¡SAHARAUI, SAHARAUIA, EIDA FEIDAK LILHURRIA! (tu mano junto a la mia hasta la libertad) ¡Rompamos el bloqueo informativo. Derribemos el Muro de Silencio! ¡LABADIL, LABADIL, AN TAGHRIR ALMASSIR! (No hay otra opcion que la autodeterminación)

EL SÁHARA DE LOS OLVIDADOS اِل ساارا دي لوس اُلبيدادوس




"Háblale a quien comprenda tus palabras"
"Kalam men yafham leklam"

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Muerte a la intemperie


Texto: Ali Salem Iselmu / Ilustración: Fadel Jalifa / Y..¿Dónde queda Sahara?

Cuando salió de su casa aquella noche de verano sabía que no iba a volver. En una pequeña caja llevaba sus objetos de mayor valor y los guardaba para que nadie pudiera verlos. Antes de dejar su tierra, miró el horizonte para captar la luz de la luna con sus ojos. Las piedras afiladas de la llanura, eran extrañas estatuas que iba observando. El coche que conducía, buscaba de forma desesperada un pequeño poblado en el que vio por primera vez un eclipse solar.

A medida que se alejaba, una extraña nostalgia lo dominaba. El paisaje cambiaba. Los árboles empezaban a escasear y las temperaturas subían unos cuantos grados. La brisa del mar que penetraba en su ciudad, estaba lejos. Aquellas flores con pétalos amarillos que solía regalar a sus amigos, las había dejado en su jardín, expuestas al paso inevitable del tiempo.

Delante de sus ojos, vio la tierra cubierta de una extraña capa de color oscuro que le recordaba los caminos que recorría de pequeño.

Cuando llegó a la meseta seca y salda. Sus ojos se cerraron. Todo el miedo que sentía cuando dormía de noche cerca de las tumbas de sus antepasados, era un recuerdo lejano. Estaba ahora frente a una tierra agrietada de color rojizo. En su interior se veían restos de caracoles fosilizados.

La ciudad de paredes blancas, y de casas anchas, no estaba ya a su alcance. Cuando llegó a aquel pozo rodeado de palmeras, se dio cuenta que el poblado del eclipse solar estaba lejos. La travesía de un camino que aparece y desaparece, lo había llevado a otro lugar.

Bajó del coche y vio entonces a su mujer, sus  hijos y su mejor amigo, habían subido en los asientos de atrás, sin que él se diera cuenta. Cogió las mantas y las tendió cerca del tronco de una palmera. Sentó a sus hijos y a su mujer. Se fue con su amigo a buscar leña para combatir el frío de aquella noche gélida.




Las huellas de una palabra. Réquiem a Bujari Ahmed


Texto: Ali Salem Iselmu / Ilustración: Fadel Jalifa / Y..¿Dónde queda Sahara? 

Réquiem a Bujari Ahmed
Envuelto en su bandera
enterraron al héroe de la palabra
lejos de su ciudad
lejos de su jaima.

La tierra más inhóspita
guarda su sonrisa
guarda sus lágrimas,
sus anhelos
sus sueños.

Él lo dijo,
morirán generaciones,
vendrán otras
para cerrar la herida abierta
para curar el alma.

El vasto cementerio crece,
en la memoria de los que no volverán
a beber de la profundidad
de un pozo,
a tocar las dunas vírgenes
que abrazan el agua del océano.

Todos abandonaran
ésta soledad,
se irán algún día,
pero las palabras
quedarán en la mirada del héroe,
en las rendijas de la historia.




Poema "El mundo de los ignorados" de Ali Salem Iselmu dedicado a Takbar Haddi



El poeta y periodista saharaui Ali Salem Iselmu le dedica a Takbar Haddi este poema de apoyo y condena el vil asesinato y entierro de su hijo Mohamed Lamín Haidala por las autoridades marroquíes sin su consentimiento.

Takbar lleva tres años reivindicando que el régimen de ocupación marroquí le entregue el cadáver de su hijo que fue asesinado por colonos marroquíes en connivencia con la policía y el aparato represor marroquí en la ciudad de El Aaiun.

EL MUNDO DE LOS IGNORADOS
Lo han matado,
como han matado a otros.

Lo quieren encerrar en el cementerio del olvido,
pasar página,
mirar hacia otro lado,
después de dejarlo sin vida.
los culpables pasean impunemente
mientras una madre expone su cuerpo
al hambre y al dolor.

Nadie se acercará a escuchar su clamor,
las cámaras miran hacia otro lado
y los medios de comunicación
envueltos en su desidia
ignoran el asesinato de Haidala,
ignoran la huelga de su madre.

No hay derechos humanos,
ni individuales,
ni políticos,
ni sociales.

Son saharauis,
los saharauis no existen en la crónica de los sucesos
son parte de otro mundo
el mundo de los ignorados.




El último erudito del cielo


Por Bahia M.H Awah / Texto: Ali Salem Iselmu, escritor, poeta y periodista saharaui / Ilustración: Fadel Jalifa, pintor saharaui de fecunda obra / Fuente: Y..¿Dónde queda Sahara?

Cuando lo vi estaba temblando de frío, tenía la cara cansada después de una larga noche en la que se quedó sólo sujetando las cuerdas de la jaima, en aquella tormenta de arena.

Él conocía de memoria cada estación. Sabía que las estrellas cuando caían inclinadas al sur, anunciaban los vientos del Este que solo traían una arena oscura y espesa en la que nadie podía orientarse.

Cuando él perdía toda esperanza en aquel cielo, que había salvado a sus antepasados, entonces acudía a las palmeras de los oasis y empezaba a rezar con las manos abiertas, buscando milagro en el Este, sin olvidar nunca los vientos húmedos del Sur. Aquellos que traían el olor del agua y hacían correr a los animales, cuando intuían que una nube salvadora se precipitaba de aquel cielo lleno de colores enigmáticos.

En aquella confusión de nubes y tormentas, él miraba con la mano izquierda apoyada sobre su frente, haciéndole una pequeña sombra. Dirigía sus ojos al sur-este, oteaba el horizonte una y otra vez. Sabía que no podía equivocarse.

De su mirada dependía la vida de aquellos hombres que habían aprendido a observar e interpretar el cielo, pero él tenía la última palabra, el primer paso de aquella estirpe de hombres y mujeres.

Un error le suponía la vida o la muerte. Empezaba a caminar descalzo sobre la fina arena. Cuando se sentía perdido e inseguro. Cogía con su mano derecha un cuenco y bebía, hasta llenar su boca. Miraba al Este y expulsaba de sus labios un chorro de agua[1], para detener el viento de arena.




Yo dormí en los montes Leyuad


Por Bahia M.H Awah / Texto de Ali Salem Iselmu* / Fuente: Y...¿donde queda el Sáhara?

Cuán extraña el desterrado su tierra y cuán de dolor en sus largas noches de exilio despierta para curar en verso. Ali Salem canta los majestuosos mágicos montes tirseños de Leyuad. Y cuenta que en un periplo por esa región, recuerda haber disfrutado un inolvidable امكيل emguil, siesta en las frescas y "diabólicas" cuevas de Leyuad. Bahia MH Awah 

Yo dormí en  los montes Leyuad
En el valle de acacias
pisé la arena y encontré pequeños escarabajos
varias huellas salían del tronco de un árbol,
al contemplarlas hallé la quietud de mi alma.

Yo era un hombre rodeado de montañas
escuchando el aullido de los chacales
la llamada de la estrellas,
el impacto de los rayos de sol,
era feliz en la soledad del tiempo.

Algo de mí nació sobre las dunas
cuando el viento
penetró entre las montañas
dejándome desnudo.

En el renacimiento de mi alma
me desperté en Leyuad
las dunas, las negras montañas, el valle que mira al sur,
un hombre encendía una hoguera,
con las piedras remotas,
el humo salía,
era la llamada de la noche
el fin de un largo día.




Tengo miedo


Por Bahia M.H Awah / Texto: Ali Salem Iselmu / Ilustración: Sayad Mohamed / Fuente: Y... ¿donde queda el Sáhara?

Cuando alguien siente rabia e impotencia ante muchas situaciones injustas y terribles, acude a la poesía como el último refugio contra el odio y el miedo. En ella encuentra palabras e imágenes que construye con mucha delicadeza para dar respuesta a la intolerancia. Una mirada transforma una vida, rompe una frontera y penetra de forma irremediable.

MIEDO EN LA MIRADA
Hoy que algunos me miran con miedo
las lágrimas de mi corazón
brotan del interior de mi alma,
me siento desorientado
en esta jungla humana.

El brillo que hay en mis ojos
se apaga lentamente
mis brazos ya no tienen fuerza
me siento derrotado
con cada muerte
con cada crimen
del que me quieren culpar.

Dudan de mi inocencia
me hacen preguntas incómodas
yo no soy de la religión del odio
sigo encontrando placer en la luz,
en las palabras,
en los gestos.

Me siento impotente
ante tanta barbarie
soy inocente,
porqué mis padres lo fueron
mis abuelos también.




Primavera de los poetas en Lyon



Esta entrada ha sido escrita por el periodista y escritor Ali Salem Iselmu, miembro de la Generación de la Amistad Saharaui.

Hay palabras que rompen el silencio, absorben los gestos y se convierten en melodía. Lyon es una de ellas. Sus calles anchas, sus majestuosas iglesias, los dos ríos que la recorren. Fluyen para encontrarse en un solo punto. La primavera de sus poetas, el silencio de sus edificios que miran los desnudos árboles. Se refleja en sus improvisados mercados de frutas, verduras y carne asada.

Hay espacio para la poesía, para la imaginación en aquel  lugar cubierto de madera y libros. Las lenguas se mezclan y emergen con sus sonidos para llegar a diferentes paisajes.

Los poetas nómadas del Sáhara Occidental, recitan sus versos, desnudan su exilio y se reencuentran con la poesía.

La palabra vence barreras, supera obstáculos y llega al corazón para reivindicarse en su interior.
En el aeropuerto Saint Exupéry, pude sentir al principito paseando por los anchos pasillos de la terminal, a pesar del ajetreo con que se mueven los viajeros buscando sus aviones. Sometiéndose a un estricto control de seguridad.

Varias voces se mezclaban para revivir un poema, devolviendo su espíritu y transportándolo a un paisaje verde y exuberante. En esas voces hay un eco que suena en las montañas,  llega a las personas que se entregan con facilidad a la emoción de cada verso.

Los niños te miran y sonríen, luego pronuncian la palabra Santiago de Cuba, Sahara, Cubaraui, y entienden el recorrido de cada olor y sabor. Luego observan el nacimiento de cada verso, cuando sale de la fuente de la imaginación.

La poesía de La Generación de La Amistad, no es neutral, ni es objetiva, ni es militante. Es una poesía empecinada en dibujar los caminos del exilio y reencontrarse con las huellas perdidas del tiempo. Una generación de poetas que busca, recomponer los recuerdos y volver a la infancia abortada.




“La primavera saharaui. Escritores saharauis por Gdeim Izik”, un libro para que la llama del Campamento de la Dignidad no se apague


Esta entrada ha sido escrita por Conchi Moya, periodista y antóloga de "La primaversa saharaui".

“La primavera saharaui. Escritores saharauis por Gdeim Izik” es un libro de resistencia, nacido para dar a conocer los sucesos ocurridos en este campamento que reunió a miles de familias saharauis entre octubre y noviembre de 2010, a unos 16 kilómetros al sureste de El Aaiún ocupado, capital del Sahara Occidental.

Durante los dos meses que duró la acampada, cerca de 15.000 jaimas se instalaron en el lugar para apoyar las reivindicaciones del pueblo saharaui contra la ocupación marroquí. Sin embargo, entre el 8 y 9 de noviembre, las fuerzas marroquíes intervinieron en el lugar reprimiendo a quienes se manifestaban, con bombas incendiarias, utilización de chorros de agua ardiendo a gran presión y practicando numerosas detenciones.

Se trata de un conjunto de poemas y relatos, más una cronología, que nacieron de la rabia y la impotencia ante la respuesta violenta de la fuerza policial marroquí frente a saharauis desarmados y que pacíficamente protestaban por sus derechos. Una marea de jaimas que supuso para muchos analistas la chispa de las revueltas que se sucedieron en otros países árabes.

Precisamente en estos días se celebra un nuevo juicio contra los activistas saharauis del llamado Grupo de Gdeim Izik, 24 presos saharauis que llevan varios años encarcelados tras ser detenidos por su participación en el campamento. Organizaciones internacionales, abogados y observadores independientes han denunciado que los presos han sufrido todo tipo de torturas, abusos y malos tratos. Fueron juzgados por primera vez por un tribunal militar (a pesar de ser civiles) en febrero de 2013. De allí salieron sentencias de entre 20 años y cadena perpetua, según los casos.

La motivación que llevó al grupo de escritores saharauis que la llama de Gdeim Izik, que aparece en la portada del libro, no se apague.




La crisis de Guerguerat y el futuro del Sahara Occidental


Por Ali Salem Iselmu, escritor y periodista saharaui / adamir.net/

Sahara Occidental un repaso de actualidad y perspectivas del proceso político del Sahara Occidental. 

La crisis del Guerguerat en la frontera sur del Sahara Occidental, ha demostrado la ineficacia de la ONU y el papel de simple observador de La Minurso (Misión de Las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental).

Cuando el 11 de agosto de 2016, Marruecos inició la construcción de una carretera asfaltada fuera del muro, sabía que violaba el Acuerdo de Cese El Fuego pactado con el Frente Polisario en el año 1991. Dicho acuerdo, obligaba a las partes a mantener sus ejércitos separados por la distancia de cinco kilómetros. El Frente Polisario, denunció esa violación a las Naciones Unidas, y la Minurso no detuvo la construcción de la carretera ilegal. Marruecos pretendía con esa acción, facilitar el tránsito a sus camiones, para abastecer a los países de África occidental con frutas, verduras y otros productos.

Ante la incapacidad de la ONU, de garantizar lo pactado en 1991, y a pesar de la denuncia del Frente Polisario. La situación no cambió sobre el terreno, y los saharauis se vieron obligados a trasladar unidades de su ejército y frenar la construcción de la carretera. Esa decisión, fue vista como una respuesta legítima en defensa de lo pactado bajo la mediación de la ONU.

Marruecos trasladó entonces unidades de la Gendarmería Real Marroquí, que estuvieron a la distancia de 120 metros de los militares saharauis. La situación era demasiado tensa, y amenazaba con la ruptura del cese el fuego. Los camioneros marroquíes que pasaban por esa carretera, empezaron a poner sobre sus camiones, mapas ilegales en los que el Sahara Occidental aparecía como parte del Reino de Marruecos. Los saharauis indignados ante semejante provocación, no permitieron el paso a los vehículos que llevaban ese mapa ilegal.

La situación fue tomando mayor tensión, hasta que el rey de Marruecos Mohamed VI, hizo una llamada el pasado 24 de febrero al Secretario General de la ONU, António Guterres en la que anunciaba la retirada de los militares de su país de esa zona del Sahara Occidental. Esta decisión fue aplaudida por los Gobiernos de España y Francia.

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, alabó la decisión de Marruecos e instó al Frente Polisario a retirar sus militares con el objetivo de desactivar la tensión en esa frontera del Sahara Occidental.




Muere el plan marroquí, en el Sahara Occidental

Por Ali Salem Iselmu, periodista y escritor saharaui

Con la entrada del año 2017, Marruecos intenta sacudir de su ropa la arena pesada del Sáhara que se mete por la nariz, las orejas y por los ojos. La Unión Africana inspirada en los ideales de Nelsón Mandela, Huari Bumedián, Amilcar Cabral, Patricio Lumumba, Kwame Nkrumah y otros líderes anticolonialistas; ha dejado las cosas claras a las pretensiones de Marruecos, de imponer una ocupación ilegal, que rompe con la doctrina de autodeterminación y descolonización que ha servido a muchos pueblos africanos para lograr su independencia.

La Liga Árabe que se ha quedado fragmentada ante el conflicto sirio y la guerra de Yemen, no puede dar doctrinas a los pueblos de África y su tradicional lucha por la libertad. Una región inestable de la que ha surgido el peor fenómeno terrorista, conocido en las últimas décadas, poco puede aportar al conflicto del Sahara Occidental, que ha estado siempre en la agenda de los países africanos en varios foros internacionales.

Marruecos hizo su apuesta por los países del Golfo Pérsico y tejió su alianza, creyendo que la convulsión de los países árabes, iba a favorecer a sus intereses. Hoy sus aliados son un peligro para la seguridad internacional. El apoyo de Arabia Saudí y Qatar a los llamados grupos rebeldes, se resquebraja ante la tregua lograda por Siria, Rusia y Turquía para poner fin al sufrimiento de millones de refugiados, que siguen huyendo de la guerra y el terrorismo.

El Acuerdo Comercial de la Unión Europea con Marruecos excluye de forma clara al territorio del Sahara Occidental, y la justicia europea señala que el Frente Polisario en representación del pueblo saharaui es la parte con la que se debería negociar cualquier acuerdo económico.

La crisis de Elguerguerat en la frontera sur del Sahara Occidental ha servido para demostrar ante la ONU a quién pertenece la soberanía de dicho paso fronterizo. El discurso repetido hasta la saciedad por Marruecos, desde Tánger hasta Lagüera, se ha convertido en mera propaganda que vende el majzén a un pueblo cada vez más convencido del error histórico de la guerra y la ocupación de una tierra y un pueblo que mantienen su fe en la resistencia y la lucha por su libertad.




Poemas en París

El escritor saharaui Ali Salem Iselmu recita poemas en una librería de París

Esta entrada ha sido escrita por el poeta Ali Salem Iselmu, miembro de la Generación de la Amistad Saharaui.

Cuando el avión despegó, sentí como sus alas se movían buscando el centro del cielo. Observé los árboles, el río que bajaba de la montaña y las diminutas casas convertidas en puntos blancos. Cerré los ojos, quería recordar el sonido de aquel pájaro que me despertaba por la noche, cuando dormía en aquella cueva rodeada de dunas.

Toqué mis pies, no estaba descalzo. Volví a llevar mí mano a la cabeza con la intención de quitarme el turbante, oler su incienso y su perfume. Me encontré de repente con mis orejas, con mis ojos, con todo mi cuerpo sentado en una silla sin ninguna posibilidad de moverme.

Las luces de París brillaban en aquel cielo difuso, de estrellas débiles. La imagen de un hombre con una linterna, buscando sus pisadas en el interior de la arena, era la única señal en una noche oscura, una noche en la que uno busca, el beso de una amante; bajo la luz de una hoguera que se consume ante sus ojos.

Cuantos kilómetros puedes recorrer en una noche fría, una noche gélida en la que vas trasladándote de autobús en autobús, en busca de un poco de calor. Pides en tu interior que vuelva a nacer el sol, que se calienten las aguas del Sena y alguien pueda leer tú cartel de hombre sin techo, un hombre que busca un acto de bondad en la mirada de algún transeúnte.

Place de Clichy, San Lazare, Liége, Gare de Nord; son las estaciones de metro que marcan el ajetreo de París. La velocidad de un mundo que se escapa, no vuelve y se aleja cada vez más. Mientras en mis manos voy pasando, las páginas de un libro que me va devolviendo, la sombra de aquella acacia y la pisada de aquel elefante.

Pido un vaso de agua y la camarera no me entiende, le vuelvo a insistir “je vuex de l’eau”, se siente confundida. Me pregunta en inglés que lengua habla usted:
Le contesto: - yo hablo hasania, árabe y español.




Un Sáhara de libros por descubrir (1): La Generación de la amistad

En fechas recientes se ha celebrado, en el Centro Panafricano y Centro de Estudios Panafricanos, un encuentro que ha congregado a una serie de artistas, periodistas, cineastas, blogueros, africanos y afrodescendientes. Y también de escritores que han visto sus obras publicadas en fechas recientes. Entre ellos un saharaui, Bahia Mahmud Awah, antropólogo, poeta, escritor, fundador del proyecto informativo cultural Poemario por un Sahara Libre y uno de los artífices de la formación del grupo de escritores saharauis denominado la Generación de la Amistad.
“Los africanos hemos sido ninguneados en la literatura colonial. Nuestra cultura oral, nuestra memoria y la contenida en manuscritos de sabios y eruditos tienen un enorme desfase con lo reflejado en la bibliografía colonial”. (Bahía M. Awah)
Este movimiento cultural, que surgió en julio de 2005 en Madrid y también desde los campamentos de refugiados, empujado por el esfuerzo de varios intelectuales españoles, es “la primera generación de escritores del Sáhara Occidental que tomó la decisión de constituirse oficialmente como grupo literario”, tal y como nos informa Conchi Moya en el libro Literaturas hispanoafricanas: realidades y contextos, colectivo que además “ha conseguido publicar libros con cierta regularidad”.

Ellos mismos se definen como “Un grupo de poetas saharauis que pretenden transmitir el sufrimiento de su pueblo, unidos por historias de pastores que se perdieron persiguiendo sus sueños tras una nube” y resaltan que “La intención de esta iniciativa es destacar la importancia de la cultura en cualquier lucha, esta es una de las mejores representaciones que podemos dar al exterior para dar a conocer quiénes somos.”

Inspirándose en la Generación de poetas del 27, pero también en la poesía saharaui en hasanía, ya han publicado varias antologías, entre las que se encuentran: Añoranza (2002); Bubisher, poesía saharaui contemporánea (2003), Las voces del viento (2014), o la que ha visto la luz este mismo año bajo el título Generación de la amistad, que se edita en bilingüe: castellano-francés. El colectivo cultural lo forman un puñado de poetas que viven dispersos por el mundo: Limam Boisha, Luali Lehsan, Saleh Abdalahi Hamudi, Chejdan Mahmud, Ali Salem Iselmu, Zahra Hasnaui, Bahia Mahmud Awah, Sukeina Aali-Taleb Fernández y Mohamed Abdelfatah Ebnu, entre otros.




Memoria de ciudad [07]

Ilustración de Roberto Maján_Ilustrador

LA PRISA DE MADRID - Ali Salem Iselmu
Cuántas veces intenté fraguar mis sentimientos y recomponer mis ideas pensando en el esfuerzo que he de realizar para llevar mi voz de un sitio a otro, porque la voz de uno es también de otros cuando más la dotamos de contenido y nos comprometemos en trasladar a los demás nuestra experiencia mediante historias, anécdotas, compartiendo lo que nos pertenece de forma generosa.

La última vez que estuve en Madrid sentí la sensación de llegar a una nueva ciudad gobernada por el movimiento y la velocidad, tantas caras se cruzaron con mis pasos; caras de diferentes tamaños, ojos con distintos colores y personas que se mezclan con las luces y los anuncios de la navidad; pero en todas se nota cierto cansancio y el agobio de subir a un metro todas las mañanas y ver las mismas personas, cada una hundida en su propia vida. En medio de aquello me sentí un espectador en la jungla urbana pero en ningún momento quise ser partícipe y me conformé con guardar mi sitio hasta bajar en la parada de metro; a toda prisa subí la escalera y rápidamente busqué el autobús, después de unos minutos en medio del frío que me parecía más suave que el de Vitoria llegué a una avenida que era el punto de encuentro de un tráfico acelerado y en la mitad había una preciosa fuente de agua que reflejaba toda la luz en los chorros que iba soltando de forma continua. De repente me vi perdido y llamé inmediatamente a Bahia por teléfono porque no sabía dónde me encontraba; me explicó que él estaba en el sitio donde habíamos quedado pero yo me equivoqué y no lo supe distinguir, después de describirle el color de los edificios y la fuente decidí preguntar a una mujer el nombre de la calle y me indicó que cruzara el puente hacia la avenida, en la cual debí bajarme en un primer momento.

Después de caminar unos metros y cruzar el puente vi a Bahia dirigirse hacia mí y en ese instante supe que estaba en la calle en la que debí de bajarme; nos saludamos e intercambios las principales novedades, después compramos pan para la cena y subimos a su casa, allí estaba Conchi muy hospitalaria como siempre, pendiente de los platos, la cocina y la conversación; me saludó e intentó en todo momento que me sintiese cómodo pero yo le insistí que era uno más de la casa y que no se preocupara absolutamente por nada.




Adubba y Badi, poetas del Taganet y el Tiris

Vivió en otro tiempo, conoció otro mundo alejado de la realidad de hoy. Nadie cantó mejor a los parajes del desierto, al amor a la tierra en la lengua hasania (1) como Mohamed Ueld Adubba. En su poesía describió cada montaña, cada trozo de tierra, cada campamento nómada de la región del Taganet (2) que se encuentra en el este de Mauritania. La belleza que caracterizó su poesía, le permitió cultivar el género de Latlal (3) que es el canto al paisaje y a los accidentes geográficos, cantado en hasania por Chej Ueld Abba en la gama de lebteit (4), dedicado a los lugares de pasto y acampada. Describió a la tierra seca, muda e indiferente, vacía de sus nómadas pastores; dibujó la lluvia mediante palabras, comprometiéndose con los elementos naturales que dan vida al paisaje, desnudando el alma y el espíritu de cada persona.

Adubba es el poeta de la tierra del Taganet por excelencia, a ella cantó en el siguiente poema, que dedicó al monte Ihyak:
En la cumbre del monte Ihyak (5),
de día, durante semanas,
las mujeres,
contemplaban la belleza,
cuando aún, los moradores
estaban en Ihyak.

Mi deseo, disminuye
desde la lejanía,
en Aryi (6), Iduyen (7) y Rachid (8).

Mi amor se reduce de morada,
en morada.
Y en esta morada,
de los Sidelwafi (9)
nadie retorna a ti,
para curarte.

Y vuelve a ti,
el espíritu supremo.
Vacío estás
de tus moradores,
y en ese vacío
aumenta tu deseo.




Una vida en silencio

De aquellas promesas nacerán nuevas historias que brotaran de nuestros labios, apesadumbrados en medio de una inerme tranquilidad que nos lleva a juzgar el pasado trasladándolo al presente; huimos bajo el acoso de  la aviación y las bombas enemigas que mataron nuestra esperanza de libertad, esperanza que se había extendido por muchas tierras africanas pero en el Sahara fue aniquilada por la ambición ciega y despiadada de reyes que querían más tierras y súbditos bajo su mano opresora.

Pero fieles a nuestro filosofía nómada salimos una vez más en busca de pasto y agua hacia tierras desconocidas, porque los verdugos envenenaron el agua y el ganado, silenciaron Zemmur y Tiris construyendo la barrera de la muerte bajo la cual secuestraron caminos, carreteras, playas, ciudades y con su maquinaria de guerra mataron los principios beduinos de la libertad de movimiento tan imprescindibles para la propia vida.

Treinta y cinco años después nuestro pueblo sigue buscando un nuevo milagro que le enseñe el camino de esa nueva lluvia que traerá el esperado pasto verde en la llanura de Tiris.
En el brillo de nuestros ojos nacieron nuevas generaciones bajo un cielo que no es suyo y en una tierra a la que han sido condenados por la simple ambición de un rey cegado por la avaricia y el delirio expansionista de sus aspiraciones egoístas.

La indiferencia ante la injusticia es cruel, no podemos quedarnos quietos viendo que los años pasan y unas generaciones nacen y otras mueren bajo el dilema de esta tragedia, originada por la lucha permanente por unos intereses mezquinos que se contradicen con los valores del respeto, la solidaridad y la libertad. Los saharauis somos ese último pueblo africano que vio la bandera de un país bajar del cielo y otra subir, mientras se nos obligó, aun siendo hijos del agua y las nubes, a huir de nuestra tierra porque otros la ocuparon a la fuerza.

Ali Salem Iselmu

Fuente: Sahara Resiste




Takbar Haddi, el coraje de una madre

Cuando la conocí me impactaron sus ojos, su determinación y la fuerza de sus palabras. Ella habla siempre desde el corazón y con mucha tenacidad. Su hijo, el hijo que ella perdió aquella fatídica noche, cuando fue atacado brutalmente en el portal de su casa. Primero le lanzaron una piedra al pecho, luego lo arrastraron por toda la calle y al final uno de los agresores le clavó una tijera en el cuello.

Él quería ser libre, y delante de todos, siempre levantaba su mano derecha, haciendo con sus dedos la señal de la victoria. Recitaba unos versos del poeta tunecino Abu Kasem Alchabi en los que siempre decía: “si un día el pueblo aspira a la vida, inevitablemente desaparecerán las oscuras noches, inevitablemente serán rotas las cadenas”.

Su madre conocía de sobra, sus discusiones en el aula, cuando se negaba a aceptar el contenido de las clases de historia, rechazaba el mapa que le dibujaban en la pizarra y quedaba con sus amigos para organizar manifestaciones en las que reclamaban el fin del asedio, la ocupación y la represión.
Era una situación de angustia y dolor, en la que todos los días ella recibía insultos, por defender a su hijo, por inculcarle los valores de la resistencia y la dignidad. Con él recorría la zona de Imrikli donde sus antepasados sembraban cebada y la repartían de forma solidaria entre los distintos miembros de su comunidad.

Nunca una madre había luchado tanto, enfrentando el hambre, la sed, el frío y el calor, ante la mirada de los verdugos que pasean impunemente, después de haber perpetrado un crimen deleznable, arrancando la vida de un joven que quiso derrotar el miedo, que se respira en las calles de su ciudad.
Cuando aquella ambulancia lo llevó al hospital, escoltado de un furgón policial, Haidala se desangraba poco a poco. El médico de guardia le cosió la herida, sin desinfectarla. Quería que se apagara para siempre.

La policía aún no satisfecha, lo trasladó al calabozo para seguirle interrogando y torturando. Su cuerpo herido estaba lleno de sangre y pus, tuvieron que drenarlo para extraerle el líquido infectado. Era ya demasiado tarde, para un cuerpo agotado y lleno de dolor.
Los ojos de Haidala se apagaron al igual que los pálpitos de su corazón, se despidió del mundo que permitió su muerte, permitió su agonía.

Soñó que la tierra era suya, y en una plaza llena de gendarmes volvió a dibujar las huellas de sus abuelos. Hombres indomables, guerreros del desierto, dueños de la lluvia que nace de las nubes.
Su madre, la madre coraje. Abandonó sus padres, su ciudad y decidió peregrinar en busca de justicia. En sus pancartas dibujó el rostro joven de su hijo y con su voz reclamó justicia a un mundo lleno de pusilánimes, de hombres de traje y corbata que se niegan a condenar un asesinato que ha destrozado la vida de una mujer, a ella que enseñó a sus hijos a ser libres y a no claudicar nunca, frente a la mentira y a la usurpación de su dignidad.




Una mañana en un cementerio (descanse en paz Mohamed Abdelaziz, presidente saharaui)

Cementerio de Tifariti, territorios liberados, Sáhara Occidental, donde están enterrados combatientes de la guerra y personalidades saharauis relevantes de los años 70, 80 y 90

Hay un cementerio de piedras,
los nombres de sus difuntos,
aparecen esculpidos sobre la tierra,
un cementerio de kilómetros,
donde la vista se pierde
detrás de la aurora.

Niños, mujeres y hombres,
yacen enterrados,
debajo del fuego de las piedras,
el siroco entierra y desentierra,
la historia de cada uno.
Hay exilio en sus tumbas,
ellos ya no volvieron
otra tierra acoge sus cuerpos
en el interior de su seno.

Nadie hablará de ellos
son anónimos
como su hijos,
víctimas colaterales del destino,
solo existen en la memoria
del desierto y las arenas.

Y los que se acercan
a orar, cerca de sus tumbas,
se llevan un puñado de arena
para esparcirlo en el viaje del viento
en el viaje de la esperanza,
ellos son testigos mudos
de un mundo desvencijado,
un mundo derrotado
que no ha podido devolverles su tierra.

Esta entrada ha sido escrita por el poeta Ali Salem Iselmu, miembro de la Generación de la Amistad Saharaui.

Fuente: blogs.elpais.com




El fin de un espejismo: ¿se acaba el status quo para los saharaui?

La visita reciente del Secretario General de las Naciones Unidas a la localidad de Bir Lehlu, reconociendo que existe una situación de ocupación, en el territorio no autónomo del Sáhara Occidental, ha revolucionado la situación del status quo, y amenaza con el inicio de una nueva escalda de tensión que ha puesto en tela de juicio el papel de La Minurso, con la expulsión de 73 funcionarios de esta organización.

La cuestión no es de autonomía e independencia, como se está planteando en el proceso de negociaciones iniciado en 1991 bajo los auspicios de las Naciones Unidas. El grave problema que afecta al pueblo saharaui es el derecho a la autodeterminación, el fin de una situación de colonialismo y ocupación, surgida de la incompetencia de Gobierno español, que  abdicó de su responsabilidad para buscar una solución que se ajuste con el espíritu  de las resoluciones de la ONU, que otorgan a los saharauis el derecho de disponer de su tierra y constituirse sobre ella como país.

La Unión Africana, La Unión Europea, las Naciones Unidas, reconocen al Frente Polisario como la fuerza política que ha luchado a través de las armas y mediante las negociaciones para llegar a un acuerdo que permita una solución pacífica y digna, garantizando con ello el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

Ban Ki-moon, no ha dicho nada nuevo que pueda enfadar a Marruecos. Los mapas mundiales que separan al Sáhara Occidental de Marruecos son una prueba irrefutable al igual que las embajadas saharauis que se encuentran en múltiples países; el propio nombre de la Misión ONU (Misión de Las Naciones Unidas para La Celebración de un Referéndum en el Sáhara Occidental) es otra prueba sobre el terreno que nadie puede ignorar.

Marruecos está contra las cuerdas, ha sido derrotado en el campo de los derechos humanos, la lista de activistas y políticos expulsados del territorio saharaui es interminable.




Memoria de ciudad [06]

Ilustración de Roberto Maján


LA GÜERA Y EL BARCO DE AZÚCAR - Ali Salem Iselmu

Enterrada bajo la arena del desierto quedó la ciudad de La Güera y con ella desapareció su gente, cada uno huyó como pudo de su tierra bajo el fuego de la guerra y lo único que se ha mantenido erguido a pesar del siroco es el Barco de Azúcar, este barco yace hoy abandonado en medio de la soledad reclamando volver a su destino.

Con cierta nostalgia los saharauis recuerdan esta ciudad como una profunda cicatriz que se mantiene abierta en el corazón de cada uno.

Mirando al mar se encuentra la pequeña península de Cabo Blanco y en su extremo occidental se ven las paredes de las casas enterradas por la arena y dos guardias de la frontera vigilan de noche y día los restos de lo que fue La Güera. Por sus calles ya no hay transeúntes, ni comerciantes, ni mujeres, ni niños; todo se lo llevó el exilio y el tiempo. Sus peces y pájaros asombrados de tanta soledad abandonaron sus guaridas y con ellos desapareció el puerto de esta pequeña ciudad que servía para la llegada de muchos productos que se intercambiaban en la frontera con Mauritania.

La Güera sufrió el ataque del ejército mauritano en 1975, cuando este país decidió ocupar la parte sur del Sáhara Occidental, la población resistió en sus casas y luchó por cada metro de la ciudad, pero al final todos los habitantes salieron a pie con las pocas pertenecías que pudieron llevarse con ellos y con el apoyo de los guerrilleros saharauis pudieron llegar a la frontera con Argelia y salvar sus vidas.

Treinta y cinco años han pasado y allí se mantienen los restos de una ciudad que sirvió de punto de encuentro en la frontera y sigue reclamando ser reconstruida y habitada por sus pobladores, pero hasta hoy nadie se acuerda que allí tenemos varios kilómetros de mar y un trozo de territorio liberado que nos permite soñar cerca del Océano Atlántico y enseñarle a las nuevas generaciones una pequeña parte de su tierra que tiene agua, peces y barcos abandonados.

Parece que hemos sufrido la amnesia de la historia, permitiendo al tiempo engullir una parte preciosa de nuestra tierra dejando al Barco de Azúcar abandonado a su suerte, mientras el siroco va ganando metros cada año y las paredes de las casas van desapareciendo, en este lapsus de la vida, la paz es un producto pasajero de la imaginación y nosotros estamos condenados a esperar lejos del olor del océano en medio de la nada.




Memoria de ciudad [02]

Ilustracion de Roberto Majan

LA HABANA - Ali Salem Iselmu
La resignación de Brahim
El malecón de La Habana estaba tranquilo, apenas se veía movimiento de personas. Carmen y Brahim, dos estudiantes de Filología e Historia del Arte, charlaban tranquilamente sobre la influencia de Grecia sobre Roma y la relación de estas dos civilizaciones con Egipto. A medida que iban profundizando en el debate cada uno de los dos se aferraba en sus argumentos históricos acerca del legado cultural heredado por el mundo actual y hasta qué punto Oriente influyó en Occidente. Con el pasar de las horas el sonido de la música se escuchaba cada vez más cerca y los dos sentían una enorme necesidad de ir a bailar a la terraza del Hotel Presidente y dejar la charla para otro día.

Dentro del hotel había muchos turistas disfrutando de una noche auténticamente tropical. El grupo de bailarinas se afanaba en animar y el público estaba entregado a la música. Carmen y Brahim estaban profundamente abrazados, sus cuerpos se perdían bajo el ritmo de un bolero de Benny Moré, el calor del desierto y la humedad del Caribe se fundían en un eterno abrazo bajo las gotas de una lluvia intensa, mientras las olas del mar impactaban en todo el litoral. Aquella madrugada era la última de Brahim en Cuba, después de quince años seguidos, quince años en los que llegó siendo un niño y se había convertido en todo un hombre de veinticinco años y licenciado en historia del arte. El hecho de tener que marcharse, dejar a Carmen y a sus amigos era una prueba de fuego para sus sentimientos, él que conocía la palma real, la cotorra, la yuca, el boniato y el batido de zapote y todos los sabores y colores que había vivido intensamente a lo largo de esos años.

Pero también sabía que al otro lado del océano le esperaba su madre, su padre, sus hermanos y todo su pueblo abandonado en unos campamentos de refugiados.




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