Deseo con todas mis fuerzas –aunque si lo pienso detenidamente pierdo cualquier esperanza- que Rajoy sea capaz de poner al “sultansito” Mohamed VI en su sitio en todos aquellos frentes que están abiertos entre España y Marruecos. De momento, quien no ha podido o querido hacerlo ha sido el PSOE durante los últimos ocho años. Ojalá algo cambie a partir de ahora.
Los españolitos hemos elegido recientemente a un nuevo presidente, del mismo modo que los marroquíes han votado al suyo, un tal Benkirane, dicen que islamista moderado. En sus primeras palabras destinadas a Rajoy, el líder electo de Marruecos advertía que, además de compartir con él únicamente “la barba y la postura sobre el matrimonio gay”, probablemente las relaciones entre ambos países no iban a ser fáciles.
Pues nos ha jodido el Benkirane este: obviando hechos nada triviales, como la actitud del hijo de Hassan II con Perejil, o su nada disimilada ambición porque Ceuta y Melilla sean marroquíes, centrémonos en el hecho de que su frontera norte es un coladero
–vamos, que parece importarle bien poco la suerte que puedan correr los magrebíes que se juegan la vida viajando a Europa en pateras, por no hablar de la droga y las hortalizas que cuelan como quieren- mientras que por la frontera con Argelia no pasa ni Dios sin que se entere Mohamed sexto. ¿Y la frontera con el Sáhara Occidental?
¿Qué frontera es ésa, se dirán algunos, si a casi todos los efectos Marruecos se ha anexionado ilegalmente este territorio? Nunca entenderé la falta de compromosio histórico de nuestro país con respecto al Sáhara Occidental, tanto de unos como de otros, que parecen dar por buenas las pretensiones expansionistas de su graciosa majestad mora. Lo que me apena es la opresión que –cuentan las crónicas, puesto que si yo quisiera viajar a El Aaiún, las autoridades marroquíes me negarían la entrada- sufren los saharauis ante la pasividad, una vez más, de la comunidad internacional. Con la salvedad de que, en esta ocasión, España debería tener algo que decir.
Lo último al respecto son las palabras de Zapatero peloteando una vez más a Marruecos con un telegrama en el que garantiza que Rajoy “no escatimará esfuerzos” para reforzar las relaciones bilaterales de ambos países. Si lo garantiza Zapatero, aún me quedan esperanzas de que Rajoy le eche bemoles al tema. Pocas, pero alguna queda.
Pablo Requena
Fuente: Noticias de Almería
Los españolitos hemos elegido recientemente a un nuevo presidente, del mismo modo que los marroquíes han votado al suyo, un tal Benkirane, dicen que islamista moderado. En sus primeras palabras destinadas a Rajoy, el líder electo de Marruecos advertía que, además de compartir con él únicamente “la barba y la postura sobre el matrimonio gay”, probablemente las relaciones entre ambos países no iban a ser fáciles.
Pues nos ha jodido el Benkirane este: obviando hechos nada triviales, como la actitud del hijo de Hassan II con Perejil, o su nada disimilada ambición porque Ceuta y Melilla sean marroquíes, centrémonos en el hecho de que su frontera norte es un coladero
–vamos, que parece importarle bien poco la suerte que puedan correr los magrebíes que se juegan la vida viajando a Europa en pateras, por no hablar de la droga y las hortalizas que cuelan como quieren- mientras que por la frontera con Argelia no pasa ni Dios sin que se entere Mohamed sexto. ¿Y la frontera con el Sáhara Occidental?
¿Qué frontera es ésa, se dirán algunos, si a casi todos los efectos Marruecos se ha anexionado ilegalmente este territorio? Nunca entenderé la falta de compromosio histórico de nuestro país con respecto al Sáhara Occidental, tanto de unos como de otros, que parecen dar por buenas las pretensiones expansionistas de su graciosa majestad mora. Lo que me apena es la opresión que –cuentan las crónicas, puesto que si yo quisiera viajar a El Aaiún, las autoridades marroquíes me negarían la entrada- sufren los saharauis ante la pasividad, una vez más, de la comunidad internacional. Con la salvedad de que, en esta ocasión, España debería tener algo que decir.
Lo último al respecto son las palabras de Zapatero peloteando una vez más a Marruecos con un telegrama en el que garantiza que Rajoy “no escatimará esfuerzos” para reforzar las relaciones bilaterales de ambos países. Si lo garantiza Zapatero, aún me quedan esperanzas de que Rajoy le eche bemoles al tema. Pocas, pero alguna queda.
Pablo Requena
Fuente: Noticias de Almería
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