¡SAHARAUI, SAHARAUIA, EIDA FEIDAK LILHURRIA! (tu mano junto a la mia hasta la libertad) ¡Rompamos el bloqueo informativo. Derribemos el Muro de Silencio! ¡LABADIL, LABADIL, AN TAGHRIR ALMASSIR! (No hay otra opcion que la autodeterminación)

EL SÁHARA DE LOS OLVIDADOS اِل ساارا دي لوس اُلبيدادوس




"Háblale a quien comprenda tus palabras"
"Kalam men yafham leklam"

La permanente asfixia de los saharauis

La lucha por el control exclusivo del Sáhara no ha cesado entre Marruecos y el Frente Polisario, como representante del pueblo saharaui, desde que, hace 35 años, España abandonara su colonia.
Otra vez saltó con violencia a las primeras páginas de la actualidad el problema del Sáhara Occidental por el motivo de siempre, la represión marroquí contra las aspiraciones de libertad de ese pueblo. Los saharauis figuran entre los ejemplos de los condenados de la Tierra, como llamó Franz Fanon a los pueblos que viven en la cuneta de la historia.
En esta ocasión, la chispa que encendió la cólera marroquí fue el campamento levantado en las afueras de El Aaiún, en la zona de Gdeim Izik, de ahí su nombre. Sembraron la tierra reseca con unas coloristas tiendas de campaña y allí se alojaron 20.000 saharauis como original forma de protesta contra el asfixiante colonialismo (así dijeron) marroquí.
La rebelión era demasiado visible y contrastaba con los mensajes de Marruecos afirmando que en El Aaiún habita una población sin problemas con la Administración y que sintoniza mayoritariamente con la política de Rabat. El Gobierno de Marruecos, empezando por el rey Mohamed VI, sitúa las proclamas y las luchas independentistas fuera de las ciudades del Sáhara Occidental, y por eso centra su atención en los campamentos de Tinduf, levantados en territorio argelino, y en otros lugares del extranjero donde se mueven “los agitadores” del Frente Polisario. Parece que el montaje del campamento cogió a los marroquíes por sorpresa y reaccionaron desmantelándolo con la máxima violencia, una violencia que siguió y sigue, cuando escribo este análisis, en El Aaiún y otros lugares hasta límites que algunas fuentes llegan a calificar de genocidio. Para que no hubiera testigos de la masacre, las autoridades de Marruecos cerraron las fronteras a la entrada de los periodistas, especialmente a los españoles. Es curioso, las autoridades marroquíes consideran a los periodistas españoles como calumniadores que fomentan el odio contra su país. En la lista de los enemigos, los periodistas españoles figuran en primer lugar. Quieren tapar la represión con un sudario de silencio.

Coordenadas políticas.
 
En la ciudadanía española existe una sensibilidad especial de solidaridad con el pueblo saharaui debida a la mala conciencia por el abandono de la antigua colonia en manos de marroquíes y mauritanos, de forma precipitada, cuando Franco estaba agonizando. De esa sensibilidad vienen las masivas protestas por la violencia represiva y contra el infatigable colonialismo marroquí. A grandes rasgos, las coordenadas políticas de Marruecos y del Frente Polisario se han movido muy poco a lo largo de los 35 años transcurridos desde aquel abandono. En estos momentos, sin entrar en matices, son así: Rabat propone una amplia autonomía bajo soberanía marroquí y rechaza de plano la independencia. El Frente Polisario, con el apoyo incondicional de Argelia, reclama la independencia a través de un referéndum de autodeterminación. Cuando este artículo esté en manos de los lectores ya se habrá celebrado, si es que se cumple la agenda anunciada, una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU en la que el enviado especial del secretario general, Christopher Ross, dará cuenta de los resultados de las conversaciones que se han estado celebrando en Nueva York entre las delegaciones de Marruecos y el Frente Polisario. Es posible que el señor Ross explique también algo de la dramática situación en ese territorio. Ya saben, mientras las fuerzas antidisturbios marroquíes asaltaban el campamento y perseguían a sus moradores hasta El Aaiún, las delegaciones de las dos partes enfrentadas buscaban en Nueva York una salida. Ignoro si la han encontrado y me alegraría mucho que así fuera, pero me temo lo peor, que las cosas sigan como estaban antes de esta última masacre. A Marruecos, sin duda la parte más fuerte, le conviene que continúe el statu quo actual de ni guerra, ni paz, pues considera que esta situación favorece sus esquemas, que pasan por una creciente marroquización del Sáhara Occidental.
Para entender la anatomía del conflicto hay que conocer, al menos telegráficamente, la historia, ya que la lucha por el control exclusivo del Sáhara no ha cesado entre Marruecos y el Frente Polisario, como representante del pueblo saharaui, desde el abandono por parte de España. La colonización española del Sáhara arranca de finales del siglo XIX y se hizo sin demasiado entusiasmo. Fue cuando las potencias europeas se repartieron el continente africano en la Conferencia de Berlín, en 1885. La filosofía política de esa conferencia era la repartición de África para evitar conflictos de intereses entre las potencias. España aceptó ese territorio inhóspito tal vez porque estaba cerca del archipiélago canario y no quería demasiadas aventuras en un momento de declive como potencia colonial, tras perder varios países americanos y de que tanto en Cuba como en Filipinas empezaran a multiplicarse las voces por la independencia, que consiguieron en el 98.
La cascada de independencias de los países africanos tuvo su punto culminante en 1960. La ONU publicó su resolución 1.514, que era una verdadera carta de las condiciones de los pueblos con derecho a independizarse. Entonces empezaron a modularse movimientos soberanistas saharauis que después de varias peripecias terminaron cristalizando en el Frente Polisario, y en Marruecos surgieron con fuerza las tentaciones soberanistas sobre el Sáhara. Ambas partes presionaban sobre el Gobierno de Madrid. Con Franco agonizando, el Gobierno desnortado y un Rey todavía sin corona, los marroquíes montaron la célebre Marcha verde con el apoyo decidido de Washington, y en concreto del secretario de Estado Henry Kissinger, aparte del visto bueno de Francia y otros países europeos.
La Marcha verde, con tambores y gritos, avanzaba sobre el desierto con un diseño muy preparado. En medio de los 350.000 manifestantes iban 25.000 soldados. España decidió no plantarles cara, ya que consideraba que una respuesta militar derivaría en una carnicería. Además tenían la información, parece que fidedigna, de que en la estrategia de Hassan II estaba asumido ese riesgo e incluso lo consideraban positivo para lograr la solidaridad internacional, contando con los grandes medios de comunicación estadounidenses, franceses e ingleses. La dictadura agónica del franquismo tenía muy mala prensa y no resistiría los efectos de esos disparos, argumentaban los gobernantes españoles para tomar las decisiones que tomaron. El Rey tampoco estaba dispuesto a comenzar su reinado con un baño de sangre sobre las arenas de aquel lejano desierto. Optaron por retirarse y darle la espalda al pueblo saharaui dejándolo a merced de Marruecos. Firmaron los acuerdos tripartitos de Madrid, el 14 de noviembre de 1975, cinco días antes de la muerte de Franco, por los que se cedía la administración del Sáhara Oriental a Marruecos y Mauritania.

Conflicto menor.
 
Tres meses después se marchaba el último contingente de militares españoles. Por su parte, el Frente Polisario creaba la República Árabe Democrática Saharaui con un brazo armado falto de medios y de unidades. La guerrilla del Polisario no podía presentar una resistencia seria a la maquinaria bélica marroquí, bastante bien engrasada. Mauritania se retiró cuatro años después, convencida de su debilidad, y los marroquíes lo ocuparon todo. Los fosfatos y la pesca eran muy tentadores. También se especulaba con la posibilidad de grandes bolsas de gas y petróleo que nunca llegaron. Docenas de miles de saharauis se desplazaron al territorio argelino de Tinduf y allí siguen sobreviviendo penosamente en sus campamentos. El conflicto del Sáhara quedó enmarcado como un conflicto menor en los hielos de la Guerra Fría. Argelia les apoyaba fervorosamente en el campo soviético, a Marruecos lo apoyaban EEUU y Francia. Después de la caída de la URSS y de la renuncia del Polisario a la violencia, vinieron años donde se repetían las represiones, se reforzaba la ocupación y aumentaban los agravios, a pesar de que el pueblo saharaui nunca renunció al ideal de ser libre e independiente. El referéndum, considerado la gran vía de salida en los distintos planes de paz, fue aceptado por las dos partes, pero no se ha llegado a celebrar por falta de acuerdo sobre el censo que debía tenerse en cuenta para determinar a los votantes.
La postura oficial de los gobiernos españoles, y en concreto del de Zapatero en esta hora de renovadas violencias, ha sido más sensible a los intereses de Marruecos que a las aspiraciones nacionales y a los derechos humanos de los saharauis.

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