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“Chofilo” de soldado colonizador a revolucionario Polisario

Por el periodista y escritor Mohamidi Fakal-la / Fuente: Diario La Realidad Saharaui, DLRS

Chofilo no se sabía a ciencia cierta si era de Huesca o de otro lugar de Aragón. Parecido misterio ocultó también su auténtico nombre detrás de un apodo. Lo que es seguro es que vino de aquellas frías altitudes, a finales de septiembre, con mochila al hombro y un uniforme de recluta, en el interior de un avión C-130-Hércules. Por cierto, corría 1967, "El año de las firmas " (عام السنيات), por las cuales el Sahara Occidental se convirtió en una provincia más del Estado español. Como la tradición mandaba aún entonces, se relacionaban los años con nombres propios de lo acontecido, fuera esto natural, económico, político o, de otra índole. Y ese año no fue una excepción en la historia del Sahara Occidental.

La diferencia iba mucho más allá en el caso de los amigos de Chofilo, que se mofaban de él con ironía, diciendo que su presencia por estos lares estaba motivada por su incredulidad en los hechos que deparaba el clamor del destino, unas veces en forma de retazos y en otras ocasiones marcaban las evidencias de una aventura, lejos de donde hubiera nacido.

Distinguirlo entre sus compañeros era una quimera, porque todos tenían la cabeza rapada y cantaban a coro el mismo himno de muchachos entusiastas, con el mismo espíritu permanecieron hasta los últimos días en las ciudades de la colonia española, “Sahara Occidental” a pesar de los vientos desfavorecidos.

Con el sentir de tanta perplejidad, Chofilo intentaba reforzar la memoria para poder asociar algún vestigio de aquel sueño idílico de los parajes africanos, que tanto le habían motivado durante los tiempos de adolescencia. Pero la objetividad se convertía en constancia, y la mirada retrocedía igualmente con la misma angustia del silencio del lugar. Silencio interrumpido por las órdenes castrenses que se alzaban sobre todos los mandos de los uniformados, a pocos metros de la escalerilla del avión que aún no ha pagado los motores de un largo viaje. Al margen del ruido de las turbinas, se oían las presentaciones y las ovaciones y las ¡viva! en boca de los hombres recién llegados.

Toda la ceremonia de bienvenida fue resumida apenas en un cuarto de hora, al son de la banda que alentaba marcialmente a servir con honradez a la patria. En la pista de aterrizaje no se pronunciaron discursos ni tampoco se levantaron tarimas, ni para los recién llegados ni para los que se iban. El oficial de mayor rango, contemplaba desde lejos el efímero acto con sus pies firmes en una tierra cautivadora de tanto amor desde muy temprano. Mientras, las carrocerías de los camiones Pegaso se disponían a cerrar las puertas con los soldados adentro para dirigirse a sus respectivos cuarteles desperdigados en el interior del desierto.

Pero en la distancia del tiempo, Teófilo ya no se llamaba Chofilo, porque había recuperado su nombre verdadero, y porque así agradaba a su madre. A todo ello se sumaría el ascenso a suboficial de primera, a pocos días del repliegue de los ejércitos saharianos. 1975,"Año de los acuerdos de Madrid"(عام التفاقية مادريد). Y a raíz de los preparativos del abandono, le encomendaron la difícil tarea de retirar los símbolos representativos de las plazas de la colonia. Como buen soldado cumplió las órdenes dadas, pero no regresó a la península, prefirió quedarse al lado de los saharauis. Y a finales de diciembre del mismo año, cayó luchando contra los ejércitos de Marruecos en la batalla de Amgala, enarbolando la máxima: ¡Aquí no se rinde nadie! Así lo atestiguaba el cargador de la ametralladora MAG-30 de fabricación americana, Mohamed Alí, herido y apresado en la misma batalla.


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