia, el siroco persiste como la fuerza indómita que repele todo aquello que huye de su encuentro, (Revolución saharaui).




La rosa que tú eres


Por Bahia M.H Awah / Texto: Mohamed Ali Ali Salem / Ilustración: Fadel Jalifa

Si le preguntas a un saharaui sobre su dolor interior causado por el largo exilio, el largo refugio, la diáspora, términos desconocidos en su lengua hasania o hassaniya, lo más probable y sin evadirse que te respondería con un verso en vez de palabras de desconsuelo. El 10 de octubre es el Día de la Mujer Saharaui, el brazo fuerte en la sociedad y lucha política del Sahara Occidental.                           

(Palabras para evaporar el desconsuelo)

Cuando dormir no puedas,
cierra los ojos
aunque tengas desgarradamente
desvelada el alma,
rehén del dolor,
un arañazo en el corazón.

Algo.
Algo que se te escapa,
que persigues en los pensamientos.

Algo.
Algo que no puedes retornar,
ni seguir,
ni esperar.

Y te sientes vacía,
ausente
y anidas en tu ausencia.




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