Por Bahia M.H Awah / Fuente: Y...¿donde queda el Sáhara?
Texto de Mohamidi Mohamed Fakal-la, escritor y periodista saharaui desde los Campamentos de Refugiados Saharauis, Tinduf, Argelia. Foto extraida del articulo "El último testigo La Güera", escrito por Jesús Flores Thies. Imagen en la que pone de nota: "Caravana de camellos pasando frente al fuerte. Esta caravana iba protegida por una (mía) de la policía indígena al mando del teniente La Gándara".
El crepúsculo vespertino desplazaba los últimos vestigios de bruma que enturbiaban la faena de las embarcaciones de los predicadores a primeras horas de la mañana. Varados, en espera, durante la noche, frente al viejo muelle construido sobre el dique de rocas de donde nace el nombre de La Güera. De este modo, todo el mundo esperaba los comienzos de la jornada diurna en la que se veían enfrascados los habitantes, netamente los hombres y mujeres de la mar.
El sol se asomaba, el cielo se levantaba y la tierra se dejaba descubrir en un encuentro eminentemente de tal manera que sus comienzos se veían claramente en la punta de Cabo Blanco. A la altura del acantilado fronterizo, se vislumbraba el mojón número uno, bendecido por una orden colonial y una Cruz que contemplaba el mar y los intermitentes destellos nocturnos del faro principal de las dos ciudades divididas, y unidas por las mismas aguas: La Güera y Nuadibou, respectivamente.
En ese punto de encuentro, uno se quedaba ilusionado y a la vez apasionado por el embrujo que poseían estas tierras que miraban hacia el sur, apaciguadas por tibias aguas saharianas. Por cierto, en esos momentos, los pescadores lanzaban sus cañas con acierto y prontitud a fin de volver con buen pescado, antes del cierre de la panadería de Joaquín Bravo y del economato de víveres que proveían mensualmente los buques: La Gomera, León y Castilla, con sus altas chimeneas y bramidos, todavía en alta mar, levantaban en un grito de júbilo a la población, después de tanta espera.























