Cuenta una leyenda saharaui que en aquellos lejanos tiempos en que las caravanas iban cruzando el desierto en busca de pastos y agua, y transportando mercancías, una madre se acercó a su hijo, al que acababan de cortarle la cresta de pelo que llevaba como niño, porque cumplía trece años y de hecho ya se consideraba un hombre preparado para las más largas y duras travesías del desierto. Cuando aquel joven preparaba su montura, su madre que sabía por su propia experiencia la conducta y la vida en el desierto, le toma la mano y le dice:
-Hijo me alegro que ya seas un hombre como tu hermano, pero debes tener en cuenta lo que te voy a decir. Ya que estás decidido a ir con los hombres, antes de incorporarte a esta caravana te diré: si sientes cansancio no lo digas, si sientes sed o hambre no lo digas, pero hijo, si una piedrecita del camino se cuela en tus zapatos, puedes decirles que esperen para quitártela.
Recogida por Saleh Abdalahi para el libro “Cuentos tradicionales saharauis”
Fuente: Corremundos
Imagen: Rachel Carbonell (Camellos en el Sahara Occidental)
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