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EL SÁHARA DE LOS OLVIDADOS اِل ساارا دي لوس اُلبيدادوس





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"Kalam men yafham leklam"

La venta del Sahara al fiado (I): Gitano

27 de junio de 1969, 13h, oficialmente las tropas españolas abandonan la plaza africana de Sidi-Ifni, depositándosela al sediento y anexionista marroquí, de forma jamás explicada por la Administración española para la oportuna comprensión histórica.

Los oscuros tratados llevados a efecto nunca explicaron en qué consistieron las cesiones. Los silencios nunca rotos jamás desvelaron qué intercambios secretos pudo haber habido, bajo qué condiciones se ejecutaron las citadas cesiones.

A la visa de ese silencio tan elocuente se funda la sospecha de que alguien o varios con poder en la Administración habrán procedido como si de una vulgar venta se tratara, pues no se puede dudar nunca cuando existen individuos que se amparan en la ventaja de ostentar el poder para especular con lucro. Si venden la propia España por parcelas, ¿cómo no iban a hacerlo con Ifni-Sahara?.

Los acuartelamientos y principales edificaciones, de buen calidad, fueron construidos por mano de obra de la tropa militar allí destinada, con jornal de simple soldado. Tales construcciones quedaron intactas, incluido el aeródromo y el puerto marítimo, de tipo funicular. Y si algún pernicioso ventajista de la Administración ha cobrado por cederlas a Hassán II o no las ha cobrado, debería aclararlo bien aclarado.

Desde luego habrá que pensar, con lógica, que si desde entonces no lo ha verificado en periodo voluntario por su propio interés, habría que pensar que mentiría. Podría decir que no ha cobrado ni una sola peseta a Hassán por todo lo que allí quedó, y sería de dudosa creencia. Podría también decir que sí, que cobró, pero que cobró una nimiedad y lo reintegró al Tesoro Público, lo que también sería de dudosa creencia, pues el Tesoro también guarda silencio.

La cuestión, repetimos, es que todo esto nunca se aclaró, y esta afirmación sí que es una realidad. Y si a la manipuladora Administración del momento le preguntáramos por tal asunto, grave asunto para el devenir del futuro, tal vez nos contestaría con una tercera respuesta: que su silencio obedeció a que nadie está capacitado para dudar de su honradez, o que no está obligada a dar respuestas a quienes están obligados a no preguntar, o que, sencillamente, está prohibido.
Pero nadie puede dudar que en el proceso del acto histórico, aunque secretas, tuvo que haber consignas pactadas transmitidas a los jefes de los acuartelamientos, que las acataron con sapiencia. Aunque acatadores, sí, no se les puede calificar de tontos, sino de callados tal vez por imposición del lucrado manipulador, al objeto de no desvelar semejante trama clandestina.

Sería muy probable que en las reuniones para llevar a cabo las citadas sesiones, unos por un motivo y otros por otro, hayan habido fricciones y diferencias. En otro sitio hemos dejado constancia de cómo se ejecutó el 27 de junio el desalojo del cuartel de XIII Bandera General Mola de la Legión. Siendo gobernador militar de la plaza de Sid-Ifni el general Vega Rodríguez, quien en 1973 ostentaba el cargo de director general de la Guardia Civil, y con motivo de la muerte del almirante Carrero Blanco, ordenó a los miembros de la institución abrir fuego en caso de necesidad ante cualquier atentado.

Aquel día, el jefe de la misma no la formó como el acto requería, Ni el jefe, el señor teniente coronel José María Timón de Lara, ni el subjefe, el comandante José Rojas Sanz, fueron vistos siquiera para despedirse de la tropa. Esta fue embarcada con ignorado destino en unos viejos aviones junker que aterrizaron en el aeropuerto de El Aaiún, y distribuida desde allí entre los tercios III Don Juan de Austria y IV Alejandro Fernesio.

Gitano
La tropa, para no abandonar a lo más querido, embarcó con ella a Gitano, un gran perro, muy listo, muy inteligente, que había nacido en los garajes de los vehículos oficiales Forcas del cuartel de la XIII bandera. Era un perro marrón, de raza pequeña, que respetaba y era respetado por todos. Gitano ejercía a la perfección de legionario, pues siempre hacía de segundo centinela. Era muy disciplinado y conocía a la perfección los toques militares. Todavía hoy es un misterio que, sin tener reloj, supiera la hora exacta del tiempo de paseo. Cuando esta se aproximaba, se cuadraba en el centro de la plaza de armas, escrutados, inmóvil, y cuando el trompeta culminaba el toque reglamentario, iniciaba Gitano la marcha hacia el poblado, que distaba del acuartelamiento un kilómetro y medio más o menos.

Hacía el trayecto según su deseo: a pie o en taxi. Si quería ir en taxi esperaba en el exterior de la puerta principal a que algún legionario, en los días de haberes, lo tomase, y así se subía con él con plena confianza y consentimiento. Gitano conocía perfectamente y sin desvaríos a todos y cada uno de los soldados de la bandera, diferenciándolos a rajatabla del resto de los soldados de otras unidades.

Por eso, cuando descendía del taxi con su fiel amigo acompañante, recorría las calles de Sidi-Ifni para presentarse nuevamente en el cuartel, con total puntualidad, al toque de retreta. Volvía, también, como le apetecía, en coche o a pie, pues parecía comprender bien que no siempre el legionario disponía de dineros para el taxi.

El adiestraimiento de Gitano en sus horas lúdicas por el poblado no era el de un perro cualquiera, no. A él también le apetecían unos vinos y unos pinchitos como a cualquier ser humano. Como Gitano no tenía necesidad de llevar cartera o billetera ni monedero, se internaba en un bar donde había avistado a un legionario, se ponía a su lado, quieto, en espera, inmóvil y circunspecto, en muestra evidente de que quería un vino y una tapa. Siempre era atendido. Pero nunca se conformaba con un solo vino y una sola tapa. Se iba a otro bar y a otro legionario, aunque en su recorrido coincidiese con el primero.

Gitano nunca se emborrachó porque se alimentaba bien, y nunca llegó a estar enfermo. Alguna vez fue visto cruzar por el cuerpo de guardia un poquito cargado y cabizbajo, hacia los dormitorios de cualquiera de las cuatro compañías, donde tenía litera asignada, dado que el cabo del cuartel lo incluía en el listadillo como un pernoctante más.

Como uno más, Gitano también estaba vacunado contra las epidemias africanas típicas, vacunación que realizaba el suboficial del botiquín del batallón. Sus duchas eran frecuentes, pues se metía el solo o en unión de la compañía a la que por turno le correspondiese. Era muy diestro circulando en la parte trasera exterior de los camiones Forca, en la punta del capó. Ya podía su conductor tomar cualquier curva a la máxima velocidad, que gitano bailaba de un lado para otro como un garbanzo en la boca de un viejo, pero no se iba al suelo.

Gitanito, también con su historia, aguantó hasta aquel 27 de junio de 1969 en Sidi-Ifni, siendo destinado posteriormente a El Aaiún, volando por primera vez, callado, sin que nadie le dijera por qué. No sabemos qué habrá sido de él, ni si alguien lo habrá inscrito en alguna página de sucesos…

Por José Hermida (ex legionario y guardia civil retirado)

Fuente: laduda.net


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