A pesar de que la política exterior de España frente a Marruecos no existe y consiente todos los agravios y desafíos del régimen autoritario de Mohamed VI –de cuyos hábitos de corrupción ha dado información la diplomacia americana gracias a Wikileaks-,
estamos a punto de asistir a un brusco cambio a favor de una muy
repentina moderación de la actitud de Rabat hacia España porque los
acontecimientos de Egipto, Túnez y Jordania están llegando al país
vecino, donde han comenzado las protestas en apoyo de la rebelión
popular egipcia contra Mubarak, tal y como se evidenció en El
Cairo. Pero también con gritos contra la corrupción marroquí lo que
podría significar el inicio de una nueva revuelta, como la que temen
gobiernos de Washington, París y Madrid que intentan arropar al monarca
alauita, preocupados con la imparable desestabilización del Magreb.
Pero a sabiendas el Gobierno español que el estado de ánimo de los ciudadanos españoles contra el régimen de Mohamed VI
es creciente, y cuenta con apoyo de los principales medios españoles de
comunicación –recientemente agredidos por el gobierno de Rabat-, e
incluso apoyados por el malestar del Partido Popular al que ha agredido públicamente el ejecutivo marroquí (organizando manifestaciones contra el PP
y sus dirigentes). Sin imaginar Rabat que unos meses después la
rebelión popular contra los regímenes autoritarios del norte de África
iba a provocar un incendio de las magnitudes que hemos visto en Túnez y
en Egipto. Y al fondo de todo ello el problema del Sáhara que en el rio
revuelto general va a tener su propio protagonismo y oportunidad.
Ahora el Gobierno de Rabat necesita del apoyo de España, y ya se guardarán Zapatero y el PSOE de posicionarse ahora en favor del régimen de Mohamed VI porque los españoles no les van a seguir sino todo lo contrario. Y vamos a ver que hace o dice la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez,
a la que tan grande le queda el cargo y que recientemente habló en
Washington con su homóloga Clinton a propósito del Sáhara, porque la
diplomacia española es hoy insignificante, por causa de la pérdida de
prestigio de España en el mundo y en la Unión Europea especialmente por
culpa de la crisis económica y social que nos invade y que, dicho sea de
paso, afecta también al cerca de millón de ciudadanos marroquíes que
habitan en nuestro país.
De manera que mucha atención con el vuelco “favorable” que Marruecos
va a dar a sus relaciones con España, porque ahora necesita el apoyo del
Gobierno de Madrid y también el de la oposición del PP,
que está en el camino de la Moncloa. Donde los marroquíes tendrán
muchos mas problemas será en su relación con los medios de comunicación
españoles que se han convertido en altavoces de la crisis del mundo
islámico del norte de África y que llegan con gran facilidad y nitidez
al pueblo marroquí sin que la censura oficial del gobierno alauita pueda
poner la mordaza que habitualmente suelen imponer a los medios
marroquíes, y que va a resultar inútil en este mundo global y
comunicado de Internet, como se ha visto en Túnez y Egipto.
Aunque por el momento las protestas marroquíes parecen ser de menor
cuantía y controladas por el poder marroquí, el ejemplo de Túnez y
Egipto está ahí, como ahí están los graves problemas sociales de pueblo
marroquí y los escandalosos privilegios de su clase dirigente. Dos
ingredientes inflamables que en cualquier momento pueden provocar una
revuelta general, de ahí que ahora el Gobierno de Rabat esté
estudiando la puesta en marcha de unas medidas económicas y sociales
que veremos si no llegan tarde y si consiguen frenar la incipiente
protesta que acaba de comenzar.
Fuente: Pablo Sebastián
Delegacion Saharauis para EspañaImprimir artículo
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