¡SAHARAUI, SAHARAUIA, EIDA FEIDAK LILHURRIA! (tu mano junto a la mia hasta la libertad) ¡Rompamos el bloqueo informativo. Derribemos el Muro de Silencio! ¡LABADIL, LABADIL, AN TAGHRIR ALMASSIR! (No hay otra opcion que la autodeterminación)

EL SÁHARA DE LOS OLVIDADOS اِل ساارا دي لوس اُلبيدادوس




"Háblale a quien comprenda tus palabras"
"Kalam men yafham leklam"

Mostrando entradas con la etiqueta Chejdan Mahmud Yazid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chejdan Mahmud Yazid. Mostrar todas las entradas

Un Sáhara de libros por descubrir (1): La Generación de la amistad

En fechas recientes se ha celebrado, en el Centro Panafricano y Centro de Estudios Panafricanos, un encuentro que ha congregado a una serie de artistas, periodistas, cineastas, blogueros, africanos y afrodescendientes. Y también de escritores que han visto sus obras publicadas en fechas recientes. Entre ellos un saharaui, Bahia Mahmud Awah, antropólogo, poeta, escritor, fundador del proyecto informativo cultural Poemario por un Sahara Libre y uno de los artífices de la formación del grupo de escritores saharauis denominado la Generación de la Amistad.
“Los africanos hemos sido ninguneados en la literatura colonial. Nuestra cultura oral, nuestra memoria y la contenida en manuscritos de sabios y eruditos tienen un enorme desfase con lo reflejado en la bibliografía colonial”. (Bahía M. Awah)
Este movimiento cultural, que surgió en julio de 2005 en Madrid y también desde los campamentos de refugiados, empujado por el esfuerzo de varios intelectuales españoles, es “la primera generación de escritores del Sáhara Occidental que tomó la decisión de constituirse oficialmente como grupo literario”, tal y como nos informa Conchi Moya en el libro Literaturas hispanoafricanas: realidades y contextos, colectivo que además “ha conseguido publicar libros con cierta regularidad”.

Ellos mismos se definen como “Un grupo de poetas saharauis que pretenden transmitir el sufrimiento de su pueblo, unidos por historias de pastores que se perdieron persiguiendo sus sueños tras una nube” y resaltan que “La intención de esta iniciativa es destacar la importancia de la cultura en cualquier lucha, esta es una de las mejores representaciones que podemos dar al exterior para dar a conocer quiénes somos.”

Inspirándose en la Generación de poetas del 27, pero también en la poesía saharaui en hasanía, ya han publicado varias antologías, entre las que se encuentran: Añoranza (2002); Bubisher, poesía saharaui contemporánea (2003), Las voces del viento (2014), o la que ha visto la luz este mismo año bajo el título Generación de la amistad, que se edita en bilingüe: castellano-francés. El colectivo cultural lo forman un puñado de poetas que viven dispersos por el mundo: Limam Boisha, Luali Lehsan, Saleh Abdalahi Hamudi, Chejdan Mahmud, Ali Salem Iselmu, Zahra Hasnaui, Bahia Mahmud Awah, Sukeina Aali-Taleb Fernández y Mohamed Abdelfatah Ebnu, entre otros.




Hotel hotel. Historias de viajes

Una y mil veces hice el mismo viaje en una y otra dirección. No eran viajes de placer, aunque siempre me planteo paladearlos. Esos caminos no son previsibles ni llanos ni siquiera trazados; no son curvos ni serpenteados ni tienen bordes. Nunca tienen la intención de guiarte ni de llevarte por el camino más corto y, casi nunca, invitan a detenerse por ningún motivo: es un viaje que hace camino al pasar y que se borra al mirar atrás. Es un viaje en una estéril tierra, donde la mirada no se deleita y las ganas se exasperan con cada sacudida. Se hace largo, largo, y el día nace y muere delante de tus ojos, sin percatarte de que el sol se ha movido. Es el viaje desierto a través, desde los campamentos saharauis de Tindouf hasta Zuerate, más de ochocientos kilómetros, contados a ojo.

Son los caminos de Dios, como se les suele llamar, dicen que él los crea al paso de cada persona o ser, para luego borrarlos y volver a trazarlos al paso del siguiente ser o persona.
Son los caminos del sur. Son los caminos de los saharauis que los conectan con el mundo, o, mejor dicho, con su mundo. No son efímeros, porque se dibujan en la arena y en la piedra y en la sabja. Pero, nadie puede predecir que le llevan a su destino. Solo hay que recorrerlos hasta el final para asegurarse que llegues a tu destino. Muchos no llegan.

Y, sin embargo, están llenos de transeúntes, de vida, de estrellas y de polvo. Están colmados de ajetreo y trashumancia, que se riega para colorear la inmensidad de matices y olores y palabras.

Y, sin embargo, -reitero-, en estos caminos se edifican ciudades invisibles, con su gente invisible y sus comercios escondidos y, ahora, sus “hoteles” que rayan el buen sentido de la hospitalidad y de paso dignifican sus, también, invisibles dueños. Son hoteles porque ofrecen además: conocimiento y, cuentos, muchos cuentos. Ofrecen al afortunado inquilino un remanso de sosiego que, sobre todo, sirve para enfriar la mente.

Tienen un más que notable valor humano, más allá del negocio, porque vienen a ser como un oasis como tal -con su sombra y su agua-. Y, al que se le suman los mil y un cuentos de los viajeros, yo incluido.




La dulce Fátima

Hubiese Don Mahmud (yo, en adelante), no acudido al muelle del Aaiun a despedir a las tropas y personal español cuando abandonaban el Sahara Occidental. El cuenco de color negro rebosante de leche de camella recién ordeñada, lo sostenía entre mis dos manos, otro compañero, en realidad varios, de manera alternativa, sostenían entre las manos o, un cuenco lleno de leche o un plato de dátiles.

Pero a mí me saltaban las lágrimas de manera desbordante en aquel momento. Mi vida la había vivido intensamente junto a mis inseparables amigos y ahora los veo irse. Una historia terrible e injusta iba a empezar, justo después de mis excitadas lágrimas.
Todos mis amigos y yo estuvimos jugando la noche anterior, pero también sabíamos de la separación, quién nos diría el porqué, y por cuánto tiempo, ni siquiera ellos preparaban su propio equipaje a sabiendas que un inminente viaje los implicaría a todos menos a mi y, qué más da.

El día de la partida yo los buscaba con la mirada cuando abordaban el barco cogidos de las manos de sus familiares. Porque, Antonio mi mejor amigo, también partía y, Fátima, Guaci, Aytami, Ayoze. Por eso el cuenco de leche, los dátiles que les ofrecía como despedida me sabían a dulzura y bienestar, dentro de poco tiempo los volveré a ver y a jugar con ellos sin lugar a duda, además, todos eran canariones, ese lugar del que ellos me hablaban con infinita ternura. Porque ese paraíso apenas queda a dos palmos de mi tierra.

Una y otra vez, en esos breves momentos, discontinuos, ininterrumpidos, de miradas y corazones ansiosos, cuando el griterío y los empujones de los viajeros eran más que saludos, se cruzaba el ayer y, el anteayer, nuestros juegos, nuestras lecturas y largas charlas en la casa de Antonio.




UM DRAIGA de Chejdan Mahmud

UM DRAIGA
¡Señor omnipotente!,
ha naufragado un barco,
allá donde trabaja el sol,
y las noticias son confusas.
Se ha perdido
el mapa de las rutas.
Se han quebrado
las esperanzas.
¡No quieras saber!,
hay vidas humanas
que iban a fundar un barrio
llamado la hamada.
Se naufraga el navío
y al sol, únicamente,
ya no le quedan fuerzas.
Le vimos que llora y llora,
con lágrimas de arena
y en una de esas lágrimas
supimos del agravio.

Poema de Chejdan Mahmud. 
Fotografía y pintura de Moulud Yeslem.
Gracias a Xabier Susperregi en Poetas y Poemas con el Pueblo Saharaui




Exiliados (3): Crónicas del exilio saharaui

“La joula”, vacaciones en paz
Hablar de vacaciones en paz “La joula”, es hablar del Sahara del exilio, ya sea en un lugar como en otro del planeta. Es la madre y el padre de todos los aconteceres del exilio, es, la magnificencia “positiva” de cuanto puede ser posible en el exilio, porque simplemente es la ventana principal al mundo y a la realidad, y es el soporte económico, ideológico y espiritual de la vida en general del exilio. Pensando un poco en tal cuestión, veo imposible no relacionarlo con algo. Es de dimensiones desproporcionadas a tal punto que influye en la política y destino del exilio saharaui.

Es el niño que ahora es hombre o mujer; es el hombre o mujer que ahora es de otra nacionalidad o, es, simplemente el que va y viene del y al exilio. Todos en general vivimos el exilio, gracias a vacaciones en paz. Y es la paz de algún modo lo que impide el desbarajuste del exilio y por ende, una vida sosegada, parcialmente tranquila y desahogada.

El niño que va a la “joula”, ya sabe años antes de irse, que irá. Y vive ese tramo de su vida, desde que lo sabe hasta que ocurre, con mucha intensidad y alegría y haciendo saber a todos que su momento llegará, aunque a nadie le interese un bledo o repare en ello. Y llegado el momento, sí que todos le prestarán atención y le mimarán y le agasajarán. En realidad, nadie sabe si esa alegría es fruto de un bien o un bien con fruto, por lo que al final o, en principio, todo parece simplemente un juego de niños y mayores.

Cuando se va, vuelve cargado de juegos y juguetes, de cuentos, de idiomas, de dinero, de sonrisa y de nostalgia. Viene cargado consigo mismo y con dos almas y dos corazones y cincuenta ojos, más millones de sorpresas que las guarda en los mil bolsillos que ahora trae. Entonces, a partir de tal instante, empieza a rodar un ruleta multicolor y con múltiples propósito sobre sí misma. Rodará hasta que un desperfecto de “fábrica” la interrumpe. Quizás luego se subsane la avería, pero ya no volverá a ser la misma y, puede que luego se venda al mejor postor, o, simplemente se deje en el olvido.

Las vacaciones en paz brindan paz y bienestar. Han hecho felices a muchas personas, a muchas familias. Han hecho mejores a muchos corazones y han colmado muchos anhelos y deseos. Han provocado idas y venidas. Se reproducen cada año, más allá del devenir de las ideas. Y es que en la intensidad de la solidaridad tiene en el ser humano la clave de la subsistencia cuasi eterna, y, el respeto que ésta reclama es su baza fundamental. “Joula”, aunque a veces anda en la cuerda floja, tanto por culpa de una parte como otra, siempre se ha mantenido engrasado con tal elemento que es el respeto.




Exiliados (2): Crónicas del exilio saharaui

Él                                  
Él va a la par con el exilio saharaui y su cumple se anuncia a bombo y platillo cada año, sabiendo que no es tradición el recordar o celebrar dicho acontecer. Él es el grande de la familia del exilio. No llegó a tiempo para ir a la guerra. Suerte. Pero paradójicamente reclama la guerra, reclama su pedazo de historia, reclama su arma y sus balas para descargar su ira o su venganza. Ahora es el mayor, el que recientemente se ha casado o esta a punto. Él es el mayor y su voz ya calla a los mayores y les enseña las pautas a seguir en el exilio y les da el pan de cada día. Trabaja aquí y allí, se sacrifica sin importarle el precio y come arena amasada con su saliva.
El Él, es simpático y a veces tiene la sonrisa blanca y a veces la tiene color crema. No conoce de miseria pero sí de sufrimiento. Poco a poco labra su vida con el arado de la esperanza y con la fuerza del orgullo.
Simétricamente, la vida y las condiciones que le rodean le van quitando fuerzas e ideas. Le mangonean y le tratan como el tonto sin ideas ni experiencia. Es así porque su lectura no distingue entre silabas castellanas y abecés arábigos. Los idiomas los entremezcla y los bate para bebérselos sin ningún atisbo de error. Pero también los mayores siguen siendo jóvenes aunque pierdan el juicio.
Él, exiliado de pura cepa, no busca un final ni un principio, no tiene tiempo pero sí temperamento, no tiene motivaciones aunque sí motivos y no tiene aplausos aunque tiene ovaciones. El exilio es duro como el mismo desierto y aunque Él es oriundo no le cabe que es de donde nació, -a mí tampoco, sea dicho de paso-. Es una vorágine de sentidos y sensaciones que suspiran por una refutación.
Aún clama por la guerra que no alcanzó y jura liberar su tierra cueste lo que cueste. Clama, cuando ya sabe que las armas ahora son pedestales y las balas flores. Cuando ya sabe que los tanques son autobuses y los camiones cisternas. Y, cuando ya sabe que las manifestaciones ya no necesitan banderas y pancartas y los manifestantes no necesariamente deben estar compinchados con Dios.
Yo estoy con Él, aquí en el exilio y nos codeamos en “la marsa”, en “passaja” o en Rabuni.




Exiliados (1): Crónicas del exilio saharaui

Yo
No soy yo un modélico exiliado, tal vez soy un enfadado exiliado y rabioso y también inquieto. Si, todo me ha ido como tal. El tiempo y las esperas me han confiscado las maneras de vivir y los modales. Han apretujado al limite mi paciencia y han aniquilado poco a poco mi entusiasmo y mi fervor patrio. Es así de cabrona la vida y de soberanamente malintencionada.
No es mi Yo, tan interesante más que otros compatriotas. Es mi Yo solo un ser andante en busca de su propia frontera, una frontera que se antoja cerca, pero que en realidad esta perdida entre culturas y pueblos que se regocijan de que les pertenece. Pero, de pertenecer también hablan mis vecinos de todos los nortes y sures y ambos laterales, si, mi Yo les pertenece,-dicen-. Como muestra, indistintamente, me han dado cobijo, me han documentado, me han alabado, me han cuidado al mínimo detallado y me han prestado sus embajadas y consulados y, siempre me han dicho muy buenamente, que yo y este hogar esta abierto para mi.
Exiliado oficialmente, según para quien y extra según para quién. Es mi exilio realmente un objeto abandonado en el almacén de los trastos, polvoriento y sucio que, solo se percata de su presencia cuando se limpie el sitio y, tantas veces se tentó en tirarlo como objeto ya definitivamente inútil.
Exiliado a los pocos años de nacer. He implorado a Dios que acabe todo y me dé mi pedazo de tierra , pero siempre me ha negado todo y, a veces me ha discriminado. Es así. Aunque sigo rezando y pidiendo lo mismo, como tantos saharauis. Incluso, hay quienes ya rendidos, quieren pasar directamente al día del "juicio final" y vérselas con Dios. ya no hablan de independencia o cosa por el estilo, más bien, del camino a seguir y las normas a cumplir para entrar en el paraiso celestial.
Mi ser se ha cansado de dar tumbos aquí y allí, y se cansó de reír y volver a reír. Me cansé de ver y tocar los colores de este y aquel cielo y me he liberado de tantas culpas para adquirir otras tantas.
Al final todo es banal, o no. Si yo fuera libre quizás no todo lo sea, porque no es menester culparse y disculparse de algo que solo te incumbe a ti. Pero es razonable alzar mi voz para desairar mis miserias y mis conflictos.
Exiliados saharauis quieren hablar para decir lo que a mi Yo no se le ocurre, porque ignoro o porque no sé los detalles. Los veo que rechisten y apalabran a carcajadas: una queja bien intencionada es una denuncia del alma y que va al alma en exclusiva.


Fuente: Chejdan Blog




Crónicas del exilio

Los exiliados saharauis desde luego tienen nombre y apellido y familias, también tienen profesiones, ilusiones y muchas ganas de vivir dignamente. Esta sociedad que esta inmersa en un olvido perpetuo, quiere renacer de su propia tragedia, pero, cada vez que se dan las condiciones, algo le vuelve a enterrar y de paso pierde brillo. Es así, la tragicomedia saharaui, bien puede ser eso: una obra de teatro.
Pero vuelvo al principio, sobre los exiliados saharauis, tienen algo que decir.
Yo, me imagino algo y, ellos sabrán su, mi, realidad, indivisiblemente somos.
Con esto quiero introducir mis crónicas de los "Exiliados saharauis"
Espero que se le dé mucho fuelle y mucha lectura, para al menos avivar la esperanza del futuro.


Fuente: Chejdan Blog




Exiliados (10) del poeta y escritor saharaui Chejdan: Maimuna



Ser y sentir

En el supermercado de la calle Palma, próximo a su domicilio, era donde hacía la compra habitualmente y nunca había reparado en nada que no sea lo propio, comprar. La gente habitualmente le suelta una que otra palabra o una que otra mirada o guiño, nada más normal en un súper. Pero hay miradas que son constantes y a veces sospechosas que se infiltran en el centro de otras personas, miradas que codean con los sentimientos. La del abnegado portero del súper, infundaba algo de eso, a base de las, buenas, de todas las horas. Se estaba proponiéndose de manera informal a Maimuna. Pero ella nunca se percató de nada.
Un día a la salida de ese súper, tropezó con la policía, que estaba justo a la salida y, sin preámbulo le pidieron su documentación, pero no los llevaba encima. No pudo pronunciar palabra ninguna de tal sorpresa, solo balbuceaba, por lo que los agentes después de tanto interrogatorio innecesario, porque ella no respondía a sus preguntas, ni siquiera parecía que les entendiera, decidieron llevarla a la comisaría. Todo ocurría bajo la atenta y a la vez atónita mirada del portero.

(continuara...)
Articulo de Chejdan Mahmud




Homenaje a Gdeim Izik de los poetas y escritores saharauis: (1) Poema de Chejdan Mahmud

Con motivo del 3º Aniversario del desmantelamiento del Campamento de Gdeim Izik, EL SAHARA DE LOS OLVIDADOS quiere honrar la voluntad inquebrantable del pueblo saharaui compartiendo cada noche una entrada del homenaje que los poetas saharauis hicieron al Campamento de la Dignidad.
Gdeim Izik, 8 de noviembre de 2010..
"NO OLVIDAMOS". ¡¡Sahara Libre!!

Poemas del libro "La primavera saharaui" 
El grito de Gdeim Izik
Jaimas, jaimas,
se alzaron en Gdeim Izik.
Jaimas, jaimas,
desafiaron al colono
y retumbó la epopeya
allá donde fuere.
Se dijo, de una vez por todas:
El Sáhara no se vende.

Chejdan Mahmud (La primavera saharaui)

En octubre de 2010 se agotó la paciencia de los hijos del Sáhara y brotó un campamento de 7.000 jaimas a 14 kilómetros de El Aaiún. Cada jaima es un bastión infranqueable y una bandera que seguirá flotando en el cielo de la patria hasta la victoria final. Bendita seas tú, jaima. Eres el alma de nuestra tierra y nuestro tesoro más valioso.
(Abdurrahaman Boudda)

Los crímenes no se pueden ocultar en cualquier parte del mundo y tampoco la culpa de quien los ha cometido. Pero cuanto más tiempo se cierren los ojos a la impunidad, habrá más violaciones a los derechos humanos, más atrocidades, lo que empujará a lo inimaginable. Como Jatarramla, Gdeim Izik pasará a la historia como un hito en la lucha saharaui por su patria y como símbolo de rechazo a la ocupación.
(Ahmed Muley Ali)

Organización de las Naciones Unidas, Gobierno de España, comunidad internacional y a quien corresponda, hoy pido la palabra para contar una historia de un lugar que huele a indiferencia, a represión y a olvido. Un rincón del planeta sitiado, mutilado y poblado de gentes nobles que con valentía enarbolan la bandera de la dignidad, pues es lo único que no les han podido arrebatar.
(Sukeina Aali Taleb)




Las dunas de Auserd

Si vas a Auserd, en los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, indudablemente trata de acercarte a las dunas, pregunta por ellas, ya te dirán. Míralas atentamente y disfrútalas, sube a lo más alto y déjate caer de la manera que sea, de cabeza, de culo, rodando, a toda vela, a saltos, como sea, pero hazlo.
Si ya vinieses, aprovisiónate con lo más sencillo y útil, equípate con tu mejor cara y afina tu sonrisa. Desdobla tu ropa de safari y la ropa interior que sea de gala porque siempre pasará algo o, te lían o te lías pero, de cualquier manera lleva aquella que no te importe que se vea, hay granos de arena que les gusta penetrar, sin preambulos ni mediar palabra.
Cuando estés, absorbe tantas bocanadas de aire como si ahorita acabara, deja entrever tu primera sonrisa, mira a tu alrededor vuelve a sonreir y grita cuatrocientas veces y una más, ooooooooooooooo o, como te salga pero exagéralo.
Desenreda los cordones de tus zapatillas, si quieres ten prisa en quitarlos, ah, incluso te pueden servir de juguete; también se aconseja despojarse de objetos cortantes y de la inhibición.
Las dunas de Auserd entonces, te darán la bienvenida, te acompañarán en todo momento y te preguntarán una y mil veces qué querrás hacer. Al final, después de exhaustos, te dirán con el corazón apesadumbrado, no vuelvas a mí y diles a los que están allí cerca que se vayan. Tú como siempre no dirás nada, aunque no te importe que se haga de noche, la voz  melancólica de las dunas te retroproyectan a una pensamiento raro, estremecedor. Cierto este lugar, pensarás, es fantasmagórico tanto para mí como para esta gente que vive al lado.
Ahora a punto de irte, te dejas sopesar por la brisa fresca de la tarde que como siempre antecede a una noche gélida. Y te vas por fin. Vuelves a un lugar y luego a otro.
Esta es la historia de mil viajes anunciados y la pena de un pueblo, es la realidad de una diversión quebrada. Vete a las dunas de Auserd cuando leas esto y, diles de mi parte que les guardo rencor, ellas ya saben por qué.

Un relato de Chejdan Mahmud Yazid (poeta y escritor saharaui)




Exiliados (9) del poeta y escritor saharaui Chejdan: Maimuna

La vida del incordio
El resguardo que llevaba, tenía una validez máxima de tres meses, que ya estaba vencido de hace unos días, cuando doña Lola se presentó en su estudio la última vez y, tenía que de una manera u otra, saber qué había pasado con su expediente que entregó en Badajoz. Por teléfono podía saberlo, pero necesitaba que alguien hiciera la llamada por ella, para enterarse bien de lo que había que hacer, si es que hay algo que hacer. Antonio perfectamente podía serle útil, pero lo descartaba y, doña Lola también, pero no quería molestarla.
Se presentó en el restaurante “casa Lola”, antes que éste abriera y se sentó en el mismo banco de antaño, donde Lola la vio por primera vez. Al rato se presentó esta última en su local y cual su sorpresa cuando vio a Maimuna sonriéndole tímidamente.
-Hola Maimuna!
-Hola!
-Qué haces tú por aquí y a esta hora?, son las seis y media de la mañana.
-Quiero verte.
Doña Lola era una mujer muy elegante y de muy buen ver, irradiaba frescura a pesar de sus cuarenta y siete años de edad. Enseguida abrió el restaurante, encendió las luces y fue a la máquina de café, mientras que Maimuna se puso a colocar las sillas; ordenar las mesas y recoger la barra, rutinas del restaurante.




Exiliados (8) del poeta y escritor saharaui Chejdan: Maimuna

Maimuna
Desde que empezó a trabajar con Lola, el único momento, donde se le oyeron palabras en público fueron las del percance con Don Fritz. y, no es que ella sea introvertida, su carácter es más bien todo lo contrario, le gusta reír, gastar bromas, salir y divertirse. Su situación de desamparo la ataba a un pena propia que le impedía relacionarse de cualquier manera. Y, la verdad que sí daba pena, no tenía amigos, ni familia, ni nada propio, tenía a doña Lola como amiga y familia, aunque apenas se cruzaban frases y mucho menos después del incidente. La catastrófica llegada a Valencia parecía no terminarse nunca, aún la perseguía el fantasma del desamparo y su única salida parecía serse el recuperar su carácter, el ser ella misma, quizás, la puta, quizás la rebelde. Pero a veces el destino tiene señalado de antemano a alguien y pase lo que pase siempre le reservará uno que otro inconveniente o conveniente, no siempre la respuesta a determinadas cuestiones es posible.
La faena en el restaurante, puede cambiar de un día para otro radicalmente, a veces hacen solo de camarero o de fregachin o de ayudante de cocina o se esta en la barra, y otras tienen que ser dos o tres cosas a la vez. Pero todos lo llevaban bien y ya estaban acostumbrados y nunca eso había sido motivo de discusión o incordio aunque, el roce a veces era demasiado y molesto. Ni así, Maimuna pudo relacionarse con sus compañeros de trabajo. Los días de mucha faena siempre venían de imprevisto y los contratiempos también y, entonces había que tirar como sea –como decía la Sra. Lola, cuando necesitaba hacer algo-.




Exiliados (7) del poeta y escritor saharaui Chejdan: Maimuna

Lola
La Sra. Lola, la dueña del restaurante del mismo nombre, antes de abrir su negocio, se percató de la presencia de Maimuna cuando la vio durmiendo en un banco contiguo a su restaurante, solo al abrigo de su ropa, en posición fetal y las manos tapando su cara. Lola, sin dudarlo fue a despertarla e interesarse por ella, por lo que antes de nada la invitó al restaurante, con gestos inequívocos. Con sumo tacto, la encaminó hasta sentarla en una mesa y seguidamente, como disparada fue a hacer cosas y se perdió tras una puerta y luego otra, para seguidamente reaparecerse. Le dispuso un par de bollos y un zumo e instantáneamente puso a calentar la máquina de café. Todos sus actos parecían desmedidos y salpicados de cierta curiosidad.
En realidad, qué va a contarle Maimuna a la señora. Comía con pesadez y sus ojos aún dormitados se querían esconder detrás de los parpados y, se recogía el pelo una y otra vez con la mano a marcha lenta como si la faltara energía y ganas. Contarle sin duda la verdad. Como que, solo había vuelto a un hogar que había dejado dos días antes, y ya no lo tenía. Era lo más sensato, aunque su cerebro apenas había despertado, pero podría resumirlo de esa manera. Pero la señora quería saberlo todo. Mientras le servía el café, Lola iba subiendo su mirada lentamente desde la taza hasta los ojos, repasando penosamente la figura que tenía delante, sus gestos la invitaban a que “desembuche” y ya. Maimuna le contó lo que podía de manera desordenada y casi vaga...
Sin pensarlo, estaba fregando el suelo y las mesas del restaurante “Casa Lola”.




Exiliados (6) del poeta y escritor saharaui Chejdan: Maimuna

Cosas que pasan
El mejor cliente del restaurante era don Fritz, un alemán cincuentón, mal hablado, que vive a cuadra de allí. Es uno de esos clientes fieles hasta la médula, venía diariamente y dejaba buenas sumas de dinero, aparte de la propina, por lo que se le tenía un gran respeto. Don Fritz se sentaba en cualquier mesa y era como un paisano más, tanto que ya le acompañaba el don a su apellido, que él procuró en su momento que así fuera. Muchos le reían sus maneras y ocurrencias, a veces sin sentido, pero eso no importaba, ya había ganado el favoritismo de todos los asiduos y trabajadores y, tanto que sus costumbres se fueron acrecentando y delimitándose sin que nadie le reprochara nada. Y Don Fritz, es en realidad, a vista distendida, un rentoso de su propia vida pasada y, que ahora solo le queda, desvivir y, era eso precisamente lo que hacía: desvivir en el restaurante de Lola hasta el hartazgo y al día siguiente, más de sí mismo.
Hasta que un día cometió un error, que, a su pesar, los errores se pagan de una manera u otra, pero siempre se pagan. En un alarde de confianza y jocosidad le pellizcó el culo a Maimuna y la bandeja que ella sostenía en las manos voló por los aires y un par de vasos se hicieron añicos, y seguidamente en acto de reflejo se volvió bruscamente y aireo su corta mano, que no alcanzó el mentón del viejo alemán, por centímetros y, empezó a increpar dura y ruidosamente a Fritz delante de todos, y, le hizo abandonar el local, acto seguido ella también salió velozmente indignada...




Exiliados (5) del poeta y escritor saharaui Chejdan: Maimuna

Los papeles
Los papeles para los extranjeros son más importantes que la comida y la ropa. Se enfrascan tanto en ellos que, hasta se les olvida su dignidad, muchas cosas cotidianas y perecederas se dejan a un lado hasta cuando se pueda. Y los que les rodean también se impregnan de su situación, hasta comen y respiran de ella. El extranjero se convierte en víctima de su situación, ya le teme a todo y a todos y su propia familia se hace su enemigo numero uno irremediablemente, le hacen sentir el don nadie, el inútil, el débil, porque si fulano pudo, o aquel hizo esto o hizo lo otro y mengano se fue a tal lugar y sobornó a aquel y compró aquello y le dieron los papeles, porqué él no? Mas aquí cerca, los que le rodean le ven como el desdichado y dirán, bah! lo que le espera!, no será fácil y, se alejan de él, nunca le acompañarán a nada porque no tienen tiempo y, como aún no trabaja ni tiene dinero, recibirá sin remedio todas las broncas necesarias e innecesarias y solo él beberá de sus penas y, tiene que buscarse el momento adecuado, la hora precisa para contarlas, en ese momento, cuando encuentra la persona adecuada para desahogarse, verá en su cara, la pena que le da y enseguida se apresta a decirle: ahora pago yo, no te preocupes, ya algún día pagas tú; ojala, responde el desdichado foráneo en silencio.




Exiliados (4) del poeta y escritor saharaui Chejdan: Maimuna

Puta
(...continuación)
Ser o no ser una cosa, en este caso, verdaderamente no es la cuestión. A estas alturas de la vida no cuenta nada, ni el respeto al prójimo siquiera y, en el mundo, la insignificancia de las almas es cuestión de aspirar y expirar. Las personas se multiplican por uno o por nada para, al menos, sobrevivir dignamente. Esto, y por cuanto, Maimuna estaba  en el umbral de la perdición, y se hizo puta, queriéndolo. Y si no lo hiciera, también, a ojos de otros, lo sería.
Se hizo puta y ganó mucho dinero. Tanto, que se regocijó de su suerte. Ja ja ja, aquí y allí merecidamente, -si señor- y, las cosas fueron por su cauce, largo cauce. Los Martínez se repugnaron de vez en cuando de su conducta, pero no tanto para entrometerse, al final y al cabo, los buenos modales y buenas conductas, para quien sea, se escriben en el hondoso e intrínsico laberinto del cerebro,  cuando éste, aún se es inmaculado y libre.
La primera vez que Maimuna se dio cuenta que era presa de sus actos sexuales, se mandó a repasar y reiterar su vida tranquila, cuando su alma juvenil, suplicaba por un trozo de libertinaje, aunque sea a cuesta de sus pechos o sus labios o su trasera y, sonrió.




Exiliados (3) del poeta y escritor saharaui Chejdan: Maimuna

 Los caminos de Dios.
(...continuación)
Esta tierra en la que sueña ahora, tiene toda de desierto, aún camuflado de espigas y por el norte es un acaudalado edén de las una y mil ninfas. De costumbres y de religión que huelen a reconquista y a azar; viste de zángano y se transparenta como la medusa.
El desierto que la vio nacer tiene de espinas como España de moros, porque ella es mora y es puta, y las putas como las espinas están en cualquier sitio.
La estatura de Maimuna, poco más de un metro sesenta no desentona con el resto de su cuerpo. La cara redonda igual que sus piernas y caderas, sus pechos y ojos también  redondos. Toda en sí era redonda. A pesar de este aspecto, era atractiva la mayoría del tiempo y, simpática siempre. En su cara risueña dejaba entrever restos de tristeza de antaño y de hoy, también un poco de infantilismo irreverente, pero es más su ansia de vivir y disfrutar sin tapujos de la vida lo que la hacía más interesante y hasta heroica.
La sensación de vivir por vivir simplemente, la extasiaba y, es que tenía la libertad y, podía decidir por sí misma lo que le plazca, “siempre entre comillas”.




Exiliados (2) del poeta y escritor saharaui Chejdan: Maimuna

¿Del error? Pues del error
di el antro, di las veredas
oscuras: di cuanto puedas
del tirano y del error.

José Martí
La Diosa del hogar
Maimuna no podía dormir, esperaba en su jaima como cada noche a su marido, que como siempre llegaba tarde de jugar a las cartas con sus amigos o sabrá Dios lo que hacía, pero eso era lo que le decía cuando llegaba. Se inquietaba con cada palabra y gesto suyo y cada vez más, la idea de tramar algo le iba colmando del todo y, tiempo tenía para ello, ya que las soledades perpetuas a las que estaba sometida, le iban pesando más y más. Casi tenía claro que hiciera lo que hiciera era mejor que no hacer nada, se le estaba agotando su vida y más su paciencia. Mas todo, su vida conyugal, propiamente dicha, nunca había funcionado.
El drama de su vida era demasiado pesado e insoportable como para aguantar algo más, este hecho, que llevaba tiempo soportando –tiempo del alma, que multiplica por mil el tiempo físico-, en definitiva era la punta del iceberg, era la gota que iba a colmar el vaso, una vaso que de antemano ya estaba frágil, porque las calamidades que llevaba soportando eran eso, quizás en mayúscula, calamidades.




Exiliados (1) del poeta y escritor saharaui Chejdan Mahmud: Maimuna

"de mujer, puede que mueras de su mordedura, pero no manches tu vida diciendo mal de mujer."
José Martí
Erase una ronda de té
Una historia, nada más.
Momentos dispares y palabras jocosas entremezclados con fogosos sorbos de té a lo largo de un día, son más que cotidianos en la vida de un saharaui; entonces la vida adquiere sentido y sabor, las carcajadas somníferas y variopintas y entrecruzadas van y vienen, acto seguido sin reflexionar, al oír las murmullos que dan rienda suelta a la imaginación. El acento llano del hablante que nunca denota ira, se codea con una frágil verdad, adyacente a la indiferencia o la mentira. Si ese té, se contaminara de mujer, la frágil postura del hablante se transforma en dardos místicos y las palabras se fraguan en deseo. De las mujeres, que muerden trágicamente, no se cansa el feudal caballero que de antaño supo que tenía el deseo aplazado.
De las saharauis, nada esta dicho, ni mucho menos escrito. Ellas mismas aún se entregan a un vacío terco, que en algún tiempo era impuesto, pero que ahora ya se les ha puesto demasiado pesado. Y qué dirán si hablaran?, es una cuestión que más de una respondiera, pero otras, se retractarían por las que hablasen.




Los contenidos de este blog son propiedad de su autora y de los medios de donde han sido duplicados, citando la fuente o autor de los mismos.
Para suprimir cualquier contenido con derechos de copyright que no permita ser duplicado, contacta conmigo en teofermi1@gmail.com
teofermi1@hotmail.com