Cuando se juega a colonialista, hay que tener todos los medios para ello. El Majzen no los tiene o cree, equivocadamente, que los tiene por procuración. Lo es, por otra parte, en los métodos arcáicos de ocupación militar, con todo lo que ello implica como gastos en finanzas públicas al borde de la bancarrota y en las insostenibles demandas populares. Además, sus apoyos no parecen apreciar sus desvíos y su arrogancia. Se lo han hecho saber a raíz de su vanidosa decisión de “retirar la confianza” en el enviado de la ONU para el Sáhara Occidental, Christopher Ross.
Confiado en tener amigos en las altas esferas en el concierto de las naciones, el rey Mohammed VI pensó que podía permitirse ser arrogante en un problema que sigue pendiente en materia de derecho internacional. Segúramente, se convenció de que le era posible imitar al estado sionista, sin medir la distancia que le separa del modelo que adoptó como ejemplo.
Desafíar a la ONU no esta permitido a un “indígena”. Por lo tanto, podemos adivinar la pena del rey cuando, tragando su dignidad, tuvo que recibir a aquel que él no quería y del cual creyó poder deshacerse con facilidad. Bien reprendido, el rey debe empezar a dudar. El, que debe estar diciéndose que hizo todo lo posible para seguir contentando a los amos. El hecho de haber estado en la vanguardia de las guerras contra Libia y Siria no influyó mucho en la balanza.
Los límites están ahí presentes y no puede ser Israel quien quiera serlo. Además, la llamada al orden resucitó grandes temores y redujo a pedazos certezas. Tal vez, hubiera sido suficiente que su capricho sea aceptado para que M6 sea confortado en su confianza en que el Sahara Occidental le sea reconocido. Pero no fue así.
Es que los tiempos se han vuelto muy difíciles. Los marroquíes ya no tienen tanto miedo como antes. Hablan, se manifiestan y debaten sobre la pertinencia de los poderes reales y no hay dinero para responder a una demanda inconmensurable. ¿Será posible, en estas condiciones, mantener a decenas de miles de soldados (alojados, alimentados, pagados, curado, armados…) con la esperanza de quedarse con un territorio cuya anexión sigue siendo muy problemática?
Así, “Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios le asista, recibió en el Palacio Real de Rabat, a Christopher Ross, Enviado Personal del Secretario General de la ONU para el Sahara”, nos informa un comunicado del palacio marroquí. El Majzen, aferrándose a su posición de proponer una “amplia autonomía”, reconociendo, de este modo, que el país no forma parte de Marruecos, si no, debería explicar por qué el Sahara gozaría de una posición privilegiada en comparación con el Rif u otra región del reino. La respuesta es, sin lugar a dudas, difícil de encontrar, sobre todo que también habría que aclarar porqué Marruecos aceptó compartir el territorio con Mauritania, en tiempos de la folklórica “marcha verde”.
Si a esto se añade la falta de entusiasmo de los reyes y emires del Golfo a socorrer al Makhzen, se puede decir que los tiempos le serán cada vez más difíciles, a menos que la sensatez se imponga para hacerle admitir la imposibilidad de una ambición sobredimensionada en comparación con la capacidad real del colonialista en escala reducida.
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