UN FANTASMA recorre África, cual es la revolución. Revolución que
parecía dormida, ya que, aunque los pueblos pasan por largos periodos de
aletargamiento, al final, que es cuando ya se hace imposible seguir
soportando un sin fin de carencias democráticas y hasta de subsistencia,
salen a la calle y su protesta se convierte en universal, dispuestos a
cualquier cosa con tal de obtener lo que persiguen y no tienen. Lo que
acontece en Túnez, Egipto, Jordania. Yemen no se va a detener en esos
países, los rebasará y llegará a otros, y por propia inercia se
instalara también en Marruecos porque en el país alauí se dan las
circunstancias para que esto sea así.
Ya han hecho intento de quemarse a lo bonzo en las plazas de Rabat 14
profesores, emulando lo que ha sido el inicio, el toque de atención
para la movilización que está a la vuelta de la esquina, de tal manera
que el próximo 20 de febrero más de 20.000 jóvenes marroquíes saldrán a
la calle en una jornada que han calificado de "levantamiento nacional"
para exigir la instauración de una constitución democrática.
En Marruecos se sabe que la fortuna del rey roza los 40.000 a 50.000
millones de dólares. Controla holding, el 6 por ciento de la bolsa,
tiene 12 palacios con un gasto diario en el sostenimiento tan solo de
700.000 euros; a la vez su afición a los coches le hace tener 600 lo que
en definitiva está considerado como el séptimo monarca más rico del
mundo. Riqueza que seguro no le ha venido del esfuerzo y trabajo. Y,
entretanto, el 40 por ciento de la población está inmersa en la pobreza
más atroz y donde el salario mínimo es de 300 euros. Mohamed VI, cuando
fue nombrado se denominó rey de los pobres, aunque ahora ya se
considera también rey de los ricos. Su llegada al trono hizo concebir
ciertas esperanzas, pero la realidad es que varias decenas de familias
cercanas al trono controlan la riqueza del país. La corrupción alcanza
niveles superiores a Túnez y a Egipto. Es un país en que la práctica de
la tortura está generalizada y la censura de la prensa es constante; y
lo paradójico es que esta dictadura y con el pretexto de contención
del islamismo radical cuenta con el apoyo de las democracias
occidentales. Así mismo, el poder del monarca es casi ilimitado, nombra
al jefe de gobierno, preside los consejos de ministros, tiene opción
al nombramiento de los ministros con más poder: el de Interior,
Exteriores, Justicia, Asuntos Islámicos; puede disolver el Parlamento,
es el jefe de las fuerzas armadas, preside el Consejo Superior de la
Magistratura y nombra a cinco de los nueve que la componen, con lo cual
su poder es omnímodo.
Ante lo que se avecina, el monarca alauí ha decido de manera
preventiva bajar los productos de primera necesidad para evitar la
"revuelta del pan", así como importantes contingentes de tropas han sido
desplazadas desde el Sahara Occidental a Rabat y a Casablanca, a la
vez que hace pocos días ha estado en París para, desde el ministerio
del Interior francés, obtener las indicaciones precisas de cómo actuar
sobre posibles revueltas en las calles.
Lo de África da la impresión de que es imparable y actitud indeseable
sería la de aquellos que debiendo abandonar el poder utilicen la
mezquindad de sus recursos tiránicos y armar a sus secuaces para que
estos apunten ametrallando al pueblo que pretende hacer los cambios
necesarios que los mandatario no han hecho tras años y años de dictadura
y corrupción.
Marruecos posiblemente estará en la cuerda floja ante esta avalancha
revolucionaria, imprevista, que lo que pretende es poner las cosas en
su sitio en lo que respecta a la convivencia y la democracia, y que las
opulencias se desmoronen con la misma facilidad con que se han
instaurado.
Fuente: eldía.es
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