Cada día, 10 personas en todo el mundo pierden la vida o ven atacada su integridad física por culpa de una mina antipersona u otro material de las mismas características. Ésto significa que anualmente alrededor de 3.600 personas mueren o son heridos por este armamento.
En la actualidad, todavía hay 60 países con territorios o áreas geográficas que esconden minas, afectando a millones de personas que tienen que vivir día a día con el peligro de pisar en el lugar equivocado.
Colombia es el país con más explosiones, muertos y heridos.
De todos estos países, Colombia es el que arroja peores datos. Desde que en 1999 se comenzó a documentar los accidentes, muertos y heridos, este país latinoamericano lidera el macabro ránking con un total de 9353 explosiones. Le siguen Camboya con 8227, Irak e Irán con 4.671 y 4.367 respectivamente. Junto a ellos, India y Pakistán se sitúan muy cerca con alrededor de 3.600 explosivos activados, lo que convierte a Oriente Medio e Indochina en las regiones del mundo con mayor número de minas activadas.
Otros países de estas zonas, como Vietnam, Nepal y Turquía también se cuelan en la lista de los países con mayor actividad de minas antipersona. El cuerno de África también es una región que vive azotada por este tipo de armas. En los últimos años, un total de 7.010 de este tipo de explosivos han sido pisados por algún ciudadano de sudanés, etíope o somalí.
En cuanto al número de fallecidos, Colombia vuelve a ser nuevamente el país que mayor número de personas ha tenido que enterrar, un total de 1903. Vietnam y Camboya se acercan al país andino con 1683 y 1589.
El número de heridos generados por pisar una bomba antipersona asciende en Colombia a 7.450 personas, cifra que vuelve a elevar a este país hasta lo más alto en el ránking de estados afectados por este armamento. Muy cerca se sitúa Colombia con 6638 accidentados y después Irán con 3148.
Existen 160 millones de minas almacenadas
Al menos 50 países en el mundo reconocen haber fabricado minas antipersona para uso propio o para comercializarlas. Un total de 161 naciones firmaron en 1999 el Tratado de Prohibición de Minas. Ninguno de los asociados las fabrica o las usa, por lo que el comercio con estos artefactos se ha reducido drásticamente. Sin embargo, todavía 36 estados permanecen fuera del tratado, reservándose el derecho de uso de las minas terrestres en cualquier momento. La mayoría de los que no se han adherido a este convenio internacional, mantiene sus arsenales pero no fabrican nuevas armas de este tipo, salvo Myanmar, Pakistán, India y Corea del Sur.
El arsenal total de minas antipersona en el mundo asciende a una cifra de 160 millones de unidades. La mayoría se encuentran en Estados Unidos, que ha reconocido tener nueve millones, y también China, Rusia y Pakistán.
La Campaña Internacional para la Prohibición de Minas (ICBL por sus siglas en inglés), premio Nobel de la Paz en 1997, reconoce que el uso de estas armas en el presente es muy limitado. Pese a ello tienen constancia de que han sido usadas en recientes conflictos armados como el de Libia bajo el mandato de Gadaffi y la guerra civil de Siria. Myanmar es el tercer gobierno que se ha mantenido insistente en la colocación de estos artefactos.
Pese a que es sabido que el monopolio de la violencia lo ejercen los estados, hay numerosas organizaciones no gubernamentales que disponen de importantes arsenales de minas y que las han usado provocando muertes y heridos en todo el mundo. La actividad armada de las FARC en Colombia es una de ellas, y explica los altos datos de accidentalidad y mortalidad por minas terrestres en este país.
Las minas buscan mutilar, no matar
La tecnología con la que estas armas son creadas tiene un objetivo mucho más macabro que el de asesinar. Los ejércitos prefieren que estos explosivos mutilen a los militares o los civiles, con el fin de producir mayores costes a los estados. Una persona fallecida no gasta, sin embargo una persona con algún tipo de discapacidad provocada por una mutilación no puede trabajar en las mismas condiciones y puede acogerse a algún plan de ayudas sociales estatales.
Según la Universidad de la Sabana, en Bogotá, la rehabilitación de cada herido por una mina cuesta 90.000 dólares al Estado y compromete a tres personas: el propio herido, la persona que le cuida y la que mantiene económicamente a los dos.
Por todo ésto, es tan importante tener datos acerca de las personas heridas por las explosiones de armas como de los fallecidos.
Además, las minas provocan otros efectos. Forman una clara barrera que impide la movilidad de la población, para huir o para cualquier otra necesidad. Al mismo tiempo, los campos de minas suponen territorio que limita enormemente la agricultura de una región o un país. Más de la cuarta parte de la tierra cultivable de Libia no puede ser sembrada a causa de las minas instaladas durante la II Guerra Mundial. Afganistán o Camboya podrían duplicar su producción agrícola si no fuera por este arsenal militar.
Al mismo tiempo, el terror que siembran hace que los ejércitos enemigos se muestren temerosos de adentrarse en algunas zonas de batalla si se tiene conocimiento de que ésta está sembrada de minas.
Fuente: Remmso.org
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