A su paso por Pamplona, cierra la Muestra de Cine y Derechos
Humanos de IPES, ¿qué papel efectivo cree que puede jugar el cine en
este ámbito político y social?
El cine es un vehículo de información, como la prensa, la radio o la
televisión. Pero creo que va más allá, y consigue ponerle alma y
corazón a esas imágenes que vemos en el telediario continuamente y que
parece que ya nos han dejado de afectar. Y el cine consigue eso, que el
espectador se identifique con el personaje o la historia que le están
contando. En ese sentido, por encima de cualquier otro medio de
comunicación, el cine consigue acercar al espectador esas realidades que
se viven en el mundo y que de otro modo pasarían desapercibidas.
Acaba de llegar del Festival de Cine del Sáhara, donde ha
ganado la Camella Blanca por 'Entrelobos', ¿cómo ha sido la
experiencia?
Ha sido tan bonita... Es la segunda vez que voy. Hay que tener en
cuenta que el festival se celebra en un sitio en el que durante once
meses y tres semanas al año no ocurre absolutamente nada; donde,
precisamente por eso, existe una cierta desidia y donde los jóvenes te
dicen que casi prefieren morir de un tiro que de aburrimiento. Y
llegas tú con tu aire fresco de fuera, con toda la energía positiva de
ayudar a la gente y proyectas tus películas en el desierto bajo un
millón de estrellas viendo la cara de los niños disfrutando con
ellas... Es una experiencia maravillosa, en el caso de Entrelobos
recuerdo que cuando terminó la película todo el mundo se puso a aullar
y eso es muy chulo. Yo he ganado muchos premios internacionales con
mis películas, algunos muy importantes, pero ninguno me ha hecho tanta
ilusión como éste, porque este festival es muy de verdad, muy humano.
Ellos te dan a ti mucho más de lo que tú les das a ellos, y para ti es
muy bueno porque reseteas el disco duro, entiendes de dónde vienes,
valoras más lo que tienes...
En este sentido, ¿cuál es el fin último del FiSahara?
Creo que, al final, lo que consigue este festival es dar voz a esta
gente, porque nadie habla de ellos, están abandonados. Van pasando los
años, Marruecos es un país muy importante para Europa, Francia siempre
está vetando las resoluciones de la ONU para que se verifiquen de una
vez los derechos humanos en el Sahara Occidental y no hay manera... Así
que lo que conseguimos con esta iniciativa es que se hable un poco de
ellos a nivel internacional. Para ellos es muy importante no sentirse
olvidados. Cuando llega la caravana de españoles allí y ven que todavía
nos acordamos de ellos, que les llevamos nuestra cultura, que
compartimos con ellos nuestras experiencias... Me contaba una chica
saharaui que los jóvenes de los campamentos de Dajla se pasan todo el
año esperando a que llegue esa semana, porque para ellos es una semana
mágica. Esos días las chicas pueden salir, no están tan controladas por
la familia, pueden buscar novio, conocer gente de fuera... Y si,
además, te vienen personajes como Javier Bardem y le dan un impulso tan
importante al festival, pues mucho mejor. Recuerdo que alguno de los
españoles les dijo algo así como 'vosotros sois un ejemplo para el
mundo, pero el mundo no es un ejemplo para vosotros'. Y tenía mucha
razón.
¿En España existe la suficiente mala conciencia que debería existir por haberles abandonado?
Creo que la sociedad española está haciendo por el Sahara lo que no
ha hecho el Gobierno. Existe una vinculación histórica, colonial, con
el antiguo Sahara español y eso sigue en el corazón de la gente. Esa
deuda histórica la estamos cubriendo la ciudadanía española, de hecho,
el país que más apoya a la causa saharaui es España, pero no a través
del Gobierno, sino a través de asociaciones y colectivos.
Echando un vistazo a su trayectoria, se diría que Gerardo Olivares es un realizador comprometido.
La verdad es que entré en el cine de una forma más bien atípica. Si
hace seis años me preguntas si voy a ser director de cine de ficción,
te respondería que ni de chiste. Yo vengo del documental, he viajado
por todo el mundo trabajando. Y, precisamente, los viajes me han
ayudado a abrir la mente y a sentirte comprometido, sobre todo si vas a
países pobres y duros de África o Latinoamérica. Así que, poco a poco,
empecé a centrarme en los temas que me habían agitado por dentro y empecé
a hacer documentales de corte social tipo El hambre en el mundo explicada a mi hijo y Una nube sobre Bopal,
y cuando di el salto a la ficción me di cuenta de que ficcionando
estos dramas podía llegar todavía más dentro del corazón de la gente.
Fue cuando hizo '14 kilómetros'.
Así es, pero el gran premio de 14 kilómetros es cuando la
gente se te acerca y te dice que desde que vio la película cada vez que
ve un negrito por la calle ya no le mira con los mismos ojos. Eso es
difícil lograrlo con un documental.
¿Cuáles son las historias que le interesa al llevar al cine?
Historias que me conmueven y me apetece contar. Sé que 14 kilómetros y Entrelobos no
tienen nada que ver en apariencia, pero hay un punto en común, quizá
porque son historias muy humanas y, sobre todo, reales. A mí me interesa
contar historias verdaderas y potentes que, además, tengan un mensaje
de fondo. Por ejemplo, 14 kilómetros es una película sobre la lucha y la superación, y Entrelobos es una historia de amor entre un niño y la naturaleza.
Para una persona que ha hecho una película sobre el
Estrecho, saber que hace unos días se abandonó a decenas de inmigrantes
en el mar tuvo que ser demoledor.
¿Sabes lo que pasa? Que parece que cada vez tenemos menos valor como
individuos. El mero hecho de que en esta sociedad ya se dé por seguro
que hay ganadores y perdedores ya dice mucho. Los intereses nacionales,
energéticos o económicos ya están por encima de todo. ¿Por qué, si no,
se actúa en Libia y no en los campos saharauis? Pues porque Libia
tiene petróleo y gas y como en el Sahara está implicado Marruecos, no
interesa intervenir.
¿Y por qué ahora parece que las fronteras de Europa se están blindando?
Eso es, ¿crees que 100.000 inmigrantes repartidos por toda Europa
suponen algo? Nada, en absoluto. Vivimos inmersos en una hipocresía
brutal del tipo 'yo te quito a ti todo lo que quiero, pero no se te
ocurra venir a mi país'. Todo lo que está pasando en el Magreb lo hemos
provocado nosotros; Occidente ha mantenido a esos regímenes por
beneficio propio. Así que el hecho de que sesenta tíos se pierdan por
ahí, por el mar, qué más da. Terrible.
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