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EL SÁHARA DE LOS OLVIDADOS اِل ساارا دي لوس اُلبيدادوس





"Háblale a quien comprenda tus palabras"
"Kalam men yafham leklam"

La venta del Sahara al fiado (II): Camellos y peces

Sidi-Ifni en cesión ya quedaba atrás en la forma citada. Ahora teníamos delante parecidas construcciones en El Aaiún, con su buenísimo aeropuerto, Edchera, con su buenísima autovía, que soportaba el peso en sus desplazamientos de las tanquetas y tanques, circulando por ella con total seguridad toda clase de vehículos. Aquella autovía era peculiar por dos motivos fundamentales y básicos: se construyó sin polémica alguna, como las hay cada vez que se construye un tramo entre comunidades autónomas en la Península.

No tenía pasos de cebra, y los camellos cruzaban por ella en manadas con su pastor saharaui sin que se produjera ningún atropello. Los camellos, en su caminar cansino, a veces se paraban en medio de la calzada obstaculizando la circulación, miraban al conductor con natural parsimonia y luego, cuando querían, se iban al otro lado. Estos bellos animales, en efecto, marcan el ritmo del desierto.

Delante también estaban las construcciones de Villa Cisneros, aunque en menor dimensión, así como en Smara. En esta última, punto geométrico del corazón del Sahara, se encontraba la VII bandera legionaria del ilustre Jefe Militar Teniente Coronel Valenzuela, fallecido en combate en Tizzi-Azza, luchando contra las huestes enemigas en la ardua y sangrienta campaña de Marruecos, combatiendo a los Harkeños en defensa de Ceuta y Melilla, que quisieron tomar por las armas con furia repetidas veces.

El telegrama de Alfonso XIII
La reconocida heroicidad de este jefe sirvió para que, con sentimiento pleno del Rey Alfonso XIII, que dios guarde, emitiese al mando de la Legión un telegrama con el siguiente mensaje:
“A vuestro frente ha muerto uno de mis mejores soldados, guardad siempre fiel su honrosa memoria”.

El acuartelamiento de Smara estaba perfectamente construido por mano de obra legionaria, culminada en  el año 1975, fecha en la que se produjo la inexplicable cesión. Suelo enlosado con buenos mármoles y empedrado con buenas, grandes y pesadas losas; buenas duchas y aseos, biblioteca y sala de televisión, cuya onda hertziana llegaba defectuosa por los naturales efectos de la situación; campo de deportes; comedor con buenos ventiladores capaces de mitigar el sofocante calor que a veces alcanzaba los 60 grados de temperatura…
El cuartel de Smara, en su conjunto, estaba considerado como el mejor de España y uno de los mejores de Europa, así calificado por visitantes entendidos en peritaje que venían de otros países. Todo ello, como se dijo, quedó escrito en las cesiones descritas.

Petróleo
Pero no quedó sólo en eso, sino también en los yacimientos de fosfatos del Bucraa, perforaciones petrolíferas realizadas por norteamericanos y franceses, señalizadas con fuertes placas de hormigón numeradas, en clara señal de que en los pozos había crudo. De lo contrario, no se habrían tomado la molestia de señalizarlos de ese modo.

Pero todo ello no quedó, como habría sido lo justo, para el pueblo saharaui, no, sino para el codicioso y avariento invasor marroquí. Sin que la ignorancia histórica desee penetrar en ese confabulante silencio, queriendo distraernos de la justa atención del propio problema con falsos artificios, se ha perdido también un derecho adquirido en materia pesquera en el banco sahariano, abocándonos con vergüenza a tener que pactar en este terreno con el invasor marroquí. Cuando por haberse hecho una mala cesión de venta, la misma ONU reconoció a España como administradora de tal territorio, con plena anuencia, incluida la de que el invasor acorrale al noble nativo saharaui en campamentos de refugiados, con el visto bueno internacional, para robarle lo que es suyo.

Y en cuanto a lo de la pesca, es de destacar que mientras la legión estuvo situada con sus tercios, allí nunca hubo problema. Incluso en las noches de silencio, desde los puestos de centinela en la ladera del Monte Bulalam, en SIdi-Ifni, se escuchaban apacibles las voces de los pescadores faenando.


Por Jose Hermida (ex legionario y guardia civil retirado en acto de servicio)

Fuente: laduda.net


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