Por Juan Miguel Baquero / lamarea.com
Una fosa común en mitad del desierto. Un puñado de huesos apenas tapados por arena. La historia universal de las víctimas de desaparición forzada, así resumida. Y “la herida permanentemente abierta con la que viven” sus familias. Es la memoria histórica del Sáhara. Un relato que salpica a la España nacida en los estertores del franquismo. Ocho pastores beduinos, dos de ellos niños. Huesos con nombres como Salma, Sidahmed, Mohamed… y Bachir y Sidi, menores de edad. Los primeros desaparecidos del desierto localizados, en 2013. El hallazgo de un equipo científico de la Universidad del País Vasco (UPV) arrojaba un resultado contundente: balas del Ejército marroquí junto a esqueletos con evidencias de muerte violenta. El análisis genético puso rostro a “ciudadanos saharauis y españoles”.
Aquellas fosas en Fadret Leguiaa, próxima a la ciudad liberada de Amgala, certifican la historia silenciada. La cifra total acumula varios cientos de víctimas que asociaciones de derechos humanos elevan a varios miles, fruto de los bombardeos marroquíes. Crímenes impunes, cometidos la mayor parte entre 1975 y 1977 tras el abandono de España del Sáhara Occidental y la anexión por Marruecos con la Marcha Verde. Para Naciones Unidas, aquel desierto es territorio español pendiente de descolonización. Todavía.
“Mi padre fue secuestrado. No he vuelto a saber de él”
“Mi padre fue secuestrado en las cercanías de Amgala el 12 de febrero de 1976. No hemos vuelto a saber de él hasta el día en que fue exhumado junto con otras víctimas. Este proceso nos ayudó a conocer, por fin, donde estaban nuestros familiares”, cuenta Mohamed-Fadel Abdalahe. “Todas las matanzas ocurren cuando aún España estaba allí”, denuncia Abdeslam Omar Lehsen, presidente de la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis (AFAPREDESA).












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