Articulo del Blog ¿Dónde queda el Sáhara? del diario El País
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| El último nómada. Ilustración de Roberto Maján |
Más de 100 años de historia compartida con España no pasa sin dejar huella. ¿100 años no es nada? Me atrevería a decir que 100 años, son.
Es curioso, en el Sahara Occidental los años no se solían nombrar con una cifra numérica, los ancianos se referían a estos en relación a los sucesos importantes que ese año acontecieron. El año de las inundaciones, El año que se ocultó el sol, El año que nació fulano, El año que murió mengano… Imagino que después de 100 años de historia colonial, algún año habrá que se refiera a España. Si bien es cierto, esto fue así hasta los años 60. Después, fruto de la sedentarización, los saharauis adoptaron la nomenclatura gregoriana. En relación con España se me antojan unos cuantos: El año de los Acuerdos Tripartitos, El año del saqueo al banco pesquero sahariano… Incluso hay años donde se acumulan los sucesos y escoger resulta complicado: El año de la Marcha Verde, El año de la llegada a la hamada argelina, El año del comienzo de la guerra, El año del bombardeo de Tifariti… Por fortuna, el cerebro es selectivo y de manera espontánea prefiere los buenos recuerdos a los malos. Puestos a elegir, prefiero decir, El año de la visita de Kofi Annan a los campamentos de refugiados, El año de la llegada de camiones españoles repletos de ayuda humanitaria… El año del referéndum, ¡ah, no! qué despiste, ese año, aunque parezca increíble, todavía no ha ocurrido.
Pero volviendo a nuestra historia compartida, la historia de España en relación con el Sahara Occidental mereció más de una primera página en la prensa de la década de los 70, aunque hoy a las generaciones más jóvenes les cueste situar en un mapa el lugar donde se encuentra el Sahara. A ellos no se les puede culpar, quizá no se enseñe bien en las escuelas e incluso podríamos considerar que un conflicto sin resolver es más difícil de explicar. ¡Queremos historias completas!, aullarán los chavales en las aulas, con su planteamiento, nudo y desenlace. Y efectivamente, el Sahara, está estancado en un nudo difícil de desenredar.
En cualquier caso, quiero creer que el ciudadano de a pie, sabe dónde está el Sahara. Es una obviedad decir que confío en que nuestros políticos también sepan dibujarlo en un mapa, y situar las fronteras de manera adecuada. ¡Qué tonterías piensa una de vez en cuando!.
El servicio militar de un familiar en esas tierras lejanas es un recuerdo que perdura en algunas familias españolas, más recientemente el Sahara está presente en los niños de los campamentos que vienen en verano a España mediante el programa de Vacaciones en Paz. Se piensa en el Sahara cuando sopla la calima y a 2000 kilómetros de distancia sentimos el sabor áspero de la arena, imparable la fuerza de un desierto que también pasa por el Sahara Occidental. La henna en las manos y su huella en las uñas durante meses nos llevan al Sahara, al igual que una jaima en el asfalto y el sabor del té al calor de una buena charla. El sonido del haul en un festival de músicas del mundo o la consulta de un médico saharaui con su particular acento cubano en un Centro de Salud de barrio.
Se me ocurren innumerables huellas que ha dejado el Sahara Occidental y sigue dejando en la cercana España. Porque creemos que el Sahara guarda un vínculo entrañable con la sociedad española, os animamos a participar con vuestros comentarios sobre aquello que conozcáis del Sahara Occidental. No nos olvidamos de aquellos que lo desconocen, desde aquí, nos empeñaremos concienzudamente en llevar un poco de nuestra historia con la intención de compartirla y de que sea mejor comprendida.
Y para ti…¿dónde queda el Sahara?
Sukeina Aali-Taleb
Fuente: blogs.elpais.com
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