Probablemente hasta dentro de algunos años
no podamos digerir los momentos históricos que estamos viviendo en el
mundo árabe. Los vientos de libertad que han llevado consigo a más de
un sátrapa que ya preparaba la sucesión de su trono, seguirán soplando
en nuestra región. Ninguno de los tres dinosaurios extinguidos contaba
con su fin. La contundencia de los pueblos superó a unos gobernantes que
vivían en los mismos países que sus pueblos pero en diferentes épocas.
Tantas injusticias, corrupción y despilfarro habían sembrado una apatía
en el mundo árabe que hacía casi imposible pensar que los pueblos podían
despertar de su largo letargo. Wikileaks fue la mecha que abrió los
ojos a millones de personas acerca de los asuntos sucios de sus
gobernantes y entonces se inicia la revolución en donde los dictadores y
sus aparatos de seguridad no suelen llegar. Las redes sociales e
internet.
Muchos estudiosos creen, no sin razón, que Gdeim Izik
fue la cuna de la revolución magrebí. ¿Porqué, entonces, este viento de
libertad que sopló desde el occidente de la región obtiene sus
resultados en la parte oriental del Magreb?
La descolonización
del Sahara Occidental ha perdurado a todos los contextos internacionales
y regionales del último medio siglo. El conflicto saharaui ha
sobrevivido a la guerra fría, a la caída del muro de Berlín, a dos reyes
de Marruecos, a cinco secretarios generales de la ONU, a un sinfín de
representantes personales y enviados especiales de la ONU, y al mundo
de la guerra preventiva y la guerra contra la nebulosa de Al Qaeda.
También, es verdad, que Marruecos trató, siempre, de aprovechar cada
contexto histórico para encasillar a los saharauis en el lado que hay
que erradicar. Comunistas en los 70 y 80, islamistas en los 90 y parece
que ahora mercenarios a sueldo de Gadafi. La manta, sin embargo,
siempre ha dejado al descubierto la cabeza embustera del majzén.
El
contexto actual es, extremadamente, difícil de predecir. Los
acontecimientos se han sucedido de forma muy precipitada y todos los
medios de comunicación intentan adivinar quién será el próximo en caer.
En Marruecos hay una monarquía feudal donde el rey reina y gobierna.
Marruecos es todo lo contrario a los valores de libertad, dignidad y
emancipación social. Marruecos es quizás el único país donde los
súbditos, que no ciudadanos, tienen que besar la mano del Sultán.
Según la constitución de Marruecos el rey nombra al primer ministro y
los ministros de soberanía. En Marruecos el rey es el hombre más rico
del país y según Wikileaks obtiene sobornos, incluso, de todos los
negocios inmobiliarios que se realizan en el reino. El rey alauí es,
además, el comendador de los creyentes. Millones de marroquíes viven en
chabolas en las ciudades más grandes del país y otros millones arriesgan
su vida en pateras para vivir con dignidad. A Marruecos, a pesar de
todo esto, la libertad demorará en llegar. Y es que Marruecos tiene
menos libertad y menos recursos que Túnez, Egipto y Libia pero los
marroquíes ni son como los tunecinos, ni como los egipcios ni los
libios. La mayoría de los marroquíes (los rifeños son la excepción) son
sumisos, menos activos políticamente y más conformistas que los demás
países de la región. Ante la ya larga dictadura patrañera de reyezuelos
ineptos no luchan. Emigran. Y la libertad no se regala. Hay que
merecerla.
Los marroquíes no solo no luchan por su libertad sino
que impiden la autodeterminación y emancipación de un pueblo vecino.
Contrario a lo que han hecho otros pueblos, los marroquíes han fomentado
la creación de milicias de colonos y baltagia para masacrar a los
saharauis que luchan por su libertad. Por tanto esperar que nuestra
libertad llegue como consecuencia de una revolución democrática que
lleve la libertad al pueblo marroquí es de ilusos. Pero eso no quiere
decir que perdamos la esperanza de llegar a nuestra libertad gracias a
este viento de liberación que atraviesa nuestra región. Los marroquíes
irán a su velocidad y nosotros tenemos que ir a la nuestra. Hay que
buscar las formas de subirnos a este tren de la liberación. Para ello
tenemos que realizar nuestras propias reformas y promover la democracia y
la transparencia. Es muy importante que seamos parte integrante de este
movimiento de hombres libres que quieren cambiar nuestra región y no
quedarnos en el vagón del inmovilismo.
¿Que podemos hacer? Pues
muchas cosas. Para empezar debemos emprender un nuevo plan de acción que
devuelva la confianza a todos los saharauis en una dirección renovada,
en su lucha y en su causa. Para ello es necesario abrir un genuino
proceso de debate que desemboque en el próximo congreso del frente
Polisario y que traiga un cambio real, verdadero y palpable. Seguir
apostando por la política de parches o continuar intentando tapar
huecos, ahora, es políticamente suicida para nuestra organización y
extremadamente peligroso para el futuro de nuestra causa.
Por Abdalahi Mahayub
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