El autor analiza el impacto del golpe de Estado de 1992 en la sociedad civil, su inoculación y el papel que juegan los partidos políticos que, según Benderra, sirven como pantalla para los poderes reales del país. La guerra contra el terrorismo, apunta, "ha servido para que la policía ejerza su apretado control sobre toda actividad".
La burocracia gobernante en Argelia, una burguesía militar-financiera formada alrededor de los jefes de inteligencia militar, se basa en dos instrumentos: la vigilancia policial y la corrupción. El aparato de seguridad es la columna vertebral invisible del sistema argelino que, haciendo caso omiso de la ley, vacía las instituciones de toda sustancia y debilita al Estado de forma muy considerable. La vigilancia policial se lleva a cabo usando una asfixiante red de información y el control policial de todas las instituciones y organizaciones, ya sean administrativas, medios de comunicación, instituciones económicas, organismos culturales, religiosos, sean o no nominalmente parte de la sociedad civil.
El marco institucional de Argelia es una aldea Potemkin, la realidad de una dictadura escondida detrás de una fachada legal. El poder real está fuera de las instituciones.
El marco institucional de Argelia es una aldea Potemkin, la realidad de una dictadura escondida detrás de una fachada legal. El poder real está fuera de las instituciones.
La vigilancia policial es muy fuerte y está acompañada de una estrategia de fragmentación de las luchas sociales, además de grandes dosis de anestesia para obviar la corrupción. Argelia tiene una economía rentista basada en la explotación de los recursos fósiles que sí puede conceder becas y estipendios a sus clientes, pero minimamente responder a las demandas sociales mediante el aumento de los salarios en el sector público y distribución de crédito para los jóvenes desempleados, que oficialmente están destinados para la creación de empresas o de "empleo juvenil", pero que se utilizan principalmente para la compra de automóviles y otros bienes de consumo.
La orientación de una parte de la renta a los ciudadanos y a "peligrosas" clases sociales permite la creación de la riqueza y mantener los niveles de consumo ostentosos, pero no puede calmar las expectativas de la población. La desesperación de los argelinos desemboca en el fenómeno de la inmigración ilegal y la multiplicación de los disturbios localizados que se han convertido casi todos los días en una erupción de la ira popular espontánea, pero que carece de estructuras de liderazgo o políticas.
VACÍO POLÍTICO
El periodo de la guerra civil de los 90 que causó 200.000 muertos, cerca de 20.000 desaparecidos y el desplazamiento forzoso de cientos de miles de personas, permitió que el régimen pudiera romper todas las estructuras organizativas del país. La Junta Militar decidió parar el proceso electoral en 1992 y naturalmente tiene responsabilidades principales en el terrible baño de sangre posterior y en la sucesión de atrocidades sin precedentes que se dieron en el país, aunque algunos líderes islamistas desde luego deben compartir las culpas por haber defendido la lucha armada contra los golpistas y sus aliados.
La “guerra sucia” y el clima de terror que se creó, permitió el desmantelamiento del sector público del país y la aplicación de un ajuste estructural en 1994 bajo el escudo del Fondo Monetario Internacional, que se tradujo en la orientación de la economía no equitativa que actualmente prevalece en el país.
La guerra antisubversiva y la procesión de leyes de emergencia que acompañaron el proceso, permitió el bloqueo del proceso político y creó una escenario de partidos bajo la supervisión de la policía. El cuerpo policial, a la sombra, jugaba a política entre una oposición constituida por personajes de dibujos animados, como se dice en Egipto, y el partido de gobierno, que no tienen ningún vínculo con la realidad política del país y realmente es una pantalla para los grandes grupos de interés que efectivamente dirigen el país.
La guerra contra el terrorismo, con sus disposiciones legales, es una manera de silencia cualquier expresión crítica y bloquear cualquier forma de organización pacífica de la sociedad, así como prohibir el derecho de manifestación y de reunión.
El levantamiento del estado de emergencia en febrero de 2011 fue introducido en febrero de 1992 y es una concesión puramente formal tras las revueltas árabes, que no altera la gestión represiva en el poder desde el golpe de Estado de 1992. Las nuevas leyes de información y asociación confirman las restricciones de libertad de expresión y represión que se daban en el pasado.
Los partidos y asociaciones fuera del control de la inteligencia militar, después del golpe de estado de 1992, fueron puesto bajo control y su liderazgo, cooptado. Con la excepción del FFS presidido por Ait Ahmedn, los partidos políticos que son los más frecuentemente citados por la prensa extranjera y oficialista, son extensiones del sistema, incluyendo los que piden un boicot a las elecciones legislativas. Las organizaciones de la llamada sociedad civil, con la excepción de algún sindicato autónomo y de algunas ONG's que velan por los Derechos Humanos, son cascaras vacías utilizadas para mantener la ilusión en el mundo exterior de que existe un espacio real para la política en Argelia.
Los argelinos no son engañados en lo más mínimo por las manipulaciones del sistema, son en su gran mayoría ajenos a la propaganda oficial y no tienen confianza alguna en cualquiera de los actores o instituciones del sistema político. La sociedad argelina está saturada por la violencia y, desgraciadamente, en un proceso rápido de degradación.
OMAR BENDERRA
Fuente: Guin Guin Bali
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