La sorpresiva visita del primer ministro del Reino Unido, David Cameron y el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, a Libia el pasado jueves tiene, sin duda, propósitos que van desde definir su respaldo a los líderes del Consejo Nacional de Transición -CNT-, El gobierno provisional del país (reconocido por la ONU este viernes), hasta el gesto más bien simbólico de ‘firmar el acta’ de la derrota de Muammar al-Gadaffi.
A sus 69 años de vida, el régimen de Gadaffi sumaba 41 años y curiosamente en los últimos siete había logrado prácticamente reconciliarse con los grandes poderes de occidente, aunque al comienzo de la década de los 80, cuando anunció que había adquirido armas químicas, se le marginó y se le calificó como una de las mayores amenazas para el mundo.
En los primeros años de lo que sería su largo gobierno, Gadaffi había casado algunos pleitos armados regionales, pero su enfrentamiento con occidente comenzó el 5 de abril de 1986 cuando agentes suyos activaron una bomba en una discoteca de la parte occidental de la aún dividida Berlín, atentado en el que murió un militar norteamericano de alto rango.
El golpe terrorista de Gadaffi tuvo respuesta inmediata por parte del gobierno del entonces presidente norteamericano Ronald Reagan, quien sólo nueve días después, el 14 de abril, dirigió un furioso ataque aéreo contra Trípoli y Bengasi que dejó no menos de 70 muertos, entre militares y civiles. Al fallar en su objetivo primordial que era el mismo líder libio, la acción occidental no sólo dejó la sensación de que Gadaffi era casi invencible, sino que aumentó su ira.
La respuesta de Gadaffi se hizo esperar dos años, pero fue despiadada: el 21 de diciembre de 1988, el vuelo 103 de Pan Am (Pan American World Airways) que salió de Londres hacia New York, explotó en el aire por acción terrorista y dejó sobre la población escocesa de Lockerbie un rastro mortal de 270 víctimas, de las que 189 eran naturales de Estados Unidos, lo que hasta el 11 de septiembre de 2001, se consideró como el ataque más devastador contra ciudadanos norteamericanos en la historia.
Sometida Libia a severas sanciones de la ONU, Gadaffi, 15 años después, el 15 de agosto de 2003, aceptó la autoría del hecho por parte de dos agentes de su país; cuatro meses más tarde, el 19 de diciembre, renunció voluntariamente a su programa de armas nucleares y el 6 de enero de 2004 ratificó el Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares. Con esto, las sanciones de la ONU se levantaron, las relaciones diplomáticas y comerciales con EU y Europa mejoraron y Libia se abrió a las inversiones extranjeras.
Pero, paradójicamente, cuando dieron fruto sus gestiones de reconciliación con sus enemigos lejanos, el hasta ahora invencible poder de Gadaffi fue derrotado por la oposición interna, animada por la ola de rebeldía que recorre aún el norte de África especialmente, en un movimiento insurreccional espontáneo que la historia ha bautizado como la Primavera Árabe.
Después de la visita de Cameron y Sarkozy a Libia, la pregunta de la comunidad internacional es si con esto se logra el objetivo de legitimar el gobierno provisional del país norafricano y la caída de la dictadura existente. La respuesta es tan compleja como han sido los últimos acontecimientos en ese continente. El país queda frente a una institucionalidad en estado calamitoso, sumada al desafío de armonizar una nación en donde la amplísima variedad étnica – tribal dificulta en gran medida la operatividad de medidas de índole nacional por la vía de la democracia tradicional.
Sin duda, y así lo demostró la visita presidencial, la comunidad internacional, particularmente Europa, estará al lado del proceso para establecer el sistema democrático, además de apoyar programas humanitarios y tratados económicos que garanticen que lo que se reconstruya ahora, tenga larga duración.
De todas formas, lo que parece seguro es que, despues de los miles de muertos que ha dejado la guerra y el retiro del poder de Gadaffi, Libia será la más reciente, pero no la última fase de ‘La Primavera Árabe” por cuanto aún se mantienen en estado de negociación o confrontación política y social, países como Siria, Sahara Occidental, Argelia y Marruecos, entre otros.
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