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Ikea y los saharauis: la palabra de los políticos

El “donde dije digo digo Diego” lo tiene patentado la clase política española, pero también se practica en otros pagos, como, por ejemplo, en la admirada socialdemocracia sueca. A lo mejor habría que admirarla menos.

Viene al caso por lo ocurrido con IKEA en Marruecos. Veamos los hechos:
1. El 30 de noviembre de 2012, el Pleno del Parlamento sueco, con el apoyo de los socialdemócratas, los verdes y los excomunistas del Partido de los Demócratas Suecos, aprobó una resolución instando a su Gobierno, formado por partidos conservadores, a reconocer la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) como Estado.

2. El Gobierno conservador, que gobernaba en minoría desde 2010, no aceptó la recomendación del Parlamento. Todo el mundo esperaba que, cuando los socialdemócratas llegasen al Gobierno, pondrían en marcha la citada iniciativa.

3. Los socialdemócratas, en efecto, forman gobierno tras las elecciones de septiembre de 2014 con los verdes.

4. Entre tanto, IKEA, multinacional sueca bien conocida, había iniciado en 2013 los trabajos para abrir una tienda en Casablanca.

5. Al confluir los movimientos del Gobierno socialdemócrata sueco por reconocer a la RASD, según el acuerdo de 2012, con la apertura de la tienda de IKEA en Casablanca, el Gobierno del autócrata marroquí aprovechó la oportunidad para bloquear la apertura, tras lo cual se abrió un periodo de negociación entre los dos gobiernos.
6. El Gobierno sueco, aplicando el principio antes citado “donde dije digo digo Diego”, ha dado marcha atrás y ha puesto en práctica la política que en 2012 defendieron los conservadores que estaban en el Gobierno: no reconocer a la RASD.

7. Finalmente, en marzo de 2016 la tienda IKEA de Casablanca ha abierto sus puertas, tras comprobar el autócrata marroquí que había obligado al gobierno socialdemócrata sueco a cambiar su política exterior.

Moralejas varias:
1. ¡Qué poco vale la palabra del político o de la política, en este caso, de Margo Wallström, la Ministra de Asuntos Exteriores que ha cargado con el marrón del mentado principio!

2. ¡Cuánto han logrado degradar la actividad política si su principal instrumento, que es la palabra, se ha depreciado tanto!

3. Del autócrata marroquí poco hay que añadir. Su principio no es “donde dije digo digo Diego”, pues un autócrata no tiene palabra como instrumento político ni la usa ni le interesa, sino otro principio más expeditivo: “Todo vale”.

Y como telón de fondo: ¿qué pinta IKEA, una gran multinacional, en todo esto?

Habrá quien verá en este tercer actor el quid de la cuestión: pensarán de este modo todos aquellos que ven en el capitalismo la fuente de todos nuestros males.

Yo no lo veo así. Los actores principales son los otros dos: los políticos suecos (en este caso, la socialdemocracia), que prometieron y se comprometieron, cuando IKEA no estaba con el proyecto marroquí de Casablanca, a reconocer la RASD como Estado. Defender una tesis cuando se está en la oposición para desgastar al adversario o para ganar prestigio y hacer lo contrario cuando estás en el gobierno: ese acto de degradación de la política no se puede achacar a IKEA. Del segundo actor, el autócrata marroquí, cabe insistir en que es también un agente político y no una gran multinacional.

Si es así, se debe concluir que entre políticos anda el juego y que, en vez de lanzar tanto anatema contra el capitalismo (Ikea y otras multinacioneles), quizá sea más efectivo pedir responsabilidades al que las tiene, que son los políticos. El gran reto del presente es conseguir que las instituciones políticas y sus representantes se emancipen de su miserable condición de sirvientes al servicio del poderoso caballero. La ciudadanía tenemos para ello el instrumento adecuado, el sufragio universal, que nos permite elegir de entre las distintas ofertas electorales a representantes eficientes y honrados.

Por José Solana Dueso
Fuente: eldiario.es


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