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EL SÁHARA DE LOS OLVIDADOS اِل ساارا دي لوس اُلبيدادوس




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Mohamed Fadel: “Sin ojos o con cien ojos, los saharauis somos todos igualesS"

Caminaba tranquilamente muy cerca de su casa en Gilche, en los territorios liberados del Sáhara Occidental. Un paseo normal, como el que podría dar cualquiera buscando un momento de relajación, de encuentro consigo mismo. Pero a Mohamed Fadel se le truncó la escapada en solitario. Se sintió cansado y decidió tumbarse, pero el destino quiso que allí hubiera una mina terrestre marroquí aguardando celosa el momento de actuar, con esa vil cobardía que las caracteriza y con suma crueldad. Explotó sin aviso frente a sus ojos, robándole para siempre la visión. Padre de 3 niñas en aquél momento, porque ahora ya son 8 los hijos que tiene, sintió que aquella puñalada trapera le arrebataba un preciado bien, pero desde el minuto uno de su nueva vida activó el chip del “yo puedo porque yo valgo” y continuó adelante, ciego en el desierto, pero vivo.
Vive en el campamento de refugiados saharauis de Tidouf (Argelia), en la wilaya de El Aaiún, con su familia, contento de tener tanto que contar y de que su historia quizá sirva para que alguien, en el futuro, sopese los peligros y los riesgos de las minas terrestres marroquíes en el Sáhara Occidental. Yo sabía que existían, todos sabemos que hay zonas famosas por estar sembradas de minas cerca del muro… Lo que no sabía era que estaban por todas partes, diseminadas por el desierto, ni que pudieran estar tan cerca de las casas, asegura Mohamed Fadel. Tuvo suerte, fue evacuado con rapidez y trasladado al hospital de Rabuni, en los campamentos de refugiados saharauis. De allí, a Argel, donde le confirmaron que su ceguera sería permanente e irrecuperable. Duro golpe. Su hijo nos prepara el té y su amigo Sidi Bubi, también víctima aunque él de doble mina, nos observa cauteloso en sus comentarios, pues cada víctima, cada historia es un mundo aparte, incomparable, inasumible. Ambos coinciden, eso sí, cuando hablamos de qué poco se conocen los peligros que encierran las minas terrestres, las bombas de racimo y tantos artefactos explosivos con que Marruecos ha inundado el territorio saharaui en un alarde de prepotencia sin parangón contra la población saharaui, poco cautelosa por el desconocimiento de los riesgos reales y el alcance de tamaña aberración letal.

Él no se siente diferente, nadie le hizo jamás sentirse diferente. La saharaui es una sociedad de costumbres aprendidas. La solidaridad con las víctimas es absoluta, sin discusión. Aquí da lo mismo vivir sin ojos que con cien ojos, todos somos iguales, asegura con rotundidad. Es cierto que uno debe tirar de sí mismo -continua Mohamed Fadel-, porque la recuperación del trauma, la dificultad que uno pueda tener para adaptarse a ser discapacitado además de refugiado, depende sólo de la confianza y la creencia que uno tenga en sí mismo, de la fe que se tenga en uno mismo. Y vaya que él la ha tenido en todo momento, porque es consciente de que la condición de refugiado es un hándicap importante a tener en cuenta. Todo depende allí de la ayuda humanitaria. Y tú has de saber, por cierto, que son los únicos campamentos de refugiados del mundo en el que la gestión autónoma de recursos es un modelo ejemplarizante según ACNUR (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados), porque han implantado su  propio sistema de reparto y la optimización de recursos es impresionante. Para Mohamed Fadel éste es uno de los grandes éxitos del pueblo saharaui, y más concretamente de las mujeres saharauis, que supieron crear una infraestructura modélica en este sentido, sin exclusiones, sin diferencias. En esta sociedad, todos somos iguales, no existe el concepto diferente socialmente hablando.
La conversación se torna charla cuando invertimos los papeles y pasa Mohamed a ser el entrevistador. Curioso y perspicaz, ahonda en nuestro proyecto de sensibilización sobre el muro marroquí en el Sáhara Occidental y en la campaña contra las minas, las bombas de racimo y demás artefactos explosivos marroquíes que invaden a golpe de explosión las vidas de los saharauis. Mohamed se alegra de pertenecer y de formar parte de este entramado de acciones y actividades, cuyos beneficiarios finales siempre son los saharauis víctimas de minas terrestres. Es cierto -asegura Mohamed- que hay que dar a conocer que ese muro que ha puesto Marruecos para dividir nuestro territorio y nuestro pueblo es una violación a los Derechos Humanos de todos los saharauis y el mundo lo ignora. Y no sólo afecta a la población, sino también a los animales, al medio ambiente, a las plantas… Hay que denunciarlo internacionalmente. Y vamos más allá… Más lejos si cabe, porque el alcance de ese muro marroquí y sus minas es mucho más enorme de lo que se pueda imaginar… Hay que concienciar a las víctimas con respecto al mundo que les rodea, porque este desierto es mucho desierto y esconde secretos peligrosos.  

Sirva esta denuncia para dejar constancia de lo que no debe seguir pasando en el Sáhara Occidental, por el muro y las minas sembradas por Marruecos desde el inicio de su ocupación.

 © Elisa Pavón para RASD News


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