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| Muna Hafed con Aziz Haidar |
Resulta muy difícil escribir sobre el sufrimiento ajeno, y más aún cuando tratas de entender cómo alguien puede superar un trauma tan terrible como debe ser el hecho de que un artefacto explosivo te arranque de repente parte del cuerpo. Las víctimas coinciden al afirmar que no recuerdan el instante justo de la explosión. Hay quien no olvida cómo le invadió el terror al sentir su pie sobre una mina, hay quien no recuerda nada y, como la preciosa Muna Hadef, hay quien necesita volver al lugar del accidente para entender qué es lo que ha ocurrido.
Aziz Haidar, presidente de la Asociación Saharaui de Apoyo a las Víctimas de Minas (ASAVIM), y Gaici Nah, coordinador de Red de Estudios del Muro y las Minas del Sáhara Occidental (REMMSO), que pasaron por el mismo calvario _y que, por ello, han consagrado sus vidas a la defensa de los derechos de las víctimas de las minas y a la denuncia de su utilización_ llevaron a la pequeña Muna a Bir Lehlu, en los territorios liberados del Sáhara Occidental, para enseñarle directamente y mostrarle el peligro y los efectos de las minas y de los distintos artefactos explosivos que hay dispersos por doquier.
Veintidós días después de su accidente, con su cuerpo de 4 añitos dañado por la bomba de racimo que le explotó entre las manos, la niña saharaui más valiente que conozco se enfrentó cara a cara con esa maldita realidad, porque quería entender y porque era necesario hacerle entender, para que el mensaje de su historia, con el tiempo, sirviera de ejemplo a otros niños y niñas saharauis. En los brazos de Aziz Haidar, víctima de una mina maldita que le amputó las dos piernas y una mano, Muna se siente protegida y atiende con arrobo las explicaciones que le ofrecen Aziz y Gaici.
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| Aprendiendo con Gaici Nah |
Y sí, con esas oportunas explicaciones recibidas de la mano de quienes con cariño y delicadeza mejor saben tratar a las víctimas, porque ellos también lo son, Muna siguió adelante, aceptando su nueva condición. Sus hermanos, sus familiares y sus amigos sabrán así que las piedras del desierto esconden secretos peligrosos, con los que no se debe jugar. Diez millones de secretos camuflados de imaginario juguete, diseminados por todo el territorio del Sáhara Occidental por un Marruecos invasor. Por suerte, la sonrisa divina de Muna Hafed borró aquéllas lágrimas, pero no sus recuerdos, convertidos en mensaje de prudencia, de precaución extrema y de agradecimiento a la vida.
Sirva esta denuncia para dejar constancia de lo que no debe seguir pasando en el Sáhara Occidental, por el muro y las minas sembradas por Marruecos desde el inicio de su ocupación.
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