Entrevista y redacción: Luz Marina Mateo / Fotos: cedidas por la entrevistada
Buenos Aires (Argentina).- Carolina Ocar es socióloga. Se desempeña como delegada de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) en el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina y, además, es secretaria de Comunicación de la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA), entidad sindical en la cual también integra el equipo de Género. Estuvo a comienzos de abril en los campamentos de refugiados, participando del VII Congreso de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS) -integrando la primera delegación de una organización argentina en llegar al lugar-, junto a Silvia León y Grace Prounesti Piquet.
En esta entrevista (qué mejor que compartirla con ustedes en el Día Internacional del Trabajador, en el que recordamos a los Mártires de Chicago y nos comprometemos a continuar su lucha), nos cuenta detalles de su viaje y reflexiona sobre varios temas relacionados con el género y con la tarea a realizar tanto en nuestro país como en el conjunto de nuestra América Latina y Caribeña.
Decisiones de ida y vuelta
-¿Cómo se tomó la decisión de que la CTA envíe una delegación a los campamentos?
Siempre nosotros somos muy solidarios con la causa saharaui y, hace poco tiempo, tuvimos la posibilidad de proyectar un documental sobre el tema [“Raíces y Clamor”]; en ese momento, Salem [Bachir, representante del Frente Polisario en la Argentina] me comentó sobre la realización del VII Congreso de mujeres saharauis y, tras recibir la invitación formal, manifestamos que para nosotras era muy importante estar en los campamentos de refugiados ya que desde hace muchos años venimos diciendo que la CTA es territorio saharaui. Entonces, tomamos la decisión política de que vaya una delegación de compañeras a participar del Congreso y a manifestar nuestra solidaridad en el propio territorio. A nuestro regreso, nos reunimos con Fito [Adolfo Aguirre, secretario de Relaciones Internacionales de la CTA] para definir algunas actividades de difusión de todo lo que hemos realizado allá: además de la solidaridad queremos hacer una devolución, porque nosotras consideramos que es híper necesario darle visibilidad a este conflicto, a nivel argentino y latinoamericano.
Es también lo que los compañeros saharauis nos pedían: nos reunimos con la Ugtsario [Unión General de Trabajadores de Saguia El Hamra y Río de Oro] y ellos nos hablaban de lo importante que es que una central sindical se mueva, se manifieste y dé visibilidad y que, en América Latina, es necesario reforzar la tarea. Y eso nos quedó claro, porque es una problemática en la que falta que acá pongamos más esfuerzo.
-¿Cuáles son las actividades que tienen pensado realizar para dar difusión a la causa saharaui?
Estamos organizando una muestra de fotos itinerante con todo el material que trajimos y realizar un pequeño video. Además, trabajar en los proyectos que han presentado compañeros nuestros en el Congreso de la Nación para que dejen de estar “cajoneados”… realizar varias acciones orientadas a diferentes ámbitos en los que necesitamos que se pronuncien.
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En primera persona y sin ¿Saha qué?
A diferencia de muchas personas argentinas en particular y latinoamericanas en general, Carolina no preguntó ¿Saha qué? cuando en la central obrera le hablaron de la causa saharaui, porque la conoce desde los 17 años (tiene 35). Su primer contacto con el tema fue en un viaje a Cuba dado que, estando en ese momento en el último año de la escuela secundaria, comenzó a participar de una comisión de solidaridad con la isla. Allí surgió el comentario de que iba a haber una brigada de trabajo voluntario que se llamaría “Los Caminos del Che”. Le preguntaron -siendo la más pequeña- si quería participar. Aceptó y, durante el viaje, visitaron la Facultad de Medicina en la que estudiaban jóvenes de distintos países. Allí conoció a una estudiante saharaui llamada Manata: esa fue la primera vez en que Carolina escuchó hablar del Sahara Occidental… Siguió en contacto con Manata por carta y telefónicamente pero el vínculo, con el tiempo, se interrumpió. Pasó más de una década hasta que Carolina comenzó a participar en la Secretaría de Relaciones Internacionales de la CTA, donde retomó el contacto con la causa saharaui. Dieciocho años después, pudo ir a la wilaya de Smara y nos cuenta: “es muy fuerte, porque me empezaron a caer los relatos de los cubarauis y el rol que tuvo Cuba en la solidaridad internacional, en la solidaridad popular, como la concebimos nosotros”.
-¿Cómo fue tu experiencia en los campamentos?
Fue una experiencia muy rica y fuerte. Porque no es lo mismo escuchar a los referentes que vienen llevando la pelea aquí… fue muy diferente haber estado en el territorio, entendiendo lo que es el día a día. Nosotras tuvimos la posibilidad de estar en Smara (en uno de los campamentos), dormir en las jaimas junto con ellos y convivir con una familia de acogida saharaui y que ellos mismos nos cuenten su vida cotidiana. Pudimos no solamente participar de las actividades programadas del Congreso sino también hablar con jóvenes estudiantes que viven en España o Cuba debido a las consecuencias de la ocupación y la lucha por recuperar su tierra. También estuvimos con mujeres que viven la situación de los territorios ocupados… Nos permitió tener una visión más integral de lo que es vivir en la diáspora y la lucha por darle visibilidad a esta causa allí, la pelea que llevan los y las estudiantes que están lejos de sus familias, muchas veces desde muy pequeños… Lo que significa ser parte de una nación donde las familias están dividas, en distintos lugares del mundo. Es una realidad que, hasta ahora, mi mente no había conocido: es mucho más complejo lo que pude ver que lo que yo pensaba.
-Describiste lo que tu mente pudo conocer… Ahora bien, tus emociones, ¿qué pudieron conocer?, ¿qué te pasó “por las tripas”?
Yo creo que es algo único lo que me pasó. Desde el momento en que llegamos al aeropuerto de Argel y volamos a Tinduf en un avión militar argelino… fue muy fuerte el primer shock, porque ahí nos encontramos con mujeres saharauis que iban desde otros lugares a encontrarse con las otras que iban a formar parte de este Congreso y notar la relación de afecto que hay entre ellas… fue muy emocionante ver cómo al subir a ese avión se acomodaban para abrazarse entre ellas, teniendo un vínculo de mucho cariño y entregándose a algo que era mucho más que un encuentro político y de decisión política. Esa fue mi primera sensación de ese pueblo y esas mujeres aguerridas, totalmente hermanadas por el amor a esa causa. El otro momento que para mí fue increíble, es el haber llegado a Smara y ser recibida por una familia de acogida (compuesta por una pareja y dos niños), que sacaron todo lo que tenían y lo que no tenían para recibirnos en su casa, en su jaima. Se trató de una experiencia increíble. Además, quedamos con la idea de con qué poco podemos vivir: yo acostumbrada a vivir en una ciudad con un montón de consumos y de cosas, llegué al campamento y vi cómo viven ellos en el día a día y cómo se las arreglan para poder participar y seguir manteniendo vigente una lucha después de cuarenta años.
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Cuestiones de género
-Vos estuviste participando en el Congreso de la UNMS e integrás el equipo de Género de la CTA. ¿Por qué trabajás, en general, cuestiones de género?
Porque estamos en un sistema que no solamente es capitalista -y eso genera desigualdades de clase- sino que hay algo que antecede a eso y es el sistema patriarcal. Y nosotros y nosotras, para construir una sociedad y una comunidad más justa, necesitamos terminar con el patriarcado, que es este sistema que comienza marcando la primera desigualdad, que es el padre y la madre de todas las desigualdades. Entonces, cuando empecé a militar desde muy chica en organizaciones (todas del campo popular) me di cuenta de que la desigualdad entre hombres y mujeres no solamente tiene que ver con la derecha y los reaccionarios y reaccionarias que reproducen el sistema: entendí que el sistema patriarcal y machista atraviesa absolutamente toda nuestra cultura y nuestras organizaciones. De esa manera, tomé la decisión política de incorporar una perspectiva feminista a mis prácticas, asumiendo los costos que tiene y que no resultan fáciles, porque nosotras mismas fuimos criadas y concebidas en este sistema; entonces, todo el tiempo trato de revertir aquellas prácticas que sé que son contrarias a mi pensamiento.
-Yendo a lo específico, ¿cómo viste la situación de género en los campamentos?
Las vi a las mujeres muy plantadas, muy organizadas… También que hay discusiones, charlas o planteos que para nosotras, con nuestra experiencia, son muy importantes pero que a ellas hoy por hoy no las están atravesando debido a que, lo que se privilegia en este momento desde cualquiera de los frentes de la organización, es la pelea por la autodeterminación y la independencia. Claramente.
-¿Cuál sería para vos un ejemplo de esas discusiones que se están dando aquí y que ellas no se dan?
Por ejemplo nosotras, en nuestras organizaciones estamos peleando para que no haya más cupo femenino y exista una relación de paridad con nuestros pares varones, porque entendemos que participamos de un sistema totalmente desigual. Y ellas, en general, nos planteaban que esa dificultad no la tienen, que se sienten parte y participan en igualdad y paridad con los varones. Se sienten realmente muy empoderadas con su organización de mujeres, con su participación en el Parlamento y en la división de las tareas (aunque para nosotras, con una visión externa, tal vez haya algunos aspectos que no sean así). En una charla mano a mano, el sentimiento es que ellas tienen participación y se sienten protagonistas de esta pelea.
-¿Qué aspectos “que no son así” detectaste?
Por ejemplo que, en el Parlamento, las mujeres no tienen la misma proporción que tienen los varones: están por debajo de la mitad de los cargos, por decirlo de alguna manera. Aunque ellas ese aspecto no lo notan como algo fundamental. Esto es al menos para las mujeres con las que pudimos hablar. Porque el VII Congreso de Mujeres Saharauis tuvo diferentes instancias: un acto de apertura, una serie de talleres… pero la discusión política de la UNMS fue entre ellas. Nosotras participábamos de otro tipo de instancias. Entonces, de las discusiones propias de su organización y su política de aquí a los próximos cuatro años y de la elección de sus autoridades no participamos. Sin embargo, en todos los lugares en los que pudimos hablar con ellas, nos planteaban una serie de cuestiones de las cuales todas apuntaban a la necesidad de seguir profundizando la pelea por la autodeterminación y la independencia, cuando nosotras hoy tenemos otros planteos… entonces, era muy difícil correr la discusión hacia otros lugares.
-¿Qué cosas te llamaron la atención de las conversaciones con las mujeres saharauis?
Algo que quiero destacar es que problemáticas muy, muy graves que tenemos aquí en la Argentina, en América Latina y en muchos lugares del mundo, como es el tema de la violencia hacia las mujeres y, sobre todo, de los femicidios (que es algo que estamos denunciando constantemente), ellos allá no lo tienen. Es algo que hemos charlado con muchas mujeres y nos decían que no es una problemática que tenga el pueblo saharaui. Nos plantearon que por una cuestión de formación, cultural, la mujer saharaui no está peleando contra la violencia de género porque no existe.
-Esas charlas con estos planteos, ¿fueron durante el Congreso o también en otros momentos de mayor privacidad?
En otros momentos. Eso nos resultó muy fuerte. En el marco del Congreso, en general el eje estaba puesto en cómo darle visibilidad a la pelea por la libertad del pueblo, estaba muy centrado en eso. Pero hubo otras oportunidades. Una de ellas fue un momento de mucho debate y aprendizaje para nosotras, cuando nos trasladamos desde el campamento hacia el muro de la vergüenza: como tuvimos muchas horas de viaje de ida y de vuelta, en esa camioneta tuvimos la posibilidad de charlar con mujeres (jóvenes, sobre todo) que no participan solamente de la UNMS sino también de otras organizaciones. Y esos aportes de estas chicas fueron muy interesantes porque muchas de ellas habían estado y están viviendo en otros lugares en intercambio con otras mujeres y entendían perfectamente lo que nosotras les estábamos planteando. En esas instancias pudimos ver que las problemáticas que muchas veces para nosotras son comunes en casi todo el mundo, allí no. La situación es otra y la discusión pasa por otro lado.
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Hoy, mi deber
-¿Qué pensás que se puede hacer por la causa saharaui desde un ámbito sindical?
Se pueden hacer muchas cosas. En primer lugar (para desde la Argentina y desde América Latina), hay que traccionar para generar acciones, actividades que puedan interpelar a nuestros gobiernos para que se pronuncien en el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática. Eso es fundamental. Junto con todas las acciones de visibilidad que son sumamente necesarias, porque nuestro pueblo no conoce la causa saharaui: hay causas similares que tienen otra difusión en a Argentina, una tradición de lucha y una presencia, como la causa Palestina… Más allá de que eso tenga un resultado u otro reitero que creo que, en primer lugar, hay que trabajar mucho y seguir profundizando la visibilidad (y en eso quiero rescatar el trabajo que tienen ustedes, porque estuve con mujeres de otros lugares del mundo, como Portugal y España, que conocían el trabajo que están haciendo); en este sentido, las centrales sindicales tenemos un rol, porque los trabajadores y trabajadoras tienen que saber qué pasa con sus pares del otro lado del mar. Tal como lo charlamos con los referentes de la Ugtsario, tenemos que profundizar -y es fundamental esto- la coordinación con el resto de las centrales de América Latina. Así que nosotros nos vamos a embarcar en eso.
-Ya hablando en términos generales, ¿cómo creés que se va a desencadenar el conflicto saharaui?
Es difícil. Yo quisiera que haya un pronunciamiento positivo para nuestro hermano pueblo saharaui. Pero la verdad es que, después de cuarenta años y viendo cómo se viene desarrollando durante este último tiempo, no sé si depositar todas las esperanzas en esto [en referencia a la Minurso, dado que esta entrevista se realizó dos días antes de la renovación del mandato en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas]. Por eso es fundamental que las organizaciones populares que somos solidarias y nos sentimos parte de esta pelea, redoblemos nuestros esfuerzos.
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