No obstante las décadas transcurridas, no deja de estremecernos el horror y la barbarie generadas por la doctrina nacionalsocialista durante la Segunda Guerra Mundial. En particular, cuando releemos los dramáticos testimonios de las y los sobrevivientes. O cuando miramos impotentes algunas de las imágenes de archivo y estudios fílmicos de aquella época siniestra.
Y, quizás, uno de los documentales que necesariamente hay que mirar una y otra vez, para preservar la memoria colectiva, es Noche y Niebla (Nuit et Brouillard), una realización de Alain Resnais (1955) que, según Rebeca Romero Escrivá, rompió el silencio cinematográfico que la guerra fría había signado en el mundo occidental sobre el recuerdo del horror nazi.
Aunque, otra de las virtudes del magistral documental de Resnais es la de remitirnos al espeluznante bando alemán emanado del mariscal Wilhelm Keitel, conocido como Decreto Noche y Niebla (Nacht und Nebel-Erlass), mediante el cual se reprimió y eliminó a los opositores políticos en los territorios ocupados, a los miembros de la Resistencia, en especial a la yugoslava, la polaca y la francesa, y a los prisioneros de guerra de los aliados.
El jurista argentino Rodolfo Mattarolo, experto en Derechos Humanos, quien ha sido consultado en diversas ocasiones por las Naciones Unidas, nos relata que en el verano boreal de 1941, Adolf Hitler conmutó la pena de muerte por la de prisión a una mujer llamada Louise Woirgny, integrante de la resistencia francesa, ordenando que sea trasladada inmediatamente a Alemania y aislada del mundo exterior. Hitler habría pensado que la desaparición de esa mujer sería más sobrecogedora que su ejecución y tendría la ventaja de no convertirla en mártir.
Wilhelm Keitel fue el ejecutor de esa decisión que, lustros más tarde, inspiraría a las dictaduras militares del Cono Sur y a otros regímenes autoritarios en el continente americano. Este fue considerado el “crimen perfecto”. Aplicación secreta de la pena, sin dejar pruebas o testimonios sobre las circunstancias y los términos de la misma. Noche y Niebla, posteriormente, fue declarada como un crimen de guerra en los Juicios de Núremberg.
Sin embargo, esta doctrina no sólo devastó América Latina, durante las décadas de los 70 y los 80, pues se implementó en alrededor de diez países de la región, a través del Plan Cóndor, sino también lo hizo en Vietnam del Norte y Sur, entre 1965 y 1972, mediante la Operación Phoenix. Y, a pesar de los esfuerzos de la comunidad internacional para erradicar este crimen de lesa humanidad, esta práctica perversa se despierta como “el viejo monstruo que yace entre los escombros”, a decir de la crítica cinematográfica Romero Escrivá.
Y, por cierto, extendió sus alas aterradoras sobre el Sáhara Occidental aún antes de la Marcha Verde y la posterior invasión militar marroquí que ha cobrado miles de víctimas hasta la fecha, entre ellas centenas de detenidos-desaparecidos saharauis.