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Vacaciones en Paz - Reflexiones

Desde los últimos días del mes de junio, y durante dos meses, los habitantes de muchas ciudades y pueblos de todas las comunidades autónomas de España nos encontraremos por sus calles, plazas, jardines, playas y piscinas con unos niños que, otro año más, vienen de los campos de refugiados saharauis en Tinduf (Argelia). Entre los 7-8 y los 13-14 años de edad son miles los niños saharauis que se benefician del programa "Vacaciones en paz", que desde el año 1992 organizan y coordinan las distintas ONGs y Asociaciones amigas del pueblo saharaui, de España y otros países, conjuntamente con las autoridades de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática) a través de sus representantes.
Este año vienen a España casi 5000 niños menos que el año pasado, la crisis económica…Como sea, para unos no será esta la primera vez y sí para otros, mientras que para algunos, por razones de edad, serán sus últimas vacaciones. Todos se libran de las temperaturas extremas -hasta 55º- que se sufren en el infierno de la hamada argelina, y todos regresan a las jaimas familiares hablando español, que el pueblo saharaui tiene por su segunda lengua, circunstancia que vienen despreciando sin rubor los sucesivos gobiernos españoles, Instituto Cervantes mediante, principales culpables -responsables hay más- de que el pueblo saharaui sufra un largo, injusto y duro refugio en tierra extraña: España no ha dejado de ser la potencia colonial administradora del Sahara Occidental, según consta en el articulado del Derecho Internacional.

Legalidad sistemáticamente transgredida. 
¿Será por pereza y dejadez, después de tan contumaz incumplimiento, por lo que ningún gobierno democrático de España se ha animado a reconocer a la RASD, con las obligaciones que conlleva? ¿O será porque, a pesar de que un Sahara independiente y amigo sólo reportaría beneficios y fortaleza a España, tanto en lo estratégico como en lo político y económico, ocurre que Francia, Marruecos y EE.UU. tienen a los gobiernos de España cogidos por los huevos, sin que la ONU acierte a aligerar la presión?
Vuelvo a los niños, si bien no han dejado en ningún momento de ser el centro de atención de estas líneas. Porque es en ellos donde se concentra toda la tragedia, que un nefasto día del otoño de 1975 desencadenaron dos regímenes políticos criminales, el español de la dictadura franquista y el marroquí del tirano-rey Hassan II: el uno con complaciente omisión; con ensañada acción, el otro. Son niños que han nacido en el refugio de unos campamentos levantados y organizados por sus mayores en tierra prestada.
Que en sus primeras vacaciones conozcan el mar, cuando su tierra, invadida y expoliada, se abre al Atlántico y sus costas las adornan extensas playas y hermosos acantilados, no pasa de ser anecdótico, como lo es que descubran el agua corriente, porque nunca han visto un grifo, o se acuesten a dormir sobre la alfombra, porque nunca han dormido en una cama. Lo que eleva la anécdota a categoría es que los niños saharauis no tienen presente, porque su corto pasado no es el suyo, no es el que les corresponde como parte de un pueblo que tiene su propia tierra con sus recursos, y a una parte de su familia al otro lado de un muro de más de 2700 kms., que levantó el invasor en los años 80 del siglo pasado, en plena guerra. El presente de los niños saharauis pasa por la demolición de ese muro, que les permita recuperar, con sus mayores, su pasado, por el que reconozcan y se instalen en un tiempo y un espacio, los suyos, desde los que afrontar y construir su futuro. La solidaridad que mueve a acogerlos en verano se ve suficientemente compensada con los beneficios que la breve convivencia con ellos aporta a nuestros propios niños, como bien pueden atestiguar tantas familias.
Por ello, no es suficiente la solidaridad, que debería reforzarse con un interés, además de lo humano y humanitario, siempre necesarios, también político, por el que se inste al Gobierno español de turno a cumplir con su deber, que no es otro que el de ponerse al frente de las acciones que lleven a propiciar las condiciones de posibilidad para la celebración del preceptivo referéndum de autodeterminación, por el que el pueblo saharaui decida sobre sí mismo, conforme a justicia y legalidad. La única forma de que los niños saharauis vivan, día a día, su presente en paz es garantizándoles un futuro en libertad. Aunque no tengan vacaciones.


De Fernando Llorente
Fuente: Sahara Libertad


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1 comentarios :

Juan comentó:

Es una experiencia increiblemente enriquecedora, como padre de acogida desde hace muchos años la recomiendo!!!

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